Cédula
Título
Carta de Manuel José Othón (atribuido)
Agente creador
Othón, José Manuel (remitente)
Forma parte de
Colección Manuel José Othón
Nivel de descripción
Ítem
Tipo de recurso
carta
Nota de tiempo
1892/05/24 (creación)
Descripción
Carta original de Manuel José Othón que a la letra dice: "Señora doña Josefa Jiménez de Othón. Idolatrada güerita de mi corazón. Perdóname, ante todo, que hasta hoy te escriba; pero los primeros días que se pasan en esta Babilonia lo ponen a uno loco, sin saber que hacer ni como dirigirse, agrega a esto que he tenido que andar correteando por las calles en pos de don Carlos, que se levanta a las 6 y sale; y que tengo obligación de buscarle donde le encuentre para ver que se le ofrece, (que generalmente no se le ofrece nada), porque anda con sus amigos, y poco más o menos, como yo de atontado y delirante pero que esto es capaz de marcar la cabeza más potente. Voy a gritarte mis impresiones. México esta menos apestoso que de costumbre, pero más hermoso que nunca. De cuando tú lo viste, a la fecha, hay un ciento más de diferencia que la del San Luis actual a Tula. Se han multiplicado los palacios, y ¡qué palacios! El piso de las calles es de madera, el centro y de cemento romano las banquetas, en las calles secundarias; en las principales, esto es: plateros, San Francisco, 5 de mayo, etc., el centro y la banqueta son de cemento romano, como las banquetas de la acera del palacio de esa. Así es que no oyes el ruido de los mil coches, carros, vehículos y velocípedos porque ya mucha gente anda en velocípedo. El día que llegamos (viernes a la 17 media de la tarde) había un sin número de gente con música en la estación esperando a don Carlos. Yo monté en un coche Lebrija y Faustino Martínez, que me trajeron hasta mi hotel (gran Sociedad, no. 46, esquina de espíritu santo y el coliseo, donde estoy muy cerca de la casa de don Pedro, que es donde vive don Carlos). Llegué con jaqueca y me acosté a dormir hasta las 5 que fui a ver a don Carlos para ver que se le ofrecía. Me citó para el día siguiente a las 7 de la mañana y me dio 50 pesos para que me fuera mientras a pasear. Fui a comer al café inglés unos buenos crudos en consomé ardiente beefstaek. Luego mandé hacer mi flúor en casa de Armand Frank, bajo de este hotel; compré allí mismo un saco de grano de oro elegantísimo que se lava mucho ahora, porque el calor es peor que en esa; y, por último, me fui a vagar por las calles. En la noche fui al teatro circo orrin que es primoroso y donde trabaja una compañía de zarzuela mediana. Vi “Las tentaciones de San Antonio” y “Bocaccio”. Me vine acostar, y al día siguiente me levanté a las 6, me bañé aquí mismo, pues hay baños y peluquería; me afeite, y me fui a ver a don Carlos que iba saliendo y me dijo que no habrá nada que hacer, que me siguiera paseando pero que no dejará de buscarle si se ofrecía algo urgente, para lo cual me ordenó fuese dos o tres veces a la casa a ver si venían telegramas u otra cosa. Emplee la mañana en buscar a mis antiguos amigos. A las 12 pasaba por plateros, cuando vi a don Carlos lagartijeando con una bola de amigos. Le fui a preguntar si se le ofrecía algo, y me mando que fuera a las cuatro. Fui a la casa y me dijo que en unión de su ayudante fuera a Chapultepec, en uno de los coches de don Pedro, a ver al presidente, que allí vive ahora, y le dijera que había llegado, que estaba a sus órdenes, y que él indicase cuando podría recibirle. Fin; tuve una atrasada de un cuarto de hora; se me presento un ayudante (un coronel) le indiqué mi objeto, me condujo con el secretario particular, chansal, quien me introdujo con don Porfirio. Figúrate que gregorito. Yo le dije: -Señor presidente: El señor general Diez Gutiérrez, de quien soy secretario particular, me envía a decir a usted que ha llegado ayer, que se pone a sus órdenes en la casa de su hermano y que ruega a usted se sirva recibirle, indicándole el día y la hora en que a bien tenga hacerlo. Diga usted a mi distinguido compañero que celebro mucho su llegada, y siento vengo enfermo, según sé yo, y que puede pasar a la hora que guste, pues ya sabe que estoy completamente a sus órdenes; y doy a usted la bienvenida. Me dio la mano despidiéndome; le hice una profunda reverencia y me largué. Al llegar a la antesala, te puso que había como 20 adulones que me preguntaban por Carlos. ¿Cómo esta Carlos? ¿Ha llegado bien? Salúdemelo usted. Y póngame a sus órdenes mientras tengo el gusto de ir a hacerlo personalmente. –Decíamos. - ¿Ha venido Diez Gutiérrez? ¡Oh! Cuanto lo ¡Celebro! - ¿Cuándo vino Carlos? - ¿Cómo sigue Carlos? Y Carlos por aquí y Carlos por allá, decían aquellos individuos que en ningún bodegón habían corrido con él, como si fueran amigos íntimos; cuando algunos de ellos jamás le han hablado. Y todos me estrechaban la mano y algunos hasta me palmeaban el hombro. He visto a muchos amigos y me han presentado muchos otros, entre la gente de letras y algunos poéticos y he tenido un recibimiento espléndido. Me ha hecho miembro honorario del Liceo Mexicano, he ido a la prensa asociada y al club porfirista de la juventud. En el primero y en el último, mi entrada fue saludada con aplausos; yo me corte tanto que sin decir nada, como un estúpido, me quede parado, sintiéndome rojo hasta lo blanco de los ojos. Más despacio te hablaré de asuntos artísticos y literarios que me atañen y me enorgullecen. Por ahora te diré que hoy cené casa de Peón Contreras (son las 12 de la noche) mañana como casa de Paz, en Mixcoac, donde está verecundo su familia. Pasado mañana comeré casa de Enrique Sort de Sanz, diputado, abogado, profesor, casado con una enterrada de Lancáster Jones, primorosa y más primorosa todavía es la madre, viuda de Pedro Zubieta y una de las más elegantes damas de México, para que Lancáster haya caído con ella, viuda y con hijos grandes, figúrate como será. Anoche fui presentado con esa familia, que vive en la glorieta de colón, frente del paseo de la reforma y en un chalet elegantísimo. Allí no hay ni una sola casa que no sea un chalet, de todas formas, de todos estilos, amigos italianos, franceses y alemanes. Esta descripción te dejaría asombrada y yo no podría hacértela en este momento, pero bastante saber que solo en vista puedes haber visto cosa parecida. Hoy en la tarde fui al casino nacional, para el que me dio tarjeta de presentación Juan Labat. Este establecimiento ha venido a tumbar a otros, los otros, pues como está reformado, la novedad hace que sea ahora el centro más distinguido de México. No puedes figurarte el lujo, la elegancia, el buen gusto que allí venían. La lonja de San Luis, fuera de tamaño y comodidades del edificio, es cursi y vale un demonio. Por más que digan, no pueden competir las provincias con la capital en nada de lo que sea elegancia y confort. El sábado me presentarán el Duque Joven en el jokey club para poder ir a la matiné del domingo. Se me olvidaba decirte que el mismo viernes que llegué, fui a la villa a ver a la Santísima virgen de Guadalupe. Fui a la 5 ½ de la tarde y después de comer. Respecto de mis asuntos te diré que se arreglarán, pero un poco despacio; porque en los periódicos que debo de escribir (“Nacional partías liberal” y acaso “El Universal”) que son ministeriales, los directores, para poder disponer del sueldo, que me eroguen, tienen que contar con el oficio, del mayor de gobernación. Se lo dije a don Carlos y él me dijo que no tuviera cuidado, pues iba a hablar con Pineda, secretario particular de Romeo Rubio y el hombre más influyente, y que tenía la seguridad de arreglado. Espíndola es, muy ventajoso y puede que no nos arreglemos. De todos modos, tengo seguridad en dejar esto arreglado. Antes de acabar, porque ya es muy tarde, te diré lo que hago diariamente: a las 6 sin falta me levanto, y me voy a casa de don Carlos, leo la correspondencia, y a las siete que él sale de su cuarto, firma y me da el acuerdo para el día siguiente. Se va y yo me quedo esperando la correspondencia de acuerdo, hasta las ocho y media, en que me voy a desayunar a el águila de oro (en frente) una taza de té sin leche y medio mollete. A las 11 vuelvo a casa de don Carlos a ver si ha llegado algo urgente; y llegué o no, lo busco por plateros para decirte lo que hay y preguntarle que se le ofrece. Me quedo lagartijeando por allí hasta la una con o sin amigos. A esa hora me voy a comer a la estrella de oriente (5 de mayo); me vuelvo al hotel; duermo hasta las 4 y me vienen a despertar Urbina, peón del Valle a otro amigo. Nos vamos a pie a la Reforma hasta las 7 hasta esa hora voy a buscar a uno de los señores de la literatura (uno cada noche) hasta las ocho. Salgo, voy a lugar donde me he estado con mis amigos. Tomamos chocolate a la española (en jícara, con cuchara y muy espeso) pues está de moda tomar todo el mundo chocolate antes de irse a los teatros. Nos vamos al teatro; salimos a las doce y a la Concordia a casa de Recamier, Plessant, etc. a tomar un solo plato de cena; charlamos y a dormir. Desde que estoy aquí, te juro que el día que más he tomado han sido 5 copas en todo el día. Aquí nadie se embriaga, es muy mal visto; y, sobre todo, no hay objeto, toda vez que hay tanto en que divertirse. He estado muy bien del estómago y de todo. Mi vestido está muy elegante y mañana lo estreno. El sábado te volveré a escribir, pero contéstame pronto está diciéndome como estas. Cuídate y no hagas algún disparate, pues eso es lo único que me amarga: pensar que te puedes enfermar. Un negocio importante: si puedes tú misma ir y si no, manda a Antonio muy bien obsesionado, a ver al padre Jiménez y decirle que no le escribo porque estoy muy ocupado, pero que hoy mismo me dijo don Carlos que enviará inmediatamente a su hermano, poniéndole desde luego un telegrama a él y otro a mí, avisando en que tren sale, para ir yo y el inspector de policía respectivo a recibirle en la estación, para que allí mismo llevarle a San Hipólito en un coche. Adiós gorgonchita de mi corazón. Cuídate mucho, besitos y cariñitos de tu maliyito y no dejes de escribirme vine diariamente. Tu Manuel. -Dile a Enrique que no he recibido nada de circular. -Dirige carta = Hotel gran sociedad, esquina de espíritu santo y coliseo viejo. Hoy noche se estrena Soledad, drama de peón Contreras en Arben".
Lugar
México, creación
Medidas
9 páginas
Materialidad
tinta sobre papel
Lengua
español
Palabras clave
Othón, José Manuel; Othón Jiménez, Josefa; México; correspondencia; Chapultepec
Tipo de media
texto
Formato de la representación digital
PDF
Colaborador
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Custodio
Archivo Histórico del Estado "Lic. Antonio Rocha"
Procedencia
Licencia de uso
Nota de contexto
Manuel José Othón (1858-1906) fue poeta, dramaturgo y político mexicano que perteneció al movimiento literario del romanticismo y modernismo. El Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí recuperó este manuscrito gracias a la donación de particulares y la comparte con Memórica. México, haz memoria, una colección fotográfica del autor.