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Asesinato de Venustiano Carranza: entre la obediencia a la ley y la imposibilidad de gobernar sin consensos

21 de mayo

En el 25 aniversario de la Constitución, los restos de Venustiano Carranza fueron exhumados con todos los honores y depositados en el Monumento a la Revolución. En 1920 fue asesinado este hombre que intentó obligar a respetar la ley a un México que aún no terminaba su guerra civil. Acorralado por fuerzas que se le oponían y sin hallar aliados pese a ser el presidente de la República, intentó emular a Juárez llevando su gobierno al exilio de la capital. En el pueblo de Tlaxcalantongo, una madrugada lluviosa, murió traicionado.

Venustiano Carranza Garza fue hijo de un general liberal que luchó contra la Intervención francesa. Salió de su natal Cuatro Ciénegas, Coahuila, para ir a la Escuela Nacional Preparatoria en la Ciudad de México. Al triunfo del maderismo en 1910, fue secretario de Guerra y Marina. Más tarde pelearía contra Pascual Orozco y Victoriano Huerta, y defendería la soberanía nacional en 1914 para imponerse como Ejecutivo tras el Congreso Constituyente. Llegado 1920, Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón se unieron contra él. Su secretario de Hacienda, Luis Cabrera, narra que el 14 de mayo se interna en la Sierra Norte de Puebla a marchas forzadas, siguiendo una vía férrea y luego a pie o en caballo. Tres días después descansan en Tetela escoltado por sus generales Juan Barragán y Francisco L. Urquizo, del Estado Mayor.

El plan inicial de escape contemplaba salir de la estación Buenavista del Ferrocarril Mexicano hacia Veracruz. Sólo unos cuantos alumnos del Colegio Militar y el organismo auxiliar del comandante de las fuerzas armadas, su Estado Mayor, lo acompañaban. Esos pocos oficiales y esos jóvenes cadetes no ofrecerían la protección que la cacería de Agua Prieta demandaba. Al atravesar el río Necaxa, muy cerca de La Unión, se aproxima el general Rodolfo Herrero, que hacía unas semanas se había amnistiado con el gobierno carrancista, y los persuade de ir hacia Tlaxcalantongo. Ese mismo felón camina luego a Coyutla buscando amparo y engaña al general Lázaro Cárdenas. Con él va hacia la capital y rinde su informe al ministro de Guerra. Es Herrero quien quita al cadáver de Carranza su pistola y la entrega a Calles.