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Exilios en México: españoles y chilenos transterrados

A lo largo del siglo xx, México se caracterizó por su política exterior pacifista y favorable a la recepción de aquellos extranjeros que por cuestiones políticas, conflictos armados y persecución religiosa, entre otros motivos, fueran perseguidos en sus propios países. Si bien las leyes mexicanas cuentan con un espíritu nacionalista, esto no significa la promoción de políticas xenófobas.

Cuando estalló la Guerra Civil española en 1936, el Gobierno mexicano, encabezado por Lázaro Cárdenas del Río, y a sugerencia de Gilberto Bosques, dispuso toda la red consular en Europa para apoyar a los ciudadanos de ese país que estaban siendo perseguidos por los franquistas. Conforme el conflicto se inclinaba a los rebeldes y el régimen republicano flaqueaba, México dispuso recursos para traer a miles de refugiados a su territorio. La ayuda no cesó ahí. Muchos republicanos españoles se habían quedado en Francia para apoyarla en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Algunos murieron en combate, otros fueron enviados a campos de concentración alemanes y otros más deportados a España, donde Franco los castigó con trabajos forzados.

Cuarenta años después, ahora en la República de Chile, el gobierno de Salvador Allende,  electo democráticamente, fue depuesto por un golpe militar, y una junta encabezada por Augusto Pinochet asumió el control de forma tiránica. Así como en la vieja Europa se habían instalado campos de concentración y trabajos forzados, la dictadura chilena repitió el modelo represivo. Como respuesta, el Gobierno mexicano acudió en ayuda de los chilenos que eran perseguidos por sus ideas y posición política. En aquella ocasión dispuso que su red consular diera asilo a quien lo solicitara, fueran ciudadanos de ese país o de otras nacionalidades.