El Corolario Polk a la Doctrina Monroe (1845) II

El Corolario Polk a la Doctrina Monroe (1845) II
Raúl Figueroa Esquer
Instituto Tecnológico Autónomo de México

Desde la proclamación de la Doctrina Monroe hasta el Corolario de James Knox Polk, el 5 de diciembre de 1845, habían transcurrido 22 años. El expansionismo territorial estadunidense continuaba su desarrollo. Ya desde 1804 había tenido lugar la compra de la Luisiana a Napoleón Bonaparte, la cual le proporcionó, además, todos los estados que ahora constituyen el Oeste Medio (Middle West) de dicho país. 

Las Floridas occidental y oriental habían sido cedidas por España a la Unión Americana por medio del Tratado Adams-Onís de 1819. Y en ese año decisivo: 1845, fue también el de la anexión de la llamada República de Texas. 

En efecto, cuando Polk inició su periodo presidencial, tres días antes, el 28 de febrero, el Senado y la Cámara de Representantes habían aprobado la Resolución Conjunta, que suponía la anexión de la República de la “Estrella Solitaria”, si bien esta laboriosa Resolución fue un logro del antecesor de Polk, el presidente John Tyler, quien otorgó la sanción presidencial el 3 de marzo, último día de su mandato.

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En otras palabras, cuando Polk realizó su juramento, al siguiente día, 4 de marzo, el asunto ya estaba resuelto por parte de los poderes residentes en Washington: el Ejecutivo y el Legislativo. Así lo declaró Polk en su toma de posesión:

“La República de Texas nos ha hecho conocer sus deseos de ingresar a nuestra Unión para formar parte de nuestra Confederación y gozar con nosotros de los beneficios de la libertad conseguidos y garantizados por nuestra Constitución. Texas, que en un tiempo formaba parte de nuestro país, y fue imprudentemente cedida a una potencia extranjera, es ahora independiente y posee el indudable derecho de disponer de una o de todo su territorio y de fundir su soberanía de estado independiente y soberano con la nuestra. Felicito a mi país porque en virtud de un decreto del Congreso de los Estados Unidos haya dado este Gobierno el consentimiento para la reunión, y falta solamente que los dos países convengan en los términos en que habrá de consumarse un propósito tan importante para ambos. [Lo escrito en cursivas son mentiras de Polk.]

”Considero el problema de la anexión concerniente exclusivamente a los Estados Unidos y a Texas. Son potencias independientes, capaces para contratar, y las naciones extranjeras no tienen derecho para interponerse entre ellas o para hacer objeciones a su reunión. Las potencias extranjeras no parecen comprender el verdadero carácter de nuestro Gobierno. Nuestra Unión es una Confederación de Estados independientes cuya política es la paz de uno con otro y con todo el mundo. Ensanchar sus límites equivale a extender el dominio de la paz sobre territorios adicionales y sobre millones de habitantes. El mundo no tiene nada que temer de la ambición militar de nuestro Gobierno [¿?]. Mientras que el Primer Magistrado y la rama popular del Congreso sean electos para un corto plazo por los sufragios de esos millones que tienen que apoyar en sus propias personas todas las cargas y miserias de la guerra, nuestro gobierno no puede ser sino pacífico. Las potencias extranjeras deberían, por consiguiente, considerar la anexión de Texas a los Estados Unidos, no como la conquista de una nación que trata de extender sus dominios por medio de las armas y de la violencia, sino como una adquisición pacífica de un territorio que en un tiempo fue suyo, agregando otro miembro a nuestra Confederación con el consentimiento de ese miembro, disminuyendo por este hecho las probabilidades de guerra y abriéndole [a Texas] mercados nuevos y cada día mayores para sus productos. Para Texas la reunión es importante porque el brazo protector de nuestro Gobierno se extenderá sobre ella, y los vastos recursos de su fértil suelo y de su agradable clima se desarrollarán rápidamente, mientras que la seguridad de Nueva Orleans y de nuestra frontera a la del suroeste contra cualquier agresión hostil, así como los intereses de toda la Unión quedarán beneficiados por este hecho.”


Texas coming in.

Cinco meses después del discurso de Polk, los asuntos se complicaron más para nuestro país por la intromisión de España por medio de su ministro plenipotenciario, Salvador Bermúdez de Castro, con el fin de establecer una monarquía en México.

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Abundan las pruebas documentales para conocer el pensamiento de Polk y de su administración, la cual era absolutamente contraria a la intervención de las potencias europeas en México. Esto como respuesta a las intrigas europeas, aunque en los Estados Unidos se culpaba más a Gran Bretaña que a una potencia de segundo orden como lo era España. Sin embargo, algo de lo que se urdía en México trascendió a la Unión Americana. Entonces Polk, en su primer mensaje anual al Congreso, el 2 de diciembre de 1845 realizó una nueva interpretación de la Doctrina Monroe:


Mapa de los Estados Unidos de México, 1828.

“La rápida extensión de nuestras colonias en territorio hasta ahora desocupado, la agregación de nuevos estados a nuestra Confederación, la expansión de los principios de libertad y nuestra creciente grandeza como Nación, están atrayendo la atención de las potencias europeas, y últimamente en algunas de ellas, se ha mencionado la doctrina de un “equilibrio de poderes” en este Continente para contener nuestro avance.

”Los Estados Unidos, sinceramente deseosos de conservar relaciones de buen entendimiento con todas las naciones, no pueden guardar silencio ante cualquier intromisión europea en el Continente Norteamericano, y si semejante intromisión se intentara, estaríamos dispuestos a resistirla a toda costa.

”Es bien sabido por el pueblo estadunidense y por todas las naciones, que este gobierno nunca se ha entrometido en las relaciones existentes entre otros gobiernos. Nunca hemos tomado parte en sus guerras o en sus alianzas; no hemos tratado de adquirir territorios suyos por conquista; no nos hemos mezclado en las luchas internas de sus partidos, y creyendo que nuestra forma de gobierno es la mejor, nunca hemos tratado de propagarla por medio de intriga, por la diplomacia o por la fuerza. Podemos reclamar, por consiguiente, para este continente la misma actitud de no intervención de parte de los europeos. Las naciones de América son igualmente soberanas e independientes que las de Europa. Poseen los mismos derechos y son independientes de toda interposición extranjera para hacer la guerra, para concluir la paz y para manejar sus asuntos internos.


The gradual abolition off the slave trade or leaving of sugar by degrees.

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”El pueblo de los Estados Unidos no puede, por consiguiente, mirar con indiferencia los intentos de las potencias europeas para entrometerse en la acción independiente de las naciones de este continente. El sistema americano de gobierno es totalmente distinto del de Europa, los celos entre los diversos soberanos de Europa les han conducido a desear ansiosamente el establecimiento de lo que ellos llaman el equilibro de poderes, por temor de que alguno de ellos pudiera llegar a ser demasiado poderoso frente a los demás. Este sistema no puede permitirse que tenga aplicación al Continente Norteamericano y, especialmente a los Estados Unidos.


Ataque hacia el Molino del Rey, reprografía de una ilustración de Carlos Nebel. 


U.S. dragoons, cutting their way through a mexican ambuscade.

”Debemos mantener siempre el principio de que los pueblos de este Continente son los únicos que tienen derecho para decidir de sus propios destinos. Si alguna porción de ellos, que constituya un estado independiente, se propone unirse a nuestra Confederación, esto será cuestión que tendrá que decidirse entre ese pueblo y nosotros, sin interposición extranjera. Nunca podemos consentir en que las potencias europeas se atreviesen para impedir semejante unión, porque ello pudiera trastornar el equilibrio de poderes que desean mantener en este continente. Hace cerca de un cuarto de siglo que se anunció claramente al mundo el mensaje anual de uno de mis predecesores [James Monroe] el principio de que “los continentes americanos, por la libre e independiente condición que han adoptado y mantenido, no podrán considerarse en lo sucesivo como objeto de futuras colonizaciones por ninguna potencia europea”.

”Estos principios se aplicarán con mucha mayor fuerza si cualquier potencia europea intenta establecer una nueva colonia en circunstancias existentes del mundo, la presente se considera una ocasión apropiada para reiterar y reafirmar el principio adoptado por el señor Monroe, y para declarar mi cordial acuerdo con su sabiduría y sana política. La reafirmación de este principio con referencia espacial a la América del Norte es hoy tan sólo la proclamación de una política que ninguna potencia [europea] creemos se encontrará dispuesta a resistir. Los derechos existentes de las naciones europeas serán respetados; pero conviene a nuestra seguridad y nuestro interés, que a la protección efectiva de nuestras leyes se extienda sobre todos nuestros límites territoriales, y que se anuncia claramente al mundo como política adoptada por nosotros, que ninguna colonia europea o ningún dominio futuro se planteará o establecerá con nuestro consentimiento en ninguna parte del continente norteamericano.”


The U States steamers, Scorpion, Spitfire, Vixen and Scourge; with 40 barges in tow, crossing the bar at the mouth of Tobasco River, Mexico.


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Con razón se ha dicho que el presidente Polk hizo un corolario de la Doctrina Monroe cuyas necesidades adoptó en 1845. Monroe trató de proteger a un continente entero; a Polk le interesa demostrar cómo en la región del Norte de América (incluye a México, sin mencionarlo) nunca permitiría ningún tipo de intervención europea.


Amérique Septentrionale / par J.-B. Poirson...

En esta ocasión, como en muchas otras, los diplomáticos y la prensa estadunidense, a pesar de que no contaran con pruebas incontrovertibles, demostraban que estaban enterados (aunque en forma confusa) de las intrigas realizadas por los agentes europeos en México. Sin embargo, todo parece indicar que se inclinaban más bien a depositar la culpa en Gran Bretaña. A los estadunidenses les parecía lógico, dado el enfriamiento de sus relaciones con su antigua metrópoli con motivo del asunto aún irresuelto del territorio de Oregón. No creían que estos enredos proviniesen exclusivamente de una potencia completamente secundaria en el concierto europeo, como era el caso de España. No pensaban que esta última se fuese a aventurar sola en planes tan ambiciosos. 


Cuenta de la percepción, distribución e inversión de los diez millones de pesos, que produjo el tratado de La Mesilla, celebrado por el Gobierno Supremo de la República, con el de los Estados-Unidos de América, en 13 de diciembre de 1853.

Ciertamente que España, para llevar a cabo sus planes de instaurar una monarquía en México, necesitaba apoyarse en aquellas potencias de las cuales era cliente: Gran Bretaña y Francia. Conviene destacar una vez más la fobia angloamericana sobre el sistema monárquico de importación europea y, por otra parte, el cinismo del cual Salvador Bermúdez de Castro hacía gala (en sus despachos no cifrados) de que su intervención en los asuntos internos de México fuese sólo invención de los yanquis. La situación más desventajosa recaía en el “malhadado” México. Este país sufriría un doble embate: el deseo de una guerra de conquista e invasión por parte de los Estados Unidos; y por otra, el que fuese presa de maquinaciones por parte del gobierno de España, que amenazaban la forma política de gobierno republicano que había adoptado desde 1824.


Battles of Mexico. Survey of the line of operations of the U.S. Army, under the command of Major General Winfield Scott, on the 19th & 20th August & on the 8th, 12th & 13th September, 1847.

Para finalizar, cito a un gran biógrafo de Polk, Samuel W. Haynes, que me parece el mejor balance de la administración del presidente, al asegurar que: “Con la anexión de Texas, el establecimiento de la frontera de Oregón y la cesión mexicana, el dominio nacional estadunidense creció en 1,2 millones de millas cuadradas” [ de ellas: 2’378,530 kilómetros cuadrados y 100 mil mexicanos pasaron a ser extranjeros en una tierra que les era propia]. El mismo Haynes afirmaba que: “Por otra parte, Polk agravó las tensiones que desembocarían en la Guerra Civil poco más de una década después de dejar el cargo. Además, sus políticas beligerantes hacia México y su decisión de hacer la guerra por motivos dudosos de defensa nacional siguen figurando entre los capítulos más controvertidos de los anales de las relaciones internacionales de los Estados Unidos”.


"Recuerdo del Centenario Colegio Militar 1".

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Fuentes consultadas

Figueroa Esquer, Raúl, Entre la intervención oculta y la neutralidad estricta. España ante la guerra entre México y Estados Unidos, 1845-1848, Instituto Tecnológico Autónomo de México / Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1999.

Haynes, Sam W., James Polk and the Expansionist Impulse, Longman, Nueva York, 1997.

Jay, William, Revista de las causas y consecuencias de la Guerra Mexicana, versión española de Guillermo Prieto Yeme, Polis, México, 1948.

Livermore, Abiel Abbot, Revisión de la guerra entre México y los Estados Unidos, trad., pról. y notas de Francisco Castillo Nájera, Talleres Gráficos de la Nación, México, 1948.

Mendoza Martín, Irene, y Fernando Moya Berlanga, “María Buschental; una salonnière en Madrid”, en Estudios de Historia de España, vol. 22, núm. 2, 2020, pp. 160-177.

Merk, Frederick, y Louis Bannister Merk, La Doctrina Monroe y el expansionismo norteamericano, 1845-1948, trad. de Eduardo Goligorsky, Paidós, Buenos Aires, 1966.

Polk, James K, Diario del Presidente Polk (1845-1849). Reproducción de todos los asientos relativos a México, tomados de la edición completa de Milo Milton Quaife con numerosos documentos anexos relacionados con la guerra entre México y Estados Unidos, recop., trad., pról. y notas de Luis Cabrera, Antigua Librería Robredo, México, 1948.

Price, Glenn William, Los orígenes de la guerra con México. La intriga Polk Stockton, trad. de Ángela Muller, Fondo de Cultura Económica, México, 1974.

Santovenia, Emeterio S., El presidente Polk y Cuba, 2ª ed., Imprenta “El Siglo XX”, La Habana, 1936.

Sellers, Charles, James K. Polk, 2 vols., Princeton University Press, New Jersey, 2023 [1957].

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