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Nuestra Señora del Carmen en San Ángel: la fiesta de las tunas
Nuestra Señora del Carmen en San Ángel: la fiesta de las tunas
Hugo Arturo Cardoso Vargas
Director del Seminario Permanente de Estudios de la Fiesta en México

Cuando llegué a la iglesia del Carmen de San ángel me fue casi imposible ingresar, porque era el momento en que se desarrollaba la misa. A pesar de mi imprescindible chaleco con su indeleble leyenda no podía superar la valla humana que me impedía llegar al Altar Mayor y desde ahí contemplar a la numerosa feligresía que llenaba el pequeño pero impresionante templo.  

Quería llegar al fondo del templo porque estaba oyendo a un grupo musical que durante la misa irrumpieron para cantarle Las Mañanitas a la Virgen del Carmen y después, casi sin transición, fue la estudiantina que se encontraba a mi izquierda la que empezó a interpretar otra melodía –no recuerdo cuál–, y por si fuera poco otra estudiantina al otro extremo del altar se unió a la ejecución. Así fueron en sucesión interviniendo una a una las cinco estudiantinas que se encontraban en el lugar hasta que por indicación de algún religioso o alguien vinculado al grupo parroquial todas juntas entonaran Las Mañanitas a la Virgen del Monte Carmelo. Así que fue una experiencia única el poder presenciar la participación de las tunas tanto en su turno como en el gran coro final. Todas aportaron su mejor voz, su mejor interpretación y todo en la majestuosidad de la iglesia se convirtió en una vivencia increíble que fortalecía la experiencia religiosa de los que ahí estábamos.

La misa concluyó con un duelo de estudiantinas, lo que provoco una emoción muy especial entre la feligresía, en el enorme atrio en donde tal vez por agotamiento varios integrantes de esas tunas se despojaron de su vestimenta y guardaron los instrumentos para perderse entre los que estábamos ahí. Otros, al contrario, se apropiaron de un rincón del atrio y ante el gusto de sus familiares, amigos y algunos curiosos, yo incluido, empezaron a ejecutar alguna de las interpretaciones que bien corresponden a este tipo de agrupación. 

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Las estudiantinas, o tunas –como también se les conoce–, son grupos generalmente de estudiantes que además de cursar una carrera universitaria el amor a la música les lleva a reunirse y compartir tanto la ejecución de un instrumento musical como a ejercitar la voz en su acompañamiento y casi siempre están amparadas bajo un pendón de un plantel universitario.

Las tunas que se reunieron en la celebración a Nuestra Señora del Carmen en su templo de San Ángel fueron la de la Facultad de Economía de la unam, la del Centro Universitario Cultural, la de la Universidad Autónoma Metropolitana y la de la colonia Santa Fe, que no representa ni está integrada por estudiantes universitarios sino por familiares y amigos que desde esa zona se reúnen para participar en distintas celebraciones religiosas y paganas.
Por cierto, esta tuna era la más numerosa, con 11 integrantes varones y dos mujeres. Claro que en el atrio de la iglesia del Carmen fueron los que mejor entretuvieron a la numerosa feligresía y a los varios curiosos que se acercaron al escuchar la algarabía, y hasta recuerdo que invitaron al público a corear y aplaudir sus interpretaciones.

Las otras tunas, como ya dije, decidieron guardar, para otra ocasión sus instrumentos y sólo lucían sus bellas capas con una enorme cantidad de afiches y equivalentes que permitían, en una rápida ojeada, conocer la historia del grupo y los lugares que han visitado (eso “dicen” esos vistosos recuerdos; pero no necesariamente podrían corresponder a una visita como grupo).

Pero ahí va un poco de historia. El conjunto arquitectónico del Convento del Carmen en San Ángel Mártir se remonta al siglo xvii porque los frailes carmelitas adquirieron o les fueron donados terrenos en las inmediaciones del Río Magdalena por el cacique indígena de Coyoacán, don Felipe de Guzmán Itzolinque, además de Andrés de Mondragón y Elvira Gutiérrez. El 29 de junio de 1615 se inicia formalmente la obra con la colocación de la primera piedra a cargo del hermano carmelita Andrés de San Miguel. La planta del conjunto, según estimaciones, comprendía la superficie entre las actuales vías de Copilco, Revolución y Universidad, y abarcaba Chimalistac, así que separaba a los pueblos de Coyoacán y San Ángel, las poblaciones más importantes del sur de la ciudad de la época.

En la extensa propiedad, gracias a fray Andrés de San Miguel, se realizó una importante obra de infraestructura hidráulica porque mediante presas, aljibes y canales se aprovechaba el cauce del Río Magdalena para llevar agua a los casi 13 mil árboles frutales que cultivaban los frailes y algunos vecinos del convento. La importancia de esas huertas se demuestra porque abastecían a la mayor parte de los mercados de la ciudad de México no sólo de frutas sino también de legumbres muy diversas.

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De ese complejo conjunto urbano arquitectónico, fue el convento carmelita la Casa del Agua (Avenida Revolución 1747) el único que resistió el paso del tiempo, aunque con la ampliación de la Avenida Revolución se le separó no sólo espacial sino también culturalmente de su entorno inicial. La Casa conserva el aljibe con sus dos arcos de acceso y su frontón; el estanque (con brocal de cantera y surtidor en forma de venera); los deambulatorios, y su fachada o Pórtico de Recreación. Fue declarada patrimonio histórico desde 1972 y aloja la Casa de Cultura Jaime Sabines.

En la esquina norponiente del predio –casi frente a la Casa de Agua–, fray Andrés construyó un hermoso templo, dedicado a la Virgen del Carmen, anexo al convento, que fue edificado entre 1624 y 1626 y para 1628 se daban por terminados los trabajos principales de la construcción. Desde la óptica de la arquitectura consta la iglesia de un magnífico altar barroco y sus tres cúpulas cubiertas por cerámica de Talavera. 

Los dominicos que fundaron el templo de San Jacinto, más al poniente del convento del Carmen, se opusieron en vano a ese más reciente asentamiento de los carmelitas. Así, los habitantes, visitantes y hasta cronistas dejaron de llamar San Jacinto Tenanitla a la población para designarla como San Ángel, nombre que perdura hasta hoy a pesar de que el Colegio en 1634 adquirió, por gestiones de la orden, la advocación de Santa Ana.

El programa festivo es bastante extenso y cubre casi todo el mes de julio. La fiesta inicia el 6 de julio con una kermes de 10 a 16 horas en beneficio del templo del Carmen; del 7 al 15 del mes novenario de misas a las 19:30 horas, y el mismo 15 otra ceremonia para los locatarios del Mercado de las Flores a las 17:30; la celebración del 16, el día grande de Nuestra Señora del Carmen con Las Mañanitas y un concierto con mariachi a las 5:30 horas; después seis misas antes de la Eucaristía solemne a las 12:30 horas; más tarde, a las 16:30, serenata con estudiantinas; continúan las confirmaciones por monseñor Crispín Ojeda Márquez a las 18:30 y finaliza el día con la Eucaristía comunitaria de las 20:00 horas.

El día 19 se realizan dos misas, una en honor de san Elías Profeta a las 7:30 y la de unción de enfermos a las 11:00 horas. El 26 se llevan a cabo las Primeras Comuniones a las 9:30 horas; el 27, procesión de la imagen peregrina de Nuestra Señora del Carmen a partir de las 10 horas; y el 30 concluye el ciclo festivo con la conferencia “Historia del Convento del Carmen” por fray José de Jesús Orozco Mosqueda a las 18:30 horas.


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Por cierto, con la llegada de monseñor Ojeda, que oficiaría la misa en que se realizarían las Confirmaciones y antes de que ingresara al templo, un sujeto sin ningún empacho, sin mediar palabra y sin tomarme en cuenta invadió mi espacio y se colocó entre mi persona y el oficiante y a pesar de que defendí en la medida de mis posibilidades mi lugar, incluso con la misma cámara de grabación, no le importó pues siguió ahí hasta que decidí cambiar mi ubicación y así captar las distintas disposiciones que tomaban los del séquito antes de que entraran todos para oficiar la misa. 

Así que mientras monseñor se encargaba de ver cómo se organizaban los integrantes de su séquito en coordinación con los sacerdotes y los sacristanes del templo del Carmen, en el mismo atrio se reunían o dispersaban las distintas tunas que habían concluido su participación en la misa de las 16:30 horas. El colorido de las distintas túnicas resaltaba aún más con sus innumerables colores originados por los afiches que las salpican por todos lados sin olvidar la imprescindible bufanda en el tono que identifica a la tuna, con el logo y nombre del grupo y en casos excepcionales el del dueño de esa bufanda. 
Así que se armó una pequeña romería en el atrio del Carmen en la que participó en especial la tuna de Santa Fe, porque su primera voz realizó algunas acrobacias que fueron festejadas por quienes rodeábamos al grupo y premiadas con aplausos, y algunos no evitaron reír al ver la una de esas evoluciones peligrosas a cierta edad a pesar de le emoción que proporciona dedicarse –aunque sea por un momento– a lo que más nos gusta.

No puedo concluir sin reconocer la importancia del viejo y muy culto barrio de San Ángel que incluye la iglesia de San Jacinto de los dominicos y que ha logrado varios reconocimientos oficiales como los siguientes:

El año 1934 se le otorga la Declaratoria de Pueblo Típico Pintoresco y en 1987 –por decreto presidencial– fue declarado Zona de Monumentos Históricos. Finalmente, el 5 de agosto del 2010 la Gaceta Oficial del Gobierno del Distrito Federal publicó el decreto que declara al conjunto urbano-arquitectónico (barrios, callejuelas, callejones, plazas, jardines, conjuntos religiosos y casas del antiguo pueblo de San Ángel, incluyendo Tizapán, San Ángel Inn, Altavista, Campestre y Tlacopac) como Patrimonio Cultural Tangible de la Ciudad de México, y a sus expresiones culturales (festividades, manifestaciones artísticas, ferias populares, procesiones, exposiciones de arte, entre otras) como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México.

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