Cédula
Título
Poema de Manuel José Othón (atribuido)
Agente creador
Othón, José Manuel (autor)
Forma parte de
Colección Manuel José Othón
Nivel de descripción
Ítem
Tipo de recurso
poema
Nota de tiempo
1876/03/04 (creación)
Descripción
Poemas originales de Manuel José Othón que a la letra dicen: "Páginas de su álbum. A Carmen. I. Su nombre. Cuando al nacer la sonrosada aurora A la campiña y a los montes dora. Rompiendo de las sombras el capuz, miro en su luz con caracteres de oro el nombre de la niña a quien adoro, ¡Nombre que llena el corazón de luz! Febrero de 1876. II. A su retrato. ¡La quiero ver!… el corazón herido ya en mi pecho comenzase a agitar: ¡Verla un momento solo en mi delirio, dejadme por piedad! ¡La quiero ver!... el alma enamorada ya siente de su amor la inmensidad... ¡Dejádmela mirar, dejadme amarla, un momento nomas! Marzo 4 de 1876. III. Melodía. Canto la niña: su dulce acento lo oí en el fondo del corazón; y al escuchar sentí algo grande como la queja, como el dolor. Y cuando a poco dejo de oírse de su garganta la dulce voz, sentí en el alma como un suspiro y el pecho muerto se estremeció… IV. Tus ojos. Tus ojos son los luceros que melancólicos brillan en la noche de mi alma, y en el cielo de mi vida. Cuando fijas en mis ojos los cielos de tus pupilas parece como que mi alma convulsa, tiembla y se agita. Si tus ojos son el faro que al puerto del amor guían ¿Por qué para mí cerrados los has de ter ¡Oh! ¿Niña?... Déjame ver en su fondo La fúlgida luz que brilla… ¡Déjame mirar en ellos la esencia pura del día! Mírame siempre; y que mi alma encuentre en su luz divina, ¡El rayo de la esperanza que a los cielos encamina!... V. Ausente. Si oyes cantar al ave en tu ventana al asomar el sol, es una queja que en su dulce canto te manda el corazón. Más si acaso la nota de un gemido a tu oído llego es mi alma que se aleja… que se aleja ¡Llorando de dolor! VI. Deseos. Quisiera de la alondra el sonoroso y angustiado canto para arrullar con celestial beleño tu sueño dulce y santo… Quisiera de las fuentes el celestial y mágico sonido; De los sauces que lánguidos se inclinan el tierno y melancólico gemido, por ver si estos acentos te convencen más que mi acento triste y dolorido… VII. Reproche. Sabes qué hay en la luz de las estrellas, lo que hay en el perfume de la flor, pues tú robaste un fulgor a ellas, y a la rosa su aroma embriagador. Pero tú, que has robado mi alegría, que has robado mi dicha y mi ilusión, ¡Ay de mí! Tú no sales, alma mía, ¡Que hay en mi corazón!... abril. VIII. (En su álbum) Niña de los negros ojos y los labios de coral; Flor sin espinas ni abrojos que entre los jacintos rojos das tu aroma celestial. Permite que mis cantares vengan en tu templo a dejar; Que olvidando mis pesares bien puedo hoy en tus altares mis tristes notas alzar... IX. Siento las oraciones que levantan las flores y los pájaros a Dios; y en mis pupilas siento reflejarse toda la luz del sol. Siento la inmensidad en mi cerebro, abarca lo infinito, el corazón… ¡Todo lo siento, porque siento en mi alma el fuego de tu amor! abril 16. X. ¡Ella…! Contemplaba una noche de la luna el vacilante y pálido fulgor, y algo miré pasar, porque en mi pecho apresurado el corazón latió. ¡Temblaba en mis pupilas una lágrima que quemó mis mejillas al caer, y una vez que flotaba en el espacio, arrodíllate; - dijo: - que ella es!” ... abril 16. XI. Ya amaneció y anocheció de nuevo, ¡la vi pasar! ... Los pálidos fulgores del moribundo sol al reflejarse en sus oscuros ojos se llenaron de luz y de color. Mi muerto corazón volvió a la vida, mi alma se estremeció, ¡porque sintió bajar hasta un fondo la mirada de Dios! Id. XII. Imposible. Yo comprendo y sé bien que nunca mi alma podrá vivir unida con la tuya; Que nunca calmaras con tus caricias, mi duelo y mi amargura… Yo comprendo y sé bien que hay un abismo que impide a nuestras almas estar juntas; un abismo más grande que el espacio, ¡más negro que la tumba!... Id. XIII. Queja. ¿Por qué quisiste que comprendiera todo lo grande que encierras tú…? ¿Por qué en tinieblas me abandonas ahora, después que a mi vida le diste luz…? ¿Por qué a mi vida la haces tan negra, después de haberle dado un fulgor…? Y me condenas cuando ya mi alma; Cerca, ¡muy cerca miraba a Dios… ¡Más te perdono!... tú no pensaste, tú no pudiste ni comprender, que es espantoso tocar el cielo, ¡y en un abismo rodar después…! abril 16. XIV. ¡No, corazón! Ahoga el grito, calla tu voz lastimera, y sufre, sufre en tu duelo sin exhalar una queja… ¡No, corazón!... ¡Es mentira! Pues la que así te atormenta no es la niña de tu cielo… ¡No, mi corazón! ... ¡No es ella! abril 17. XV. ¿Te acuerdas?... se apagaba en Occidente el último fulgor del sol poniente: Sus tinieblas la noche desplegó… Yo me acerqué hacia ti; y en el momento, ¡Cuánta luz no baño mi pensamiento…! ¡Cada uno de tus ojos era un sol! ¡Te quise hablar! El corazón herido quiso que oyeras, ¡ay! En su latido, las quejas más amargas del dolor… yo me acerqué convulso, palpitante… Y- “¡Calla!”- me dijiste: y al instante, sus latidos ahogo mi corazón… abril 17. XVI. Si alguna vez tus ojos se fijaran en estas tristes páginas ¡Recuerda, dulce bien, que son pedazos del libro de mi alma…! Y si al leerlas tus ojos se empanasen, si viertes una lágrima, recuerda que, por ti, mis tristes ojos muchas, muchas derraman. abril 17".
Lugar
San Luis Potosí (México), creación
Medidas
4 páginas
Materialidad
tinta sobre papel
Lengua
español
Palabras clave
Othón, José Manuel; poema; poema manuscrito
Tipo de media
texto
Formato de la representación digital
PDF
Colaborador
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Custodio
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Procedencia
Licencia de uso
Nota de contexto
Manuel José Othón (1858-1906) fue poeta, dramaturgo y político mexicano que perteneció al movimiento literario del romanticismo y modernismo. El Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí recuperó este manuscrito gracias a la donación de particulares y la comparte con Memórica. México, haz memoria, una colección fotográfica del autor.