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Diez momentos fundamentales en la vida de Francisco Villa

General Francisco Villa, jefe de la División del Norte, retrato. Mediateca, inah.

La vida de Francisco Villa se ha abordado desde múltiples perspectivas a partir del instante en que pasó de ser un forajido oculto en la sierra a un revolucionario adepto a la causa de Francisco I. Madero. A partir de entonces, la historia se ha mezclado con la leyenda y se han creado infinidad de escenarios alrededor de su trayectoria militar. Se le ha llamado bandido, pero también héroe; ha sido exaltado por sus seguidores y vituperado por sus detractores; y de entre todas estas visiones, poco a poco ha surgido un hombre de carne y hueso, con aciertos, comportamientos cuestionables, dudas y vulnerabilidades. En esta parte de la exposición invitamos a los usuarios a conocer 10 momentos fundamentales en la vida del Centauro del Norte que nos acercan un poco a la figura de este rebelde y del momento que vivió durante las primeras décadas del siglo xx.

Libro de nacimientos de San Juan del Río, Durango.

El personaje que hoy conocemos como Francisco Villa nació con el nombre de Doroteo Arango Arámbula en La Coyotada, perteneciente al rancho Río Grande, cerca de San Juan del Río, Durango, el 5 de junio de 1878, según se asienta en su acta de nacimiento y fe de bautismo. Aunque los primeros años del futuro líder revolucionario están rodeados de dudas y no hay una versión única sobre ellos, existen algunas pistas sobre estos primeros momentos de su vida e infancia. Al ser una familia pobre, los niños Arango no asistieron a la escuela, pues tuvieron que trabajar para ayudar a sus padres con las tareas domésticas y con las labores del campo. Al ser el mayor de los hijos, Doroteo asumió mayores responsabilidades, las cuales se incrementaron al morir su padre, don Agustín. Entonces, el primogénito se convirtió en la cabeza de su casa y buscó trabajos complementarios como albañil y leñador para ayudar a su madre, Micaela, con el sustento del resto de sus integrantes. Fue en esta transición cuando los Arango se convirtieron en medieros, personas que trabajaban la tierra pero que debían entregar la mitad de lo que cosecharan al dueño de ésta; la otra mitad era para ellos.

Hombres acampan en un paraje boscoso en Chihuahua. Mediateca, inah.

Este momento es significativo en su trayectoria, pues se considera que fue cuando surgió el personaje que ahora conocemos como Villa, dejando atrás su vida como Doroteo, el campesino. En aquel tiempo, la vida del mediero giraba en torno a la hacienda, pero también estaba sujeta a los dictados del hacendado que, a manera de los grandes señores feudales de la antigüedad, demandaba sumisión y obediencia a sus trabajadores. De acuerdo con las costumbres de entonces, Doroteo y Antonio se dedicaban a cortar trigo, y Martina, su hermana, se encargaba de llevarles su comida al campo. Pero según se cuenta, el dueño de la hacienda en donde laboraban se fijó en ella y un día se presentó en su casa con la intención de secuestrarla. Doroteo se enfrentó al hombre y lo hirió en una pierna, pero tuvo que huir pues las consecuencias de estos actos podrían significar su muerte. Así, antes de cumplir los 17 años, el joven se internó en la sierra compartida por Durango y Chihuahua, único lugar que parecía proveerle protección. Fue cuando cambió su nombre y se unió a una partida de bandoleros integrada por Ignacio Parra y Refugio Alvarado. En las montañas y serranías, sus vidas estaban en constante peligro por lo que tenían que conducirse con todo tipo de precauciones y mantenerse escondidos en lugares de difícil acceso.

Francisco Villa maderista a caballo. Mediateca, inah.

Villa repartía el dinero de sus correrías entre familiares, amigos y los pobres de la región. Se ganó así la fama de “bandido bueno” y de rebelde ante las leyes injustas de quienes ostentaban el poder en aquel territorio. Además, se volvió un gran conocedor de la geografía del lugar. Combinó este tipo de vida con periodos de paz, en los que trabajó como albañil, carnicero y comerciante. Fue entonces que se volvió militante de la revolución maderista que comenzó a fraguarse desde 1909, cuando Francisco I. Madero inició su campaña política contra Porfirio Díaz. Villa empezó a reunir hombres y los armó con rifles y parque, y el 21 de noviembre de 1910 bajó de la sierra con 375 individuos para apoderarse de los poblados de San Andrés, Santa Isabel y Ciénega de Ortiz y establecer una base de operaciones. Casi todos sus soldados eran vecinos de los poblados y conocidos, pero también se dio a la tarea de reclutar nuevos guerrilleros. Inició una serie de enfrentamientos contra regimientos del Ejército federal y entró en comunicación con Pascual Orozco, el jefe de la revolución en Chihuahua. Así comenzó la vida de este personaje como revolucionario y pronto se convertiría en uno de sus líderes más destacados.

Los generales Villa y Orozco al frente de sus tropas se dirigen a Ciudad Juárez. Mediateca, inah.

Uno de los momentos más relevantes en la trayectoria de Francisco Villa fue el sitio y toma de Ciudad Juárez para la causa maderista en 1911. El estado de Chihuahua fue el escenario donde prácticamente se daría fin al régimen porfirista tras casi 30 años de gobierno. El 19 de abril de ese año, más de dos mil revolucionarios sitiaron esa ciudad, que se encontraba defendida por 900 soldados federales. Aunque Madero prefería esperar y no combatir de manera directa, Pascual Orozco y Francisco Villa, impacientes por la espera, decidieron planear una provocación que iniciara la batalla. Cuando ésta por fin comenzó, Madero trató de suspenderla, sin embargo, luego de tres días de enfrentamiento, los federales encabezados por el general Juan Navarro se rindieron el 10 de mayo. Aunque la toma de Ciudad Juárez fue un éxito rotundo, la relación entre Villa y Madero se tensó, pero ambos lograron sortear las dificultades y concluir este episodio de manera cordial, con la certeza de que con la llegada de Madero a la presidencia comenzaría una época de cambio en beneficio de los campesinos y la gente humilde del país.

Fuerzas de la División del Norte salen de Chihuahua rumbo a Casas Grandes. Mediateca, inah.

La División del Norte se creó el 29 de septiembre de 1913 en la hacienda de La Loma, en Durango, con Francisco Villa como general en jefe. Los especialistas en el tema consideran que este evento también propició el surgimiento del villismo como un movimiento con objetivos y un programa revolucionario propio. Al calor de las primeras batallas en la región, y gracias al ejercicio del poder en los territorios conquistados, tuvieron la oportunidad de discutir sobre los problemas que existían en su zona en torno a lo que esperaban de la Revolución, definiendo así los ejes de su ideario. Este ejército tuvo presencia por 26 meses, pues se disolvería a finales de 1915 después de una serie de trágicas batallas perdidas. Estaría conformada por brigadas, generalmente de Caballería, aunque a veces eran mixtas, más un Estado Mayor. Cada una de ellas tendría su jefe y llevarían nombres de distintos personajes históricos, como la Benito Juárez, comandada por el general Maclovio Herrera, o la Morelos, de Tomás Urbina. Éstas contarían entre sus filas a grupos de entre 400 y 2,500 hombres. De esta manera, la figura de Villa se alzó como la del líder de uno de los ejércitos populares más poderosos que han existido en América Latina.

Francisco Villa y militares después de la toma de Zacatecas. Mediateca, inah.

La toma de la ciudad de Zacatecas el 23 de junio de 1914 es considerada una de las acciones militares más destacadas durante la primera etapa del periodo armado revolucionario. Sin embargo, este éxito estuvo rodeado de dificultades. En este momento las tropas de Villa estaban del lado del constitucionalismo, cuyo líder, Venustiano Carranza, ordenó a los jefes Pánfilo Natera y Domingo Arrieta tomar Zacatecas, por lo que la atacaron con sus fuerzas del 9 al 15 de junio dando como resultado un rotundo fracaso por el reducido número de hombres que intentaban hacerlo. Carranza y Villa intercambiaron telegramas un tanto hostiles que terminaron con la renuncia de este último al mando de las tropas. El Barón de Cuatro Ciénegas la aceptó y pidió a los jefes de las brigadas nombrar a un nuevo general en jefe de la División del Norte, no obstante, éstos desconocieron la autoridad del Primer Jefe y, contra sus órdenes, marcharon de inmediato a Zacatecas a auxiliar a sus compañeros. Ésta fue la última plaza que el gobierno del golpista Victoriano Huerta trató de sostener para su causa empleando para ello sus mejores tropas, si bien los constitucionalistas aniquilaron a los hombres del Ejército federal en la región y obligaron al usurpador a renunciar a la presidencia. Tiempo después los rumbos de Villa y de Carranza se separarían.

Fuerzas villistas con artillería, antes de combate en el Bajío. Mediateca, inah.

Los líderes rebeldes, ahora divididos en facciones, que luchaban cada uno por llevar a cabo sus programas revolucionarios, se enfrentaron en una de las batallas más sangrientas y difíciles de la historia mexicana. El escenario fueron las llanuras del Bajío guanajuatense, en donde entre el 6 y el 15 de abril de 1915 se ejecutaron las famosas Batallas de Celaya. Villa tuvo que enfrentarse ahora con el constitucionalismo, cuyas fuerzas estaban dirigidas por el general Álvaro Obregón, quien, aprovechando ciertas debilidades de la estrategia del Centauro, se alzó con la victoria obligándolo a replegarse hacia León comenzando así el ocaso de la División del Norte. Las deserciones iniciaron, los fondos económicos empezaron a menguar. Los villistas huyeron en sus trenes y en una acción desesperada se dirigieron hacia Chihuahua, su territorio. Pero poco después las fuerzas carrancistas también ocuparían ese estado. Dominado el villismo, los vencedores publicaron una amplia amnistía que excluía a Pancho Villa, a su hermano Hipólito y a algunos funcionarios civiles de alto rango. En las Batallas de Celaya desafiaron poderosos ejércitos comandados por “jefes capaces, populares y carismáticos”, pero terminó con la destrucción de uno de los bandos en pugna, por lo que es un episodio complejo lleno de matices y visiones diversas.

Cartel en inglés ofrece recompensa por la captura de Francisco Villa. Mediateca, inah.

Otro suceso esencial para entender la trayectoria de Villa fue el ataque a Columbus, Nuevo México. El general consideró a los Estados Unidos como enemigo por colaborar con Carranza en su derrota y porque a decir del Centauro, éste firmó un pacto político con Woodrow Wilson, entonces presidente de aquel país, que violentaba la soberanía de la nación. Así, Columbus, fue testigo de la única vez en la que un ejército latinoamericano atacó territorio estadunidense. El 9 de marzo de 1916, una fuerza mexicana de 500 hombres perturbó la tranquilidad de ese solitario y desconocido poblado. Al grito de “¡Viva Villa!” y “¡Viva México!”, el caudillo, al frente de los invasores, libró una batalla de aproximadamente seis horas, que casi destruyó la localidad. Pero el gobierno norteamericano no se quedó de brazos cruzados. Como respuesta, el vecino país del norte envió hacia México una Expedición Punitiva formada por 4,800 soldados que más tarde aumentaría su número hasta 10 mil con la intención de invadir Chihuahua, arrestar a Villa, vivo o muerto, y destruir sus tropas. Sin embargo, la maniobra fue un desastre militar y político para los Estados Unidos: no pudieron capturarlo, sus fuerzas no fueron destruidas y la sociedad mexicana respondió de manera hostil al ataque. Los estadunidenses abandonaron el país 11 meses después de haber iniciado su intervención.

Pacto de Sabinas y cartas a Francisco Villa.

Tras la muerte de Carranza el 21 de mayo de 1920, Francisco Villa ofreció retirarse a la vida privada en Chihuahua o Parral. A cambio, pidió que se reconocieran los grados a sus hombres. Los sonorenses Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, intentaban conciliar e integrar a su política de gobierno las demandas sociales de las diferentes facciones revolucionarias. Pero ante la desconfianza de Obregón, Villa decidió forzar las negociaciones y cruzó el Bolsón de Mapimí para ocupar Sabinas, poblado ubicado en la cuenca carbonífera de Coahuila; se puso en contacto con el presidente De la Huerta, quien le envió los acuerdos a través del general Eugenio Martínez. El 28 de julio de ese mismo año se firmó el acta de rendición, mediante la cual el Centauro y sus hombres depusieron las armas para vivir en la hacienda de Canutillo, donde sería custodiado por una escolta de 20 personas, quienes recibirían pagos del gobierno y se les dotaría de tierra o se les incorporaría al Ejército con reconocimiento de su grado. Por su parte, Villa se comprometió a no levantarse contra el gobierno nuevamente. La lucha armada había terminado. Su tiempo como líder rebelde, comandante de un poderoso ejército, luchador social y cabecilla guerrillero se quedaría atrás para comenzar lo que se convertiría en la última etapa de su vida.

Francisco Villa trabaja con el arado en su hacienda de Canutillo. Mediateca, inah.

El que consideramos el último momento fundamental de Villa fue el llevar a la práctica su proyecto de comunidad agrícola en la hacienda de Canutillo. Por desgracia, mientras éste manifestaba su apoyo a Adolfo de la Huerta en mayo de 1923, en Parral, la ciudad próxima a esta hacienda, Jesús Herrera Cano, hermano de Maclovio Herrera, antiguo general de la División del Norte que se cambió al bando carrancista, y que había perdido a varios familiares a manos del caudillo, se reunía con un grupo de pistoleros para planear el asesinato del Centauro, que ahora pasaba los días trabajando la tierra en su hacienda, vigilando al ganado y llevando una vida comunitaria en la cual el aprendizaje y la convivencia entre los habitantes era importante. Con el respaldo de la gente poderosa de Parral y la aprobación del gobierno de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, Pancho Villa fue asesinado en una emboscada en esta ciudad, junto a su secretario Manuel Trillo y cuatro de sus escoltas. Cincuenta Dorados lo acompañaron a su sepulcro y en la oración fúnebre se señaló que había sido un crimen político, planeado desde el poder. La muerte de Villa terminó también con su proyecto colectivo; la escuela y la hacienda pasaron a manos del gobierno, al igual que toda la maquinaria y artefactos variados que había en ella. Las tierras se repartieron entre ejidatarios y el casco fue convertido en museo de sitio.