Los exilios bajo la mirada de la Dirección Federal de Seguridad

Los exilios bajo la mirada de la Dirección Federal de Seguridad
Soledad Lastra
Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM

Entre el asilo y la vigilancia

La historia de México es la historia de los exilios. La llegada de los exiliados españoles desde el final de la Guerra Civil, y el enorme entramado de solidaridad diplomática que se tejió alrededor de su salida desde España hasta el puerto de Veracruz, es sólo uno de los puntos de inicio más conocidos en las narrativas exiliares sobre México.

Fig. 1. Refugiados españoles.

Aunque desde la posrevolución México se constituyó en un territorio de refugio para los exiliados latinoamericanos que huían de las convulsiones políticas del continente, fue a partir del gobierno de Lázaro Cárdenas que se cristalizó con más fuerza el imaginario del país refugio.

Fig. 2. Publicaciones conmemorativas.

En la segunda parte del siglo xx fueron los exilios sudamericanos los que nutrieron esta experiencia del refugio mexicano. Políticos, periodistas, escritores y familias enteras debieron dejar sus hogares en Bolivia, Paraguay, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina para ponerse a salvo de las dictaduras más sangrientas que se vivieron en la región. Miles de exiliados encontraron asilo en las embajadas mexicanas y otros pudieron llegar a México con la categoría de inmigrados, pero contaron con la protección explícita de la Presidencia de la nación.

Las historias del exilio en México se han alimentado de gestos humanistas sostenidos por embajadores y funcionarios para salvar la vida de centenares de perseguidos políticos y arrancarlos de las garras del Plan Cóndor. Sin duda, estas experiencias delinearon una memoria del agradecimiento que recupera las medidas de protección dispuestas por los embajadores y su ayuda para que la vida cotidiana en las embajadas fuera la mejor posible. Sin embargo, las historias del exilio también son las de su cara oculta: la del sistema de vigilancia y control que se impuso sobre los exiliados y que funcionó como un mecanismo de alarma, siempre atento a las posibles “alteraciones del orden público” que podrían causar en México.

Desde hace algunas décadas, y a la par del crecimiento de las investigaciones sobre el pasado reciente mexicano, se han abierto las preguntas sobre la forma en la que se conjugó la política del asilo con la matriz de represión contrainsurgente desplegada por el Estado mexicano en la Guerra Sucia.

Fig. 3. Verdades innegables.

Estas contradicciones han generado no pocas incomodidades sobre la narrativa agradecida del exilio en México. ¿Cómo narrar una historia atravesada por estos claroscuros? ¿Cómo explicar que la política receptiva de México implicó, también, el despliegue de una matriz de vigilancia y control permanente sobre los exiliados?

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Una larga historia de exilios bajo la mirada de la dfs

La vigilancia mexicana a los exiliados inició tempranamente, con el interés del Estado posrevolucionario de controlar a los extranjeros y a cualquier ciudadano que pudiera significar un problema para el proceso de institucionalización de la Revolución. Esta decisión política de control se acompañó, en muchos casos, de la aplicación del artículo 33 de la Constitución mexicana —aún vigente— que establece la prohibición a los extranjeros de inmiscuirse en cuestiones de política interna. Este artículo funciona como una amenaza real y simbólica, ya que cualquier hecho de esa naturaleza puede ser considerado una causa de expulsión inmediata del territorio nacional.

El control del Estado mexicano se fue perfeccionando con los años y, a partir de la Guerra Fría, algunos órganos de vigilancia crecieron y se fueron especializando. Así nació la Dirección Federal de Seguridad (dfs),1 un órgano estatal que vigiló al exilio a lo largo de toda su historia institucional. Gracias al trabajo de conservación y apertura del archivo de la dfs, podemos conocer hoy con mayor detalle cómo fue ese espionaje sobre los exiliados y qué aspectos se fueron destacando de las actividades cotidianas, sociales y políticas de los que arribaban a México.

A contracorriente de lo que se podría imaginar, los exiliados españoles, aquellos que marcaron un punto de inflexión en la política del refugio, fueron muy vigilados por la dfs. Aunque el gobierno de Cárdenas había dispuesto una política de puertas abiertas y de generosidad respecto a la recepción de los españoles republicanos, la dfs hizo de esta comunidad un grupo altamente vigilado.


Fig. 4. Ficha DFS Exiliados Españoles.

En el gobierno de Adolfo López Mateos, los agentes de la dfs siguieron de cerca a los exiliados españoles y registraron todos sus movimientos. El 14 de abril de 1957, por ejemplo, se infiltraron en el cine Florida, en donde los exiliados españoles entregaron a Lázaro Cárdenas un reconocimiento por su política de asilo. Dos años después, en 1959, los agentes también estuvieron presentes en un acto público de protesta que los españoles realizaron frente a la embajada de los Estados Unidos en México para denunciar “la muerte de la democracia” a partir de la visita que el presidente Eisenhower realizó a Franco en España.

La dfs también respondió a las denuncias que los ciudadanos mexicanos hicieron sobre supuestas prácticas peligrosas de los españoles. En 1962, por ejemplo, desplegó a sus agentes de forma permanente sobre la carretera México-Toluca para identificar si existía un campo de entrenamiento militar de los españoles antifranquistas.


Fig. 5. Expediente Manifestación de exiliados españoles, diciembre de 1959.

Esta vigilancia desplegada sobre distintos ámbitos de la vida social y política del exilio español en México incluyó espacios de solidaridad que eran sostenidos con el apoyo y las contribuciones del mismo gobierno: la Casa de España, por ejemplo, era objeto de un control activo, en el cual se registraban todo tipo de movimientos, desde reuniones políticas y la organización de mítines antifranquistas hasta momentos artísticos y culturales.


 Fig. 6. Documento Mitin antifranquista en la Casa de España, julio de 1953.

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Los sudamericanos

Los exiliados sudamericanos que llegaron a México desde mediados del siglo xx formaron una colectividad heterogénea, caracterizada por múltiples adscripciones políticas y por temporalidades del exilio distintas. Si tuviéramos que marcar un momento de quiebre en las trayectorias del exilio sudamericano, 1973 es paradigmático, ya que el 11 de septiembre de ese año se produjo el golpe de Estado de Pinochet contra Salvador Allende, generando una oleada masiva de expulsiones desde Chile hacia el resto del mundo.

México había comenzado a recibir a exiliados sudamericanos provenientes de Brasil, Bolivia y Paraguay desde antes del golpe en Chile; sin embargo, a partir de 1973 y hasta 1976, cuando se instaló la última dictadura militar en Argentina, los exilios se volvieron generalizados y el arribo al territorio mexicano se convirtió en un asunto que implicó asilo, gestión y control. 


Fig. 7. Expediente Asilados chilenos, 11-237 L 12.

Esta expulsión masiva desde el Cono Sur se fortaleció, además, por la ejecución del Plan Cóndor, una coordinación represiva pactada entre las dictaduras de la región para detener y desaparecer a los militantes políticos en operativos transfronterizos y extraterritoriales. En tal sentido, México, por su lejanía geográfica, por la ruptura de las relaciones con Chile y por su política de asilo, se presentaba como un buen territorio en el cual encontrar refugio.

La vigilancia de la dfs comenzó desde el contacto con las embajadas mexicanas que estaban en América del Sur y que enviaban listados de las personas que, asiladas, llegarían a México en aviones dispuestos para tal fin. Esa vigilancia también se reflejó en la información que la dfs tenía sobre los asilados, sus condiciones de salud y las amenazas que se cernían sobre ellos si decidían salir del recinto diplomático. Ya con el salvoconducto otorgado, los agentes elaboraban informes sobre los aterrizajes de los aviones, les tomaban fotografías, registraban sus datos generales y los del grupo familiar y los seguían hasta los hoteles que la Secretaría de Gobernación había conseguido para sus primeras noches en México.


Fig. 8. Expediente Asilados uruguayos, 11-250.

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La vida en el exilio se fue construyendo desde el refugio y la vigilancia. La dfs se mantuvo cerca de las casas de solidaridad que los sudamericanos crearon emulando la experiencia de los exiliados españoles. Se infiltraron en sus actos políticos, en sus peñas y ciclos de cine, y en los movimientos que iban haciendo día a día para conseguir una vivienda, llevar a los hijos a la escuela, conseguir un trabajo o pasear por Chapultepec.


Fig. 9. Expediente Asilados argentinos 11-225 L 2.

Se vigilaban especialmente las actividades políticas de los exiliados, sus protestas y denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos que se cometían en sus países. Se registraban también las posibles tensiones diplomáticas que este activismo podría tener para la política exterior mexicana. Entre otras acciones, los agentes registraron las sesiones celebradas en 1975 por la Comisión Internacional Investigadora de los Crímenes de la Junta Militar en Chile; las Jornadas de la Cultura Uruguaya en el exilio realizadas en 1977; el repudio público ante la visita del dictador brasileño Ernesto Geisel en enero de 1978; y múltiples foros y mesas de debate que organizaron las casas de solidaridad del exilio argentino para denunciar la prisión política, las torturas y la desaparición de personas. 


Fig. 10. Huelga de hambre de asilados bolivianos, 1978.

Algunas de estas actividades se realizaban frente a las embajadas, consulados, en estadios de futbol o en las iglesias y podían involucrar desde la entrega de volantes y la pega de carteles hasta huelgas de hambre como la de los asilados bolivianos en 1978.


Fig. 11. Concentración frente a la embajada argentina, octubre de 1983.


Fig. 12. Protesta por la visita de Geisel, 11-237 L7.


La vigilancia se combinó con otras herramientas de control sobre los exiliados, como el artículo 33 ya mencionado. Así, por ejemplo, en mayo de 1973, los agentes elaboraron un informe exhaustivo sobre el trabajo que los exiliados bolivianos realizaban como profesores en la unam en el que valoraban que “se han abstenido de intervenir en actividades de tipo político, limitándose a cumplir con el trabajo que se les ha asignado”.

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Los guatemaltecos

La dfs funcionó hasta 1985. Su cierre se debió a los actos de corrupción en las que estuvo involucrada y a los lazos que la estructura fue teniendo con redes criminales y del narcotráfico. Antes de ese cierre, los agentes de la dfs se ocuparon de vigilar a los exiliados centroamericanos, en particular a aquellos que llegaron expulsados por el conflicto armado, el accionar de los paramilitares y la política de tierra arrasada. Si bien la presencia de los exiliados guatemaltecos no era nueva para la dfs, a partir de la década de 1980 su irrupción masiva trastocó todo lo imaginado por la magnitud y la vulnerabilidad en la que se encontraban las familias exiliadas.  

 Este éxodo masivo obligó al gobierno mexicano a tomar medidas extraordinarias para la recepción y el control de ese flujo migratorio. La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (comar)2 se creó en ese contexto con la intervención de la Organización de las Naciones Unidas (onu) y el apoyo del gobierno y de organizaciones de la sociedad civil que contuvieron a los nuevos refugiados en campamentos especiales en un contexto de fuertes temores a que se los deportara. La dfs vigiló toda la estructura de la comar y creó un registro riguroso de todos sus movimientos.


Fig. 13. Notas sobre refugiados guatemaltecos en México.

En los campamentos se ocuparon de conocer las dinámicas de los refugiados, sus enfermedades, las necesidades de alimentación y si tenían expectativas o no de regresar a Guatemala. Además, se ocuparon de detectar los perfiles políticos de esa migración que podía constituir un elemento peligroso para el orden interno. Así, la Secretaría de Gobernación junto a otros organismos estatales, como la Secretaría de la Defensa, y en diálogo con la Agencia de la onu para los Refugiados (acnur) y la comar establecieron protocolos de actuación. En ese proceso se produjeron hechos de tensión y de violencia ante la presencia del ejército guatemalteco que en distintos eventos violó la soberanía mexicana y amenazó la vida de los campamentos.


Fig. 14. Hostilidades contra los refugiados guatemaltecos en México.












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El temor al trabajo político de los guatemaltecos en México no era nuevo, ni era exclusivo del gobierno de Guatemala. La dfs también construyó una base de datos sobre los refugiados que podrían estar involucrados con las guerrillas y los movimientos revolucionarios centroamericanos. Este pretendido temor formaba parte de la matriz de seguridad interna que nutría a toda la organización de vigilancia de la dfs y de otras agencias estatales. Se alimentaba, además, del escenario de fuerte insurgencia que se vivía en todo el país a raíz del surgimiento y la actuación de las guerrillas mexicanas. Recordemos que, además de ser un órgano de vigilancia, la dfs fue una policía política con un brazo armado, técnico y especializado en el desarme de esa insurgencia a través de planes represivos que se ejecutaban con detenciones arbitrarias, torturas y desaparición forzada. Por ello, los agentes seguían de cerca y ponderaban el verdadero poder que podía significar la articulación de los exiliados políticos con los líderes de las guerrillas urbanas y rurales mexicanas, con el movimiento campesino y estudiantil, y con la izquierda mexicana, entre otros.

Si revisamos desde estas fuentes de vigilancia la historia de los exilios en México podemos comprender experiencias hasta ahora poco conocidas sobre las zonas grises de las políticas de recepción y asilo.


Fig. 15. Informe y resolución sobre internación masiva de extranjeros.


Fig. 16. Ficha COMAR, F 37_C4_38.


Fig. 17. Ficha guatemaltecos F 31_C4_1205.







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Bibliografía

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- Dutrénit Bielous, Silvia, “Encrucijadas del exilio uruguayo: una observación basada en los agostos mexicanos de 1977 y 1978”, en Projeto História, 2015, núm. 53. Disponible en: https://revistas.pucsp.br/index.php/revph/article/view/24077

- Lastra, Soledad (comp.), Espionaje y control en el país refugio. La DFS frente a los exiliados sudamericanos en México, inehrm/Segob-Circular de Morelia, México, 2024. Disponible en: https://memoricamexico.gob.mx/es/memorica/Cedula?oId=Yu5UuJQBDNYR_80G_C5V

- Morales Muñoz, Daniela, “Brasileños asilados en México. Dos casos de excepción”, en Historia Mexicana, 70(2), 2020, pp. 839-891. Disponible en: https://doi.org/10.24201/hm.v70i2.4169

- Moreno Rodríguez, Laura, Vigilar al exilio centroamericano. Informes confidenciales sobre su presencia en México, 1930-1940, inah, México, 2016. Disponible en: https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/issue%3A1233

- Valdez, César, Enemigos fueron todos. Vigilancia y persecución en el México posrevolucionario, Bonilla Artigas, México, 2021. Disponible en: https://www.academia.edu/102965542/Enemigos_Fueron_Todos

- Yankelevich, Pablo, “Los rostros de Jano: vigilancia y control de los exiliados latinoamericanos en México (1960-1980)”, en Revista del EIAL, vol. 30(1), Universidad de Tel Aviv, 2019. Disponible en: http://eial.tau.ac.il/index.php/eial/article/view/1600

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