Cédula
 
Título
Poema de Manuel José Othón (atribuido)
Agente creador
Othón, José Manuel (autor)
Forma parte de
Colección Manuel José Othón
Nivel de descripción
Ítem
Tipo de recurso
poema
Nota de tiempo
ca. 1892 (creación)
Descripción
Poema original de Manuel José Othón que a la letra dice: A la muerte de Manuel Gutiérrez Nájera Elegía. ¿A qué hablar de consuelos, cuando ahora se inclinan nuestras almas bajo el peso de una desolación abrumadora; Si de nuestro dolor en el exceso es inútil saber que gloria augusta ¿Cómo en un manto te envolvió en un beso?... En vano es que acusemos a la injusta muerte que te arrebata: ¡todo en vano! El misterio es tan hórrido, que asusta. Y si son impotentes, Dios arcano, de su hogar los sollozos, ¿Qué podría nuestro dolor, que es ¡ay! ¿Tan solo humano? ¡Oh pálido poeta!, tu agonía no fue un triste crepúsculo que muere: fue un eclipse del sol a medio día. ¡Que mucho que nuestra alma desespere, si contempla a la inmensa muchedumbre sentir el mismo golpe que nos hiere!... Suban los cantos a la excelsa cumbre: que no haya un solo verso que no vibre ni un solo pensamiento que no alumbre. Abra el dolor sus alas; cruce libre entonando su estrofa sollozante. Y el peso de nuestro ánimo equilibré. Señor, si tú permites que escondida esté la senda que hacia ti me llama, que no encuentre descanso ni halle cama donde repose mi ánima afligida. Dame tu luz, señor; la bendecida luz, que alumbrando al que en tu ser se inflama, lleva en el corazón esa amalgama de todas las pasiones de la vida. Dame esperanza y fe, dame consuelo. La elegía tristísima levante su lastimera voz, y, unido a ella, que nuestro corazón solloce y cante. Natura, siempre casta y siempre bella, con fúnebre crespón cubriendo el seno, salmodie majestuosa su querella. Y de santo respeto el mundo lleno inclínese doliente, conmovido por todo lo que es grande y lo que es bueno. ¡Oh, paladín del ideal, rendido en la tremenda lid! Sobre tu losa no correrán las aguas del olvido; que en tanto que tu espíritu reposa, en su túnica envuelve tus despojos de América, la musa victoriosa. Una mañana fue tu vida; abrojos, tal vez holló tu planta dolorida y el llanto ardiente calcino tus ojos; Que, en medio del camino de la vida, al internarte por la selva obscura, no encontraste sendero ni salida… Ni estaba allí Beatriz, tetra figura, lívida y funeral, te señalaba la boca de la hambrienta sepultura. Y allí vas a caer. Tal vez ansiaba el reposo tu cuerpo fatigado en esta brega enardecida y brava, pues al dormir, en tu sepulcro helado, si no divinas ilusiones creas ni contarnos podrás lo que has sonado. Al rayo del amor te sonroseas calentándote en él, donde aún se inundan cuál mariposas de oro, tus ideas. No podemos creer que se confundan con la materia, tu cerebro ardiente, tu inmenso corazón, y allí se fundan. Pues ¿Cómo figuramos alta tu frente en polvo convertida y en escoria, si era el nido de un sol resplandeciente? ¿Cómo, bajo tu lápida mortuoria, oh, noble adorador de la belleza y enamorado eterno de la gloria, hemos de ver podrida la corteza de tu espíritu enorme y fulgurante, si todo eras donaire y gentileza?... Sí, hasta es dable pensar que en el instante que de la tierra sientas el abrazo tu labio mudo se estremezca… ¡Y cante! Y que no es tu sepulcro el erizo donde la destrucción impera y vive, sino florido tálamo y rezago… Mientras que tu alma cándida la corona inmortal con que soñará y a vida más espléndida revive, nosotros, aun perdidos en la ignara multitud, tributamos, a tu nombre culto de amor del arte sobre el ara. Si el artista es un dios, no fuiste un vivas están tus obras inmortales. Vivo en ellas y eterno tu renombre. Tus oraciones son puras e ideales, que tu musa jamás holló la tierra ni maculo sus alas virginales, y por huir de la mundana guerra cerniéndose en el azul, y alzando su vuelo a la región donde la paz se encierra. Tú, ya rasgado en el misterioso velo que nos encubre la belleza sema, te bañas en los piélagos del cielo; La contemplas sin sombra y sin bruma, y emergido en el divino arcano sin que jamás su llama te consuma, sintiendo estas, el goce sobrehumano del infinito bien, que hasta él llegaste con fe de artista y corazón cristiano; Y que tu sed de verdad al fin saciaste en las fuentes de clara transparencia que acá como un miraje contemplaste. Tu espíritu, que es pura inteligencia, abarcando estará lo incognoscible ya transfundido en la divina esencia; Pero ¡ay! Tan dolorosa y tan temible se hace para nosotros tu partida, que la resignación es imposible".
Lugar
San Luis Potosí (México), creación
Medidas
5 páginas
Materialidad
lápiz sobre papel
Lengua
español
Palabras clave
Othón, José Manuel; Gutiérrez Nájera, Manuel; poema; manuscrito
Tipo de media
texto
Formato de la representación digital
PDF
Colaborador
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Custodio
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Licencia de uso
Nota de contexto
Manuel José Othón (1858-1906) fue poeta, dramaturgo y político mexicano que perteneció al movimiento literario del romanticismo y modernismo. El Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí recuperó este manuscrito gracias a la donación de particulares y la comparte con Memórica. México, haz memoria, una colección fotográfica del autor.
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