Memoria en femenino - Sala 1

La necesidad de difundir sus ideas llevó a las mujeres a buscar mecanismos que les permitieran ser escuchadas entre ellas y entre un sector más amplio de la población. Una de las herramientas que estuvo a su alcance para lograrlo, que comenzó a afianzarse en México durante el siglo xix, y a la que algunas pudieron acceder, fue la imprenta y, con ella, la edición de publicaciones periódicas. En esta sala podremos acercarnos a distintos periódicos y revistas que nos muestran cómo estos medios de comunicación han sido un gran aliado de su lucha en distintos momentos de la historia.

La Siempreviva

Esta gaceta de corte literario surgió en la ciudad de Mérida, Yucatán, de la mano de mujeres que tuvieron la oportunidad de incursionar previamente en algunas publicaciones dirigidas por la élite intelectual de finales del siglo xix. La edición de una revista no sólo les permitía expresar su talento para las letras, sino también influir en la educación femenina, lo que abrió una ventana de oportunidad que no desaprovecharon. Con estas motivaciones apareció en 1870 La Siempreviva, proyecto editorial de Rita Cetina. El nombre adoptado tenía una gran carga simbólica pues se relacionaba con el carácter permanente y curativo de una planta, la cual aludía a las propias mujeres, seres que luchaban de manera incansable y cuyo bálsamo sanador era el conocimiento.

Quienes conformaron La Siempreviva no tenían la intención de erradicar de un día para otro el paradigma masculino, sino la de dedicarse a escribir sobre distintos temas de interés para las mujeres y propagar los valores femeninos de entonces, los cuales se encontraban muy apegados a los religiosos. Sin embargo, con sus textos, tanto Cetina como sus compañeras influyeron de manera importante en el ámbito de la literatura regional, e incluso en la nacional, gracias a la dedicación con la que elaboraron su publicación, las temáticas abordadas, así como la inclusión de variados géneros a lo largo de los 43 números que editaron durante dos años. Mujeres de otros estados se acercaron a ellas para ofrecer sus colaboraciones creando así redes intelectuales, además de que dio paso a la aparición de más revistas femeninas, sobre todo en el centro del país. A pesar de su corta existencia, La Siempreviva fue el primer magacín escrito y editado sólo por mujeres, lo cual lo convierte en uno de los más importantes para la historia de las mexicanas.

La Mujer Moderna

Cuando nos referimos a la revista La Mujer Moderna, nos viene a la mente el nombre de Hermila Galindo, maestra, periodista, conferencista, feminista y directora de este semanario. Editado entre 1915 y 1919, a través de sus páginas diversos actores debatieron acerca del papel que debería desempeñar la mujer en la sociedad. El contexto revolucionario motivó este tipo de discusión e hizo surgir el cuestionamiento en torno a su incursión en el espacio público. De esta manera, se pusieron sobre la mesa preguntas como si sería conveniente dejar el ámbito doméstico para ser maestras, profesionistas o participar en organizaciones. ¿Cómo podía la mujer contribuir al fortalecimiento nacional? Ante la avanzada de Galindo y su magacín, a los políticos e intelectuales del momento no les quedó más que aceptar que la presencia de las mujeres en estas y muchas otras áreas más era ya ineludible.

La Mujer Moderna sí plantea una nueva alternativa a la idea de la madre abnegada y tierna como ideal de conducta femenina. Además, con la palabra “moderna” intenta separarse de aquel modelo que a su parecer ya no era del todo funcional en un país que atravesaba por una revolución de carácter social. Sin embargo, la “modernidad” venía de la mano de la educación, por lo que sólo personas de las llamadas clases medias pudieron adherirse a la propuesta de Galindo. Las mexicanas debían acceder a la instrucción para “progresar”. Aunque se incluían textos de carácter informativo y de opinión sobre el acontecer cotidiano, también se introdujeron apartados dirigidos exclusivamente a las actividades domésticas con características modernas, como recetas de cocina y el cuidado e higiene en el hogar. Los documentos que presentamos muestran cómo esta publicación llegó a ser bastante conocida entre la élite política, tanto que hasta el propio Venustiano Carranza recomendaba su lectura.

El Machete

En marzo del año de 1924, un grupo de artistas, entre los que figuraban David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y Xavier Guerrero, publicaron el primer número del periódico El Machete, dedicado a exaltar y difundir la lucha obrera y campesina, así como a denunciar la situación de miseria que permanecía a pesar del establecimiento de un nuevo orden social a partir de la Revolución mexicana. En su primera etapa, la creación de contenidos estaba casi por completo a cargo de Guerrero, de Siqueiros y de la esposa de éste, Graciela Amador. A pesar de la fuerte presencia de los hombres dentro de la publicación, Amador fue quien redactó la mayor parte de los artículos y, además, compuso los grandiosos corridos que aparecían de manera habitual en sus números.

De esta forma, aunque El Machete no fue una publicación exclusiva para o escrita por mujeres, es importante mencionarla como pionera en la inclusión femenina, pues en ella eran consideradas un miembro más de la clase trabajadora y, por lo tanto, era su deber participar e informarse al igual que los demás obreros y campesinos del país. Con el tiempo, El Machete pasó a considerarse el órgano de difusión oficial del Partido Comunista Mexicano (pcm), por lo que el contenido también se modificó, pues de plantear temas como los derechos laborales de las mujeres, su organización, acceso a contratos colectivos y demás, se pasó a informar y a discutir sobre su papel dentro del partido. A pesar de ello, en todos los años de su publicación, cada 8 de marzo aparecieron notas relacionadas con las actividades conmemorativas de este día y se hacían llamados a las obreras, a las trabajadoras agrícolas, campesinas e indígenas para luchar por sus reivindicaciones.

Fem

En 1976 comenzó a publicarse Fem, referente indispensable de los movimientos feministas y de la lucha por los derechos humanos. Generalmente se indica que la revista fue creada por la guatemalteca Alaíde Foppa y por Margarita García Flores, aunque personas allegadas a Foppa, así como otras compañeras que colaboraron con la publicación, como Elena Poniatowska o Marta Lamas, mencionan que fueron por lo menos 10 mujeres las que la impulsaron en sus inicios, entre las que figuran, junto a las dos mencionadas, Poniatowska y Lamas, Carmen Lugo, Lourdes Arizpe y Elena Urrutia. Desde este medio de difusión, tres generaciones de mujeres han puesto sobre la mesa temas fundamentales como el aborto, el trabajo doméstico, los estereotipos, la maternidad, el hostigamiento en el empleo, el feminicidio, su participación en política o su contribución al arte, a la ciencia y al deporte.

Uno de los propósitos fundamentales de este magacín fue su distribución masiva, con la idea de llegar a la mayor cantidad posible de personas, tanto hombres como mujeres, pero se buscaba más que nada impactar a amas de casa y trabajadoras, aunque su circulación fue mucho mayor entre los sectores universitarios. Por ello, su tiraje llegó a ser de 3,500 ejemplares, que en momentos alcanzó hasta los 12 mil. Su publicación en formato físico terminó en el año 2005, pero continuó en soporte digital. Se considera que la historia de Fem también es la de la perseverancia y la rebeldía, ya que a pesar de las dificultades económicas que las editoras se encontraron en el camino, lograron subsistir por un periodo prolongado gracias a la solidaridad de las mujeres que compartían este proyecto y de algunos otros aliados que contribuyeron a su causa. Finalmente, la publicación comenzó a debilitarse cuando los feminismos se diversificaron y encontraron otros canales de expresión.

Cronología

Cronología de publicaciones, personajes, leyes, organizaciones y eventos mencionados en la exposición “Memoria en femenino”.