El espíritu detrás de la documentación
El espíritu detrás de la documentación
Alberto Rodríguez García
Encargado del Archivo de Concentración e Histórico de la SEP de 2007 a 2012
“Los documentos y la información son como un testigo: Habla sólo si se le interroga” (Marc Bloch).
Agradezco al Archivo General de la Nación (agn) esta nueva oportunidad de colaborar en sus publicaciones. El servicio público adquiere mucho sentido cuando se actúa con la convicción de pertenencia y manifestando interés y respeto al desempeñar nuestra responsabilidad institucional. Estas líneas son una breve narrativa personal sobre hechos relacionados con la construcción de memoria documental dentro de la Secretaría de Educación Pública (sep).
Para toda persona es difícil imaginar hasta dónde y de qué forma nos pueden influenciar las vivencias de la infancia a través del tiempo, incluyendo la vida profesional, y éste, se podría decir, es uno de esos casos. Mi primer contacto con documentos oficiales que se organizaban y se guardaban fue de niño, ya que mi madre en esa época trabajaba en la sep, específicamente en el área encargada de dos acervos: el correspondiente a los Institutos Tecnológicos y al denominado Archivo de Concentración e Histórico.
Fue ahí donde, bajo la orientación de mi madre, comencé a hojear y leer datos, fechas y nombres que en su conjunto para mí no tenían un significado, y por lo mismo, no me percataba de lo valiosos que algunos documentos son para una institución. Siempre me sorprendió la gran cantidad de hojas, oficios, carpetas y hasta cajas donde se guardaban “documentos del trabajo”. Y desde ese momento, y a lo largo de los años, quedó en mi memoria la interrogante de qué se hacía con todo aquello.
En 1992, al ingresar en la sep, inició mi camino en el estudio, capacitación y trabajo cotidiano ligado a la administración documental, concretamente en tareas de asesoría archivística, para después formar parte de la Oficina de Asesoría y Normatividad del Archivo de Concentración e Histórico de 1998 a 2002.
En distintos momentos y épocas de mi labor son innumerables las experiencias y los conocimientos que pude descubrir al estudiar y desarrollar lo que después aplicaba en mi trabajo. Todo con la idea de que los acervos de infinidad de documentos pudieran ser organizados y conservados de acuerdo con la naturaleza de su contenido, y más aún, cuando la cultura en la administración documental se comenzó a especializar en la Administración Pública por aquellos años.
Como parte de estas experiencias destaco el honor de representar a la sep en el tema archivístico, incluyendo mi participación como integrante del Comité Técnico de Correspondencia y Archivos (cotecuca), previo a la entrada en vigor de la Ley General de Archivos. Fue muy interesante vivir la evolución institucional que fue haciendo posible la profesionalización, la cultura en el manejo de información, así como la metodología del ciclo vital del documento, sus diversas clasificaciones y otros instrumentos de la administración documental.
Se puede afirmar que para desempeñar estas tareas, y contribuir a la adecuada selección de documentos y de su correcta valoración para darles tanto su ubicación como su destino final, es necesario que exista la decisión institucional para implementar y desplegar normas y acciones, así como sumar el espíritu de servicio y compromiso de quienes intervienen como responsables para llevar a cabo estos trabajos.
Desde mi visión personal no debe omitirse como punto relevante el considerar como base los instrumentos de control archivísticos, conocer la esencia y las funciones de cada área, el método de clasificación, así como la selección para determinar qué documentos se habrán de conservar y cuáles deben darse de baja, teniendo como referencia máxima el contribuir a la preservación de la Memoria Histórica de la sep.
Todo ello me dio la oportunidad de ser nombrado encargado del Archivo de Concentración e Histórico de 2007 a 2012. Durante este periodo pude confirmar que estas tareas son cotidianas, la trascendencia que han tomado y el convencimiento de que hay mucho por desarrollar considerando que es el trabajo de campo el factor clave, y el de escritorio como su complemento para hacerlo de forma exitosa.
Durante mi gestión me propuse dar impulso al establecimiento y a la difusión de una cultura archivística, verificando que el personal encargado de este tema en la sep la aplique como una disciplina de carácter eminentemente práctico y con una legítima conciencia de hacer posible la sistematización de los archivos para ordenar, conservar y administrar los documentos, manteniéndose el reto para tomar decisiones e implementar mayor volumen de trabajo debido al enorme universo que representa la Secretaría dentro de la Administración Pública.
He tenido la satisfacción de asistir a diversas reuniones sobre el tema de archivos, en particular a Tabasco, Oaxaca, San Luis Potosí, Campeche y Morelia. 
De igual forma, tener presencia desde los primeros tiempos en todas las reuniones que se generaban en el agn, donde pude constatar que la gestión de documentos comprende las técnicas y los procedimientos utilizados para tener al alcance de forma ordenada la información, y la importancia de su difusión para que sea de fácil acceso para su consulta.
Lo anterior, sin olvidar que el ciclo integral y vital de la documentación incluye los procesos de organización, acceso, consulta, valoración y conservación. Dichos procedimientos suelen ser más eficientes cuando las personas encargadas de llevarlos a cabo logran involucrarse con un gran nivel de compromiso, de convicción, y con una filosofía de trabajo que contribuya a identificar la esencia y ponderar la historia de la Secretaría.
Está en todo momento presente en mi memoria la organización de archivos; en particular, recuerdo de forma especial la labor con la tabla de transferencias y caducidades antes de la homogeneización de los lineamientos y de la Ley General que comenzaban a establecerse como disposición y forma adecuada de trabajo, ya que en esa época existía como marco de referencia una incipiente normatividad en materia de transparencia, pero no una especializada en relación con los archivos.
Estas líneas son también un reconocimiento a mis mentores a lo largo de mi vida laboral, ya que tuve la fortuna de trabajar, y recibir invaluables conocimientos, con distinguidos y talentosos personajes, como Alicia Barnard y Araceli Alday, y, en su momento, con la maestra Patricia Galeana al frente del agn y de los lineamientos señalados por el Gobierno Federal en materia de los archivos generados en las instituciones públicas.
Con emoción expreso que jamás imaginé que algún día ese niño que descubrió “montones y cajas de documentos” se convertiría en la persona responsable del Archivo de Concentración e Histórico de la sep. También recuerdo, y es importante destacarlo, que esa área disponía de numeroso personal, con lo que el proceso inició con grandes expectativas, objetivos y metas por alcanzar; situación que ha venido cambiando, tanto en el enfoque como en el fortalecimiento de los medios para operar las tareas de archivo, marginando las acciones y por consecuencia los resultados positivos en esta tarea tan fundamental.
Me da mucho gusto contar con algunos de los reconocimientos que se me han otorgado por mis trabajos relacionados con el tema de archivos: asesoría y préstamo de archivos fotográficos al ex presidente Felipe Calderón Hinojosa; participación en la Conmemoración de los 90 años de sep por parte del área de asesores del secretario Alonso Lujambio; el reconocimiento de la directora del Museo Frida Kahlo y Diego Rivera, contando con la presencia de la doctora Guadalupe Rivera Marín, hija del pintor citado; participación con apoyo de material para la exposición sobre la Etapa del Cardenismo en el Museo de la Revolución en el entonces Distrito Federal, junto al licenciado Marcelo Ebrard, en ese momento jefe de Gobierno; y el gran honor de presentar una ponencia en la Tercer Reunión de Archivos del Gobierno Federal en la Secretaría de Gobernación, experiencia inolvidable.
Es propicio hacer énfasis en el papel que desempeñan las personas responsables y participantes en las áreas encargadas de las políticas de gestión documental y manejo de archivos institucionales dentro del ámbito público, ya que el factor humano, su actitud, su constante estudio y capacitación, la actualización permanente en métodos y técnicas, son indispensables para lograr con mayor éxito los esfuerzos en la construcción y la conservación de éstos, sobre todo en aquellos que cumplen con las características para ser considerados históricos. 
El sentido de la conservación de documentos es darle oportunidad a futuras generaciones de conocer y adentrarse en un universo de información que facilite e incremente sus conocimientos, ya sea para su formación o su desempeño, pues atesorar la historia será útil para construir el futuro. Y resulta de la mayor importancia transmitir e inculcar el “espíritu” en los servidores públicos encargados de las tareas de archivo, mismo que debe imponerse en cada uno de los actos y las etapas en las que participa. Sin este espíritu, estoy seguro de que la valoración de los documentos tristemente quedaría sólo en un volumen de papeles sin trascendencia y sin visión para conservar la historia de las instituciones.