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El Porfiriato:
la experiencia positivista (1876-1910)

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El Porfiriato: la experiencia positivista (1876-1910)

Durante los 34 años que duró el Porfiriato el arte, así como el régimen y el dictador, se desgastaba al no existir un relevo generacional de la planta docente de la Academia, se perpetuaban los estilos añejos y una enseñanza estática, que continuaba con los preceptos de Pina y Rebull, lo cual retrasó en nuestro país una práctica del arte de vanguardia. No obstante, el modernismo ya pujaba, de tal suerte que el gusto estético se adelantó a la rebelión política y, desde San Carlos, una nueva y revolucionaria idea de arte surgió en las manos de pintores como el simbolista y enigmático Julio Ruelas y el escultor romántico Jesús Contreras, sin olvidar al gran maestro Saturnino Herrán, quien pintó por primera vez a trabajadores, urbanos y rurales, sin estereotipos como se hacía en el siglo xix. Los tres representan una generación perdida pues fallecieron a muy temprana edad, 36, 37 y 31 años, respectivamente.

Afincado en el poder, Porfirio Díaz realizó las disposiciones necesarias para que fuera nombrado un nuevo director en la Escuela Nacional de Bellas Artes; éste fue Hipólito Ramírez, y si bien estuvo muy poco tiempo al frente de la institución le tocó el decreto del 31 de enero de 1877 que consistió en algunas disposiciones reglamentarias sobre los estudios en dicha Escuela. Pero así como Díaz se perpetuó en el poder, el siguiente director de la Academia, Román Lascurain, estuvo al frente de ésta durante 26 años en aparente tranquilidad. El tercer y último director del periodo fue el famoso arquitecto Antonio Rivas Mercado, de 1903 a 1912. Se había formado en París y carecía de buen trato además de que consideraba superior a la arquitectura y, en ese sentido, en los hechos demostraba abiertamente su favoritismo. Sin embargo, se le reconocen importantes mejoras tales como la adquisición de una rica colección de vaciados de la serie de mausoleos de los Médici, obra de Miguel Ángel. Desde la colección traída por Tolsá no se habían enriquecido las galerías de tal forma, ¡ya no cabían!, y Rivas Mercado solucionó el problema habilitando el patio principal del edificio con una estructura metálica cubierta para aprovechar y exponer dichas piezas. En ese periodo la escuela se europeizó y se llenó de artistas del otro lado del Atlántico, entre ellos Adamo Boari, Silvio Contri, Henri Naudé, Federico Homdedeu, Enrique Alciati, Efisio Caboni y Antonio Fabrés. Qué ironía que la cultura francesa se fue convirtiendo en el modelo a seguir en el largo periodo presidencial de Díaz.

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Durante los 34 años que duró el Porfiriato el arte, así como el régimen y el dictador, se desgastaba al no existir un relevo generacional de la planta docente de la Academia, se perpetuaban los estilos añejos y una enseñanza estática, que continuaba con los preceptos de Pina y Rebull, lo cual retrasó en nuestro país una práctica del arte de vanguardia. No obstante, el modernismo ya pujaba, de tal suerte que el gusto estético se adelantó a la rebelión política y, desde San Carlos, una nueva y revolucionaria idea de arte surgió en las manos de pintores como el simbolista y enigmático Julio Ruelas y el escultor romántico Jesús Contreras, sin olvidar al gran maestro Saturnino Herrán, quien pintó por primera vez a trabajadores, urbanos y rurales, sin estereotipos como se hacía en el siglo xix. Los tres representan una generación perdida pues fallecieron a muy temprana edad, 36, 37 y 31 años, respectivamente.

Afincado en el poder, Porfirio Díaz realizó las disposiciones necesarias para que fuera nombrado un nuevo director en la Escuela Nacional de Bellas Artes; éste fue Hipólito Ramírez, y si bien estuvo muy poco tiempo al frente de la institución le tocó el decreto del 31 de enero de 1877 que consistió en algunas disposiciones reglamentarias sobre los estudios en dicha Escuela. Pero así como Díaz se perpetuó en el poder, el siguiente director de la Academia, Román Lascurain, estuvo al frente de ésta durante 26 años en aparente tranquilidad. El tercer y último director del periodo fue el famoso arquitecto Antonio Rivas Mercado, de 1903 a 1912. Se había formado en París y carecía de buen trato además de que consideraba superior a la arquitectura y, en ese sentido, en los hechos demostraba abiertamente su favoritismo. Sin embargo, se le reconocen importantes mejoras tales como la adquisición de una rica colección de vaciados de la serie de mausoleos de los Médici, obra de Miguel Ángel. Desde la colección traída por Tolsá no se habían enriquecido las galerías de tal forma, ¡ya no cabían!, y Rivas Mercado solucionó el problema habilitando el patio principal del edificio con una estructura metálica cubierta para aprovechar y exponer dichas piezas. En ese periodo la escuela se europeizó y se llenó de artistas del otro lado del Atlántico, entre ellos Adamo Boari, Silvio Contri, Henri Naudé, Federico Homdedeu, Enrique Alciati, Efisio Caboni y Antonio Fabrés. Qué ironía que la cultura francesa se fue convirtiendo en el modelo a seguir en el largo periodo presidencial de Díaz.

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