Visiones y perversiones sobre/en algunas salas de cine de la Ciudad de México II

Visiones y perversiones sobre/en algunas salas de cine de la Ciudad de México II
Dra. Rosario Vidal Bonifaz
Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara *

Para Hugo Lara, por siempre ser tan generoso y divertido.


El Roxy fue abierto el 21 de marzo de 1936 con el filme estadunidense La canción de todos (Paul Stone, 1935).1 Era anunciado como “un cine de primera” y estaba ubicado en la Ribera de San Cosme, en la colonia Santa María la Ribera. Resaltaba su fachada art déco y su perfil de escalonamiento, característico de un lenguaje de modernidad: “Estilo arquitectónico y nombre importados de las salas de cine de los Estados Unidos. En el Roxy, se proyectaban exclusivamente cintas de la Metro Goldwyn Mayer (mgm), dos películas por la cantidad de 1.50, con la oportunidad de la permanencia voluntaria”.2 Es probable que en las principales ciudades del mundo llegara a existir una sala con este nombre: “En la Urbe de Hierro al Roxy se le conocía como ‘La Catedral de la Motion Picture’ por su creador Samuel ‘Roxy’ Rothafel. Roxy quien fue posiblemente el mayor showman u ‘hombre espectáculo’ de su tiempo, y construyó un teatro que sobrevivió a su propia leyenda. Con sus cerca de 6.000 asientos y múltiples balcones, el Roxy se convirtió en uno de los atractivos turísticos de la ciudad de Nueva York”.3 Otra prueba de que el nombre de esa sala se extendió por muchas partes del mundo es la canción Los fantasmas del Roxy, de Joan Manuel Serrat, que alude a un cine que estaba ubicado en un barrio típico de Barcelona, España: “Sepan aquellos que no estén al corriente/ Que el Roxy, del que estoy hablando, fue/ Un cine de reestreno preferente/ Que iluminaba la Plaza Lesseps […].”

En el edificio Ermita, con un marcado estilo art déco, con 78 departamentos, en los que vivieron personajes como Ramón Mercader (asesino de León Trotsky), Rafael Alberti y Ana Torroja,4 se edificó el cine Hipódromo, que fue diseñado por el arquitecto Juan Segura y se fundó el 11 de abril de 1936, con capacidad para poco más de 2,500 personas, con lunetario y anfiteatro, en las avenidas Revolución y Jalisco, en el tradicional barrio de Tacubaya, con una escalinata monumental que termina en el vestíbulo y un foyer dividido en dos. La primera exhibición formal realizada en esa sala fue con la cinta alemana Las quiero a todas (Carl Lamac, 1935), con el tenor y actor polaco Jean Kiepura, que canta fragmentos de la ópera Rigoletto de Giuseppe Verdi. En 1977 se transformó en ocho minisalas.

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De fachada gigante, el cine Cetro, que finalmente tuvo el nombre de Encanto, cuyo lema era “El cine único”, fue diseñado por Francisco José Serrano y abierto el 5 de mayo de 1937 con la cinta argentina Ayúdame a vivir (José A. Ferreyra, 1936), con Libertad Lamarque.5 Se encontraba en la colonia San Rafael, en la calle de Serapio Rendón número 87. 

Su fachada monumental aprovechaba el lenguaje del déco mediante tres elementos horizontales: el pórtico, la marquesina y el remate con el nombre del cine. […] Con su espectacular iluminación, esta fachada fue una señal resplandeciente en las legendarias noches citadinas de los años cuarenta. […] un elevador para ascender los cinco niveles del edificio. La sala de proyección con capacidad para 4,000 espectadores, tenía niveles para lunetario, anfiteatro y galería. […]. Tras el sismo de 1957 [el temblor del Ángel], sobrevino la demolición del Encanto [Alfaro Salazar y Ochoa Vega, 1998: 58 y 59].

El 29 de junio de 1938 inició sus actividades el Orfeón, que se presentaba como “El cine de México”, situado en la calle de Luis Moya números 36, 38 y 40, proyectado por la firma John & Drew Eberson, con capacidad para cerca de seis mil espectadores, con lunetario, palco y galería. La empresa Ocesa lo remodeló para hacerlo funcionar como teatro. Aparte de la buena cantidad de títulos que estrenó durante muchos años, esta sala adquirió fama debido a que en ella ocurrió un trágico crimen que involucró a gente del espectáculo cinematográfico. Según notas periodísticas de la época (véase El Universal, 20 y 21 de noviembre de 1943), el viernes 19 de noviembre de 1943, alrededor de las 21 horas, Ignacio Rufino García, quien años después formaría parte del famoso “Cuarteto Ruffino” junto con su esposa Mercedes Villaverde y sus hijos Carlos y María (o Julie), acribilló en el interior del Orfeón a Mario Tenorio Domínguez, quien tiempo atrás había alcanzado cierta notoriedad como galán de dos películas producidas y dirigidas por su pareja, la pionera del cine femenino mexicano Adela Sequeyro Haro: Más allá de la muerte (1935) y La mujer de nadie (1937).

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Al parecer, el motivo del asesinato fue producto de los terribles celos que Rufino sentía de su otrora amigo íntimo, al que algunos habían calificado como el “Rodolfo Valentino mexicano”. De acuerdo con la información de prensa: 

Comentarios de lo más variados y opiniones diversas se han lanzado en los centros de cine y radio, en torno a la tragedia pasional que tuvo su desarrollo la noche del último viernes, entre las sombras, dentro del cine Orfeón, cuando se pasaba una película.6 Hay versiones encontradas sobre los móviles del crimen, pues mientras unos achacan la culpabilidad indirecta a la esposa del homicida, señora Mercedes Villaverde, otros estiman que se debió a un acto de impulsivismo [sic] de Ignacio Rufino García, quien en un momento dado cegóse por los celos, sin que hubiera, cuando menos en las circunstancias en que se desarrolló el drama, ningún motivo suficientemente grave para que tomara esa determinación. 


Aquel hecho de nota roja provocó gran impacto en los medios radiales e impresos, y el asesino, que cayó en contradicciones a la hora de la declaración, fue encarcelado en el penal de Lecumberri, donde pasó una buena cantidad de años purgando condena, tras lo cual se reconcilió con su mujer y formó el grupo musical que le daría otro tipo de fama, llegando incluso a protagonizar la serie de cintas para la televisión La familia Ruffino, realizada por Julio Porter en 1958 e integrada por Locos por la música, Una abuelita atómica, Al diablo con la música y Una gira ATM. Hay que agregar que, en marzo del mismo año del crimen, Mario Tenorio había trabajado en un papel secundario en la cinta El as negro, producida por la empresa Films Mundiales, dirigida por René Cardona y protagonizada por el entonces afamado ilusionista inglés David T. Bamberg Fu Man Chu. En sus jocosas memorias (1988: 292), Bamberg dice que: 

El papel del joven amante en la película [El as negro] fue interpretado por Mario Tenorio, un joven actor que prometía mucho. La noche del estreno de la cinta, Mario fue asesinado a balazos mientras la veía. Un hombre lo descubrió acompañando a su esposa, y en un ataque de celos acabó con su vida. ¡Eso fue el colmo! Hubo pánico en el cine, seguido de una persecución con patrullas. Los encabezados de prensa que resultaron de ese hecho nos llenaron la sala durante mucho tiempo ya que todo mundo quería ver a la víctima trece en la pantalla. Fue un asunto muy espeluznante pero los productores estaban felices [...]. 

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Todo indica que la cinta de Cardona se estrenó formalmente hasta el 10 de julio de 1944 en el cine Savoy, por lo que, basados en el testimonio de Bamberg, podemos suponer que el malogrado Mario Tenorio encontró su trágica muerte mientras se exhibía un preestreno nocturno de El as negro en la sala del Orfeón o que, en su defecto, el célebre mago tuvo alguna confusión de memoria. Nos inclinamos más por la primera posibilidad, toda vez que lo más probable es que para noviembre de 1943 esta película ya estuviera totalmente concluida y, a la espera de ser estrenada, se dio a conocer a quienes habían colaborado en su realización y a los amigos y familiares de éstos. 

Ubicado en la avenida del mismo nombre, el cine Insurgentes, “El cine número uno”, proyecto del arquitecto Charles Lee (al igual que los cines Lido [hoy Bella Época], Lindavista y Tepeyac), es uno de las más grandes de América Latina, con 2,578 butacas. Fue abierto el 14 de noviembre de 1941 con la película estadunidense El escuadrón suicida (Michael Curtiz, 1941) con Errol Flynn.7 Perteneciente a uno de los corredores urbanos más importantes de esa época, que comunicaba a Izazaga y Fray Servando Teresa de Mier con el poniente a través de la avenida Chapultepec, el énfasis en su volumen a partir de la torre debió distinguirlo como referente urbano, pero en septiembre de 1969 la línea 1 del Metro convirtió a la Glorieta de Insurgentes en un monumento disparejo.

Con el eslogan “El templo de la cinematografía”, el cine Lindavista fue fundado el 25 de diciembre de 1942, con 1,310 butacas, en la esquina de las avenidas Insurgentes y Montevideo número 96; con su arquitectura neocolonial y su aspecto de “castillo”, era fácilmente ubicable: en este cine solían presentarse los filmes de Walt Disney. Su fachada aparece en la película Hay lugar para… dos, realizada por Alejandro Galindo en 1948 y protagonizada por David Silva y Fernando Soto Mantequilla, a quienes se les ve arreglando el camión que el primero de ellos conduce por diferentes calles del centro y el norte de la ciudad; en ese momento de la filmación se encontraba en exhibición Raíces de pasión / Tap Roots (George Marshall, 1948) con Susan Hayward y Van Heflin. En los años setenta el Lindavista “sufrió un cambio importante pues fue convertido en centro exclusivo para cine infantil; para ello se cambiaron los decorados del interior por caricaturas del mundo animal y se pintó la torre como si fuera otra más del mundo de Disney, sin embargo, poco duró ese proyecto y, a causa de la crisis de exhibición, los nuevos esquemas de proyección, comercialización y demás problemas, el cine fue cerrado y poco tiempo después abandonado”.8 Luego, lo que fuera el cine Lindavista se convirtió en el Santuario Nacional de San Juan Diego, recinto de una de las tantas sectas religiosas que comenzaron a proliferar desde entonces, cosa que ha ocurrido con muchos otros espacios fílmicos y teatrales.

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El cine Metropólitan fue diseñado por los arquitectos Pedro Gorozpe Echeverría y Emilio Méndez Llinás y decorado por el escenógrafo Aurelio G. Mendoza; con su slogan “Grandioso y único en la América Latina”, abrió sus puertas el 8 de septiembre de 1943 con la película mexicana Los miserables (Fernando A. Rivero, 1943), con Domingo Soler, que se mantuvo por tres semanas en cartelera. A la inauguración asistieron personalidades como Emilio El Indio Fernández, Dolores del Río, Hedy Lamarr y Louis B. Mayer. A este cine asistía María del Carmen Mondragón Fonseca, conocida como Nahui Olin, ya que le fascinaban las películas francesas; el idioma lo aprendió durante su estancia en París de 1897 a 1905.9 En 1996 el edificio fue adaptado como centro de espectáculos, en donde se llevaron a cabo algunos estrenos de cine, como el filme Arráncame la vida (Roberto Sneider, 2008) con Daniel Jiménez Cacho y Ana Claudia Talancón, sobre la novela homónima de Ángeles Mastretta. Además, dicho lugar aparece en la película Roma10 (Alfonso Cuarón, 2018), cuando Yalitza Aparicio y su amiga van a divertirse con sus respectivos novios para ver una película. En dicho teatro dio su primer mensaje la actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, rodeada de representantes del pueblo, el 5 de octubre de 2024.



Otro caso digno de resaltar es el del cine Princesa, fundado el 6 de noviembre de 1943; estaba ubicado en la avenida San Juan de Letrán número 50 y desapareció para dejar lugar a una gran plaza comercial en el actual Eje Central Lázaro Cárdenas. En ese espacio se proyectaron cintas como la soviética Mashenka (Yuli Raisman, 1942), la argentina El tesoro de la isla Maciel (Manuel Romero, 1941) y la estadunidense Barreminas (William Berke, 1943).

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El Chapultepec fue el primer cine en construirse sobre Reforma, inaugurándose el 24 de agosto de 1944 frente a la Glorieta de la Diana Cazadora, en Paseo de la Reforma número 505, colonia Juárez, con la película El Corsario Negro que dirigió Chano Urueta, protagonizada por Pedro Armendáriz, June Marlowe y María Luisa Zea, sobre la novela de Emilio Salgari. El cine Chapultepec: “era el más ambicioso de todos: marquesina, anuncio-bandera y taquilla eran sólo un preámbulo; para entrar a la sala había que recorrer un amplio pasillo flanqueado por carteles luminosos, antes de llegar a la puerta de acceso. […]. La sala de proyección, con espacio para 2,300 personas, no desmerecía en elocuencia y monumentalidad. En 1994, el cine festejó sus cincuenta años con su cierre definitivo”.11 En esta sala de cine, Alfonso Mejía y Roberto Cobo realizaron el casting para la película Los olvidados, ya que el cineasta Luis Buñuel tenía sus oficinas en el segundo piso. Hugo Lara, en su libro Una ciudad inventada por el cine, comenta en el prólogo: 

El edificio más alto de la ciudad de México, la Torre Reforma, se erigió sobre los terrenos de un viejo cine, el Chapultepec, que a su vez fue construido dentro del perímetro de unos estudios cinematográficos que tenían ese mismo nombre. El tiempo ha hecho olvidar ese relevo de edificaciones que pudiera ser visto como la transformación natural de los espacios urbanos en nombre de la modernidad, pero también como una huella del desmantelamiento que la cinematografía mexicana ha sufrido a lo largo de las últimas décadas” [Lara Chávez, 2006: 8).


El interior del cine se ve en el filme Nosotras las taquígrafas (Emilio Gómez Muriel, 1950) cuando Lilia del Valle es invitada por su jefe Eduardo Noriega a dicha sala para ver la película Yo quiero ser tonta (Eduardo Ugarte, 1950) con Fernando Soler, Sara García y Rosita Quintana. En junio de 1997 se llevó a cabo la demolición del cine Chapultepec para dar paso a lo señalado por Hugo Lara, la inauguración de la Torre Mayor, en marzo de 2003 (Cfr. Edificios de México, 2024).

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Diseñado por Carlos Crombè, el cine Cosmos se incendió antes de la inauguración programada en 1946; dos años después el arquitecto Carlos Vergara diseñó el lugar, que finalmente fue inaugurado el 24 de junio de 1948, con lunetario y anfiteatro, en Melchor Ocampo hoy Calzada México-Tacuba. Después se transformó en cinco minisalas con el nombre de Macro Cosmos. El espacio fue mudo testigo del trágico Jueves de Corpus, cuando el 10 de junio de 1971 “entraron corriendo muchos jóvenes para refugiarse, entre las butacas y los pasillos, de la brutal agresión por parte del grupo para-militar identificado como ‘Los halcones’”,12 hecho que sirvió para que el cineasta José Perro Estrada recreara el momento en el que Ángela Morante (Blanca Baldó) conoce a su futuro amante, el joven Julio Alcántara (Miguel Ángel Ferriz, nieto), en una de las secuencias de hipotético mayor impacto de la cinta Ángela Morante… ¿crimen o suicidio? (1977), melodrama en el que su director pretendió hacer una crítica a la corrupta mecánica interna del cine mexicano. Tiempo después la sala fue abandonada y cerrada. En la actualidad, el Gobierno de la Ciudad de México inauguró ahí la Fábrica de Artes y Oficios Faro Cosmos, en donde se imparten actividades culturales.

Inaugurado el 2 de abril de 1947, el cine Trans Lux Prado, con el filme estadunidense Engaño (Irving Rapper, 1946) con Bette Davis, Paul Henreid y Claude Rains, se mantuvo por seis semanas en cartelera. Tenía una capacidad de 800 butacas y estaba situado en la avenida Juárez número 56 como parte del Hotel del Prado, con su famoso lobby en donde el pintor Diego Rivera realizó en 1947 el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, que sintetiza cerca de 400 años de la historia de México, desde Hernán Cortés, sor Juana Inés de la Cruz, Madero y otros; ambos fueron afectados por el sismo de 1985. El mural se trasladó a su nuevo recinto en el Museo Mural Diego Rivera emplazado en la avenida Balderas esquina con Colón, en donde se ubicaba el estacionamiento del Hotel. En dos momentos del filme El billetero (Raphael J. Sevilla, 1951) aparece el Chiquilín, interpretado por Raphael J. Sevilla, Jr., vendiendo boletos de lotería afuera del cine Prado, mientras vemos en la marquesina Los Churumbeles con Simonne Clair y Miguel Aceves Mejía.

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Ubicado en el número 9 de la calle Serapio Rendón, a un costado del ex convento de San Cosme en la famosa colonia San Rafael, el cine Ópera fue construido de 1942 a 1949 bajo el proyecto del arquitecto Félix Nuncio; el responsable de su decoración fue el notable escenógrafo Manuel Fontanals, exiliado español de amplia ejecutoria en el cine mexicano, sobre todo al lado de Emilio El Indio Fernández, para el que colaboró en la mayoría de sus más importantes filmes (La isla de la pasión, Las abandonadas, Bugambilia, Pepita Jiménez, Enamorada, Río Escondido, Maclovia y Pueblerina, entre otros). Llegó a tener una capacidad para 3,800 butacas, lunetario y anfiteatro. “La espectacular fachada del edificio crea un gran pórtico con marquesina semicircular y volada; dos esculturas exentas acentúan la concavidad de la parte central de la portada”.13 El cine fue abierto el 11 de marzo de 1949 con el estreno de la película mexicana Una familia de tantas (Alejandro Galindo, 1948), con Fernando Soler, David Silva y Martha Roth; estuvo dos semanas en cartelera, al igual que Dicen que soy mujeriego (Roberto Rodríguez, 1949), con Sara García y Pedro Infante, desde el 14 de abril de 1949, y La familia Pérez (Gilberto Martínez Solares, 1948), con Joaquín Pardavé y Sara García, desde el 5 de mayo de 1949. En la actualidad es otro más de los cascarones que parecen testimoniar, con más nostalgia que otra cosa, la mejor época del espectáculo cinematográfico en la capital del país.

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Fue uno de los cines más elegantes con los que contó la Ciudad de México: constaba de tres pisos de galería, algo insólito para su época. Se trata del cine Roble, diseñado por los arquitectos Víctor L. Loizaga, Drew Eberson y John Eberson, inaugurado el 3 de mayo de 1950 en la avenida Paseo de la Reforma número 135, colonia Juárez, con la película mexicana Puerta, joven (Miguel M. Delgado, 1949), con Mario Moreno Cantinflas y Silvia Pinal, durante cuatro semanas. También se estrenaron películas como Curvas peligrosas (Tito Davison, 1950) el 11 de octubre de 1950, Tacos joven (José Díaz Morales, 1950), con Víctor Manuel Mendoza y Bárbara Gil, y La isla de los hombres solos, una de las más taquilleras de René Cardona padre de 1972, pionero del cine sonoro en Hollywood y en México, que se estrenó el 8 de agosto de 1974 y estuvo en cartelera por nueve semanas. Entre 1959 y 1968 se presentó en este cine la Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos de Acapulco, Guerrero, para dar paso después desde 1971 a la Muestra Internacional de Cine organizada por la Dirección de Cinematografía de la Secretaría de Gobernación para disfrutar del cine de autor, que en su primera edición contó con filmes como El niño salvaje (Francia, François Truffaut, 1970), El dragón de la maldad contra el santo guerrero (Brasil-Francia-República Democrática Alemana, Glauber Rocha, 1969), La Vía Láctea (Francia-Italia, Luis Buñuel, 1968), Muerte en Venecia (Francia-Italia, Luchino Visconti, 1971), Maridos (Estados Unidos, John Cassavetes, 1970) y Vergüenza (Suecia, Ingmar Bergman, 1968). En 1979 el cine Roble fue cerrado por daños en su estructura a consecuencia del sismo con magnitud de 7.6 grados Richter, y en 1994 las estructuras fueron demolidas. Actualmente se ubica allí la nueva sede del Senado de la República, abierta el 13 de abril del 2011. (Cfr. Edificios de México, 2024).

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El sábado 17 de febrero de 1951 don Guillermo Pérez Gavilán inauguró su última sala cinematográfica, con el nombre de cine Ajusco, ubicada en la Calzada de Tlalpan 1264, en la colonia Portales, con 2,250 butacas. La inauguración ocurrió con “un programa sensacional: Pedro Infante, Abel Salazar, Víctor Manuel Mendoza, Sara García, Marga López en Los tres García, a las 4:00 y 7:30. Pedro Infante, Blanca Estela Pavón, Abel Salazar, Víctor Manuel Mendoza, Sara García y Marga López en Vuelven los García, a las 5:45 y 9:15. Toda localidad $2.00”.14 


Al abrir el cine Ajusco muy cerca del cine Bretaña, los vecinos, al encontrarse con la familia de don Guillermo, fueron informados de que abría una nueva sala para volver a pasar la trilogía de Raúl de Anda: El Charro Negro (1940), La vuelta del Charro Negro (1941) y La venganza del Charro Negro (1941). El hijo de don Guillermo, el licenciado Fernando Pérez Gavilán, recuerda que se llevaba un expediente por cine para saber lo que se había exhibido, cuáles eran las cintas de “estreno”, reprise y “segundo reprise”. Al revisar los expedientes, sacó la cuenta del número de veces que su padre puso en cartelera en sus cines la trilogía de Raúl de Anda: en 35 años se presentó 327 veces. También se acuerda que “gracias a su padre, él vivió las casetas de los cines [y], subía con los operadores, porque en ese tiempo se reventaban las películas, como era la proyección con un carbón negativo-positivo, había una flama, entonces cuando no se cuidaba el carbón, llegaba el calor al acetato y se quemaba el acetato, se reventaba la película y el público gritaba: ‘¡Cácaro!’, y se oían los chiflidos, yo subía corriendo a las casetas y ayudaba al operador a pegar la película” (Vidal Bonifaz, 19 al 21 de noviembre de 2019).

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Aunque inició su construcción a partir de 1942, el cine Latino, ubicado en el número 296 del Paseo de la Reforma, se abrió hasta el 28 de abril de 1960. El proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Gabriel Romero, Carlos Vergara y Guillermo Salazar, y contó con sala de proyección con capacidad para 2,500 espectadores. Si bien más austero en su decoración, tenía un mural alusivo a la cultura latinoamericana de enormes proporciones en la zona del vestíbulo principal, de título: Un hombre latinoamericano, obra del artista Octavio Ríos, que realizó en 1960 y que desafortunadamente desapareció tras su demolición. 

De las muchas cintas que se vieron en su sala, puede ser particularmente recordada la película Espejismo, dirigida por Edward Dmytryk en 1965 y protagonizada por Gregory Peck y Diane Baker. En el lobby había una placa alusiva a los seis meses de exhibición continua del filme Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1992), con Lumi Cavazos y Marco Leonardi, sobre la novela del mismo nombre de Laura Esquivel.15 El edificio fue adquirido por el grupo Saba y remodelado, convirtiendo la sala principal en tres salas pequeñas y el lunetario en dos para posteriormente cerrar sus puertas y construir la Torre Reforma.

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El cine Diana se encuentra en el Paseo de la Reforma número 423. Fue diseñado por el arquitecto Leopoldo Gout (sobrino del cineasta Alberto Tito Gout, realizador de grandes películas protagonizadas por las famosas rumberas cubanas, como Ninón Sevilla y María Antonieta Pons, el mismo director de cortos de animación y a su vez padre del también cineasta Everardo Gout, quien realizó la premiada cinta Días de gracia), y se inauguró en mayo de 1962, con 1,950 asientos. Hoy en día cuenta con un restaurante y estacionamiento. Originalmente, los espacios del cine Diana eran y siguen siendo de gran sencillez. Lo que cambió, de manera radical, fue la estructura de la sala principal de proyección. La cadena Organización Ramírez, hoy Cinépolis, compró el cine a la quebrada paraestatal Compañía Operadora de Teatros y seccionó la sala principal en cinco salas, más dos pequeñas salas traseras. En su interior se inauguró en el mismo año de 1962 la escultura denominada Mural de Hierro del artista Manuel Felguérez, que fue considerada como una de las primeras grandes obras de arte abstracto mexicano que rendía un abierto homenaje al cine. Cabe señalar que dicha obra fue prestada al Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la unam para la exposición Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos 1952-1967. La Máxima Casa de Estudios mantiene negociaciones para su posible adquisición. Y, a manera de colofón, podemos decir que otros ejemplos de intervención realizados por pintores son el cine Ermita, donde se encontraba el mural El día y la noche de Xavier Guerrero, el cual fue rescatado y trasladado a los talleres del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), dependencia del Instituto Nacional de Bellas Artes (inba),16 y el telón de madera en forma de biombo para cubrir la pantalla del cine Manacar, pieza elaborada por Carlos Mérida en 1964: “De este modo, mientras los espectadores esperaban el inicio de proyección de la película, pudieran disfrutar a sus anchas las figuras dinámicas de unos bailarines, pintadas con colores armoniosos en pintura acrílica, que rompen con la monotonía de la sala” (Espinosa Campos, abril-junio de 2005).17


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Referencias

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