El 2 de octubre no se olvida
De los sucesos trágicos del 2 de octubre de 1968 se derivaron una serie de imágenes y grabados muy efectivos y explicativos de lo que había sido la masacre y el ataque directo a la asamblea multitudinaria en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.
El Grupo de Nuevos Grabadores que venía trabajando desde 1965 y que durante el 68 participó en la comunicación de las acciones estudiantiles del Consejo General de Huelga de la Universidad Autónoma de México (unam). El trabajo desarrollado por este colectivo fue significativo en tanto que logró restituir una importante consideración a la labor plástica de los grabadores y dibujantes de la Academia de San Carlos de donde provenía este grupo de jóvenes exponentes de la gráfica estudiantil. En este Grupo se encontraban, Leo Acosta, Federico Ávila, Susana Campos, Benjamín Domínguez, Carlos García, Valdemar Luna, Ignacio Manrique, Jesús Martínez, Carlos Olachea y José Antonio Pérez Vega.
El célebre grabado del grupo es el de las palomas volando “Unidos y adelante” o la paloma alcanzada por una bayoneta militar que se tornó como símbolo de la masacre del 2 de octubre se la debemos a la ágil intervención de Jesús Martínez quien retoma la insignia de la paloma de la paz que sería el emblema oficial de los Juegos Olímpicos y que bajo el violento asedio al movimiento estudiantil su intervención plástica gira definitivamente el principio de su significado, la paloma es violentada por un arma y el símbolo será retomado después de los hechos ocurridos como una marca indeleble del movimiento.
Otras estampas, xilografías y grabados dan testimonio de la visión que dejó la masacre del 2 de octubre que a los ojos de los artistas probablemente será el motivo más importante del que se refundaron las narrativas políticas y sociales de los tiempos venideros, y al final estos nuevos grabadores tuvieron razón en sus trazos y en la creación de sus espacios.