Visiones y perversiones sobre/en algunas salas de cine de la Ciudad de México I
Visiones y perversiones sobre/en algunas salas de cine de la Ciudad de México I
Dra. Rosario Vidal Bonifaz
Departamento de Sociología de la Universidad de Guadalajara *
Para Iván Trujillo, por estar siempre presente en mi vida.
En el siglo xx, en México, al igual que en otros países del mundo, se construyeron grandes salas cinematográficas de hasta cuatro mil butacas, buena parte de ellas decoradas de forma exótica, al estilo art déco o el barroco californiano, entre otros, lo que permitió disfrutar de forma masiva de dicho espectáculo. Pero todo había comenzado décadas atrás, aunque con los mejores augurios.
El entonces presidente Porfirio Díaz Mori, ejemplo insuperable de los dictadores liberales latinoamericanos, fue uno de los primeros espectadores del espectáculo cinematográfico en México. La noche del 6 de agosto de 1896 presenció, acompañado de su familia y de algunos amigos en el Castillo de Chapultepec, una función privada a cargo de los representantes de la empresa de los Lumière, Gabriel Antoine Veyre y Claude Ferdinand Bon Bernard. La primera función pública del cinematógrafo Lumière en México ocurrió el viernes 14 de agosto de 1896 en la Segunda calle de Plateros número 9 (hoy Madero), en un local habilitado en el entresuelo de la Droguería Plateros que ocupaba en ese tiempo la Bolsa Mexicana de Valores, con vistas como Una carga de coraceros y La comida del niño. (Cfr. Leal, Flores Villela y Barraza, 2006: 167).
Luego de un breve periodo de “trashumancia fílmica” por buena parte del territorio mexicano, hacia 1906 da principio el establecimiento sistemático de salas en la capital del país y en varias ciudades del interior. Con el nombre de Salón Rojo, su nuevo dueño, Germán Camus, reinaugura en octubre de 1907 lo que antes era el Salón Cinematográfico, en una construcción palaciega de 1775, ubicada en la esquina de San Francisco y Coliseo, hoy las calles de Madero y Bolívar, con 400 asientos en la planta alta y 310 en la planta baja.1 Este salón fue sumamente conocido en su época y llegó a convertirse en uno de los rincones favoritos de muchos de quienes después serían protagonistas del cine mexicano. El salón contaba, además, con un espacio para variedades, otro para bailes y un cuarto con espejos.
El austriaco judío Jacobo Granat fue uno de los empresarios más importantes en los inicios del siglo xx; adquirió el Salón Rojo en junio de 1909, que fue utilizado por Francisco I. Madero, amigo de Granat, para llevar a cabo alguno de sus mítines políticos. 2 Para 1915 era identificado como el principal cine de la capital. En la segunda quincena del mes de noviembre de 1916, el Salón Rojo proyecto: “Marcela por la Hesperia, El hombre desnudo por Pina Menicheli, La Falena por Lyda Borelli, El bandolero de Ziria de la Aquila-Film, Tigre Real por la Menicheli, y Nelly, la bailarina de la taberna negra, por la Bertini, entre otras”. 3 Granat adquirió también el Cinema Olimpia, propiedad de Germán Camus, y formó el Circuito Olimpia, con cerca de 40 salas en la Ciudad de México y diversas partes del país. Dueño del afamado Salón Granat, ubicado en la plaza de San Miguel, entre Pino Suárez y San Miguel (hoy Izazaga), fue de las primeras salas construidas en 1918 exclusivamente para la proyección cinematográfica. El salón se mantuvo en dicho lugar hasta la década de los sesenta del siglo xx, pero cambió su nombre en 1921 por el de cine Rialto. Aunque habrá que destacar que el nombre de Granat permaneció en otro cine construido en el barrio de Peralvillo en 1923 y que se caracterizó por ser muy popular y significativo para los habitantes de esa zona de la capital.
El cine Olimpia fue uno de los proyectos pioneros hacia lo que llegaría a ser el programa arquitectónico de los teatros cinemas de los años veinte; su construcción original data de 1916, pero se reconstruyó a partir de 1919 inaugurándose el nuevo recinto el 10 de diciembre de 1921 con la exhibición de la cinta estadunidense La danza del ídolo (David W. Griffith, 1920), que contó con la asistencia del presidente Álvaro Obregón. 
Esta sala, con cupo para cuatro mil espectadores (1,800 en luneta, 400 palcos, 1,000 en balcón y 800 en galería), era parte del mencionado Circuito Olimpia. El cine-teatro Olimpia fue construido en el terreno que ocupaba la huerta del primer convento franciscano fundado en la Ciudad de México en 1524. Con el paso de los siglos la huerta fue dividida en lotes en los que se edificaron casas y luego el hotel Jardín, que más tarde se convirtió precisamente en dicho cine.
La obra estuvo a cargo del arquitecto Carlos Crombè, quien proyectó la Arena Coliseo y construyó también los cines Odeón, Alameda, Colonial y Cosmos, así como otras salas en provincia, de acuerdo con datos recopilados por Francisco H. Alfaro y Alejandro Ochoa en su libro La república de los cines, donde señalan que: “A partir de una sala ubicada en la calle 16 de septiembre, la edificación del ‘gran teatro-cinema’, como lo anunciaron los medios en su momento, se inició el primero de noviembre de 1919. Enrico Caruso, el célebre tenor italiano, colocó la primera piedra”4
Tenía dos salones de baile, dos “foyers”, uno en el primer piso y otro en galerías, y un órgano monumental traído de California, sistemas de ventilación y alumbrado tenue, puertas de seguridad para eventualidades, marquesina para cubrir al público del frío o la lluvia, con motor de gasolina en caso de un apagón.
Con el tiempo llegó a convertirse en un importante y atractivo centro cultural. En ese escenario se presentaron Ana Pavlova, quien ejecutó su audaz coreografía basada en El jarabe tapatío; Carlos Chávez, Agustín Lara y Manuel Esperón musicalizaron filmes de la época muda; Fernando de Fuentes fue gerente de la sala, y en ese lugar conoció al dramaturgo de vanguardia y también futuro cineasta Juan Bustillo Oro, mientras ambos veían la película Fausto, obra maestra de F. W. Murnau.5 Algunas de las cintas estrenadas allí fueron El sheik (George Melford, 1921) con Rodolfo Valentino, y El peregrino, dirigida y actuada por Charles Chaplin en 1923. Fue una de las primeras salas con sonido: en ese espacio se proyectó la primera película considerada “sonora”: El cantante de jazz (Alan Crosland, 1927), protagonizada por Al Jolson. Desde los altos del Olimpia, la XEW inició sus transmisiones el 18 de septiembre de 1930 a las 20 horas con el Himno a la alegría de Ludwig van Beethoven interpretada por Miguel Lerdo de Tejada y la Orquesta Típica de la Policía. En 1941 fue remodelado por Crombè y se mantuvo así hasta 1995, cuando se fraccionó en varias salas, y dejó de funcionar como tal en 1999.
Pese a lo que representa para la historia de México, este recinto desapareció. El inmueble que albergaba al cine-teatro en la calle 16 de Septiembre, en pleno Centro Histórico, se convertirá en un pabellón con más de 300 locales comerciales dedicados exclusivamente a la venta de equipos de computación. El Olimpia formó parte del paquete de 14 salas que pertenecieron a la desaparecida Compañía Operadora de Teatros, que por adeudos fiscales fueron subastadas por el Fideicomiso Liquidador de Instituciones y Organizaciones Auxiliares de Crédito (fideliq).

Los otros cines son: Latino, Cosmos, Villa Coapa, Lindavista, Mitla, Ariel y Hermanos Alva (estos dos en un solo inmueble), Jalisco, Nacional, Pecime, Tepeyac y Tlatelolco, además del México y el Variedades, en Puebla y Acapulco, respectivamente. Las 14 salas representaban una superficie construida de más de 53 mil metros cuadrados. (Cfr. Montaño Garfias, 24 de julio de 2002).
Por su parte, el cine Odeón, surgido de un proyecto de Crombè, en la calle de Mosqueta número 29, entre Galeana y Santa María la Redonda, donde se ubicaba el Teatro Apolo, con 2,700 butacas, fue inaugurado el 5 de mayo de 1922 con el filme español La madona de las rosas (Jacinto Benavente y Fernando Delgado, 1918).6 La fachada del cine, “más grande que la del Olimpia, recurrió a un elemento muy característico en los cines de la época: el arco monumental, que subrayaba los accesos e iluminaba los vestíbulos”.7 Sin duda, el origen del nombre Odeón está relacionado a los “nickelodeons", acuñado por Harry Davis y John P. Harris, quienes abrieron un pequeño local con ese nombre en la calle Smithfield, en un barrio proletario, en Pittsburgh, Pennsylvania, el 19 de junio de 1905. Por su parte la palabra “Odeón” en la arquitectura clásica era el edificio teatral que se utilizaba en la antigua Grecia.
El cine Regis8 (construido en una parte de lo que fuera el elegante Hotel Regis, inaugurado en septiembre de 1914 en una sección del ex convento de San Diego),9 se encontraba en la Avenida Juárez número 77, esquina Balderas, en la colonia Juárez; fue abierto en el lugar en donde se ubicaba la pista de hielo, que se transformó en La Bombonera Teatro Regis, el 14 de junio de 1924, con capacidad para 900 espectadores, con el filme italiano La nave (Gabriellino D’Annunzio y Mario Roncoroni, 1921);10 en 1929 cambió su nombre a cine Regis. Fue considerado uno de los más selectos de la época, ya que los asistentes pertenecían a la clase alta y sus estrenos eran verdaderos acontecimientos sociales. “La disposición de los palcos en forma de ‘C’, junto con la presencia de un anfiteatro y una galería, manifestaban su parentesco con los teatros en herradura”.11
De acuerdo con el testimonio del historiador de cine Emilio García Riera (en El cine es mejor que la vida, pp. 84-85), “[…] En el pequeño cine Regis encontré una satisfacción privilegiada a mi avidez y a mis nostalgias prematuras del cine. Ahí pude ver, en programas dobles, muchas películas norteamericanas de los treinta mientras descansaban con gran comodidad en la baranda del primer piso mis piernas obligadas a crecer velozmente por la adolescencia […]”.
El anecdotario popular reseña que en la cafetería del Hotel Regis, aledaña a la sala de cine, donde se reunía la entonces autonombrada “familia cinematográfica”, el famoso Emilio El Indio Fernández tenía su “despacho”. En las mesas de este restaurante El Indio escribió algunos de los argumentos y guiones de sus películas más importantes y se reunía con el cinefotógrafo Gabriel Figueroa y con el guionista Mauricio Magdaleno para darle vida a sus proyectos.
El devastador temblor del 19 de septiembre de 1985, de 8.1 grados Richter, ocurrido a las 7:19 am, destruyó aquella célebre sala al igual que el hotel que lo albergaba. A ello se aludió también en el testimonio de García Riera (op. cit., p. 85): “[…] El cine Regis sería [también ‘sala de arte’] pero se entenderá que lo trágicamente destruido por el terremoto de 1985, fue, para mí, ese templo de cuarenta años antes donde pude ver excelentes películas que desconocía (de la Paramount, sobre todo, entre ellas de Ernest Lubitsch) […]”. El 24 de noviembre de 1985 el edificio fue demolido; actualmente el terreno donde se encontraban el hotel y el cine Regis está ocupado por la Plaza de la Solidaridad.
Otro importante espacio de exhibición fílmica, el cine Teresa, fue bosquejado por el ingeniero Francisco José Serrano para agradar e invitar a la gente a disfrutar de las películas y de su interior. Construido a partir de 1924 sobre San Juan de Letrán número 109, hoy Eje Central Lázaro Cárdenas, e inaugurado el 3 de abril de 1926 con la película estadunidense El ángel de la muerte (George Fitzmaurice, 1925),12 se le consideraba un “cine para señoritas”, y reproducía todos los elementos del art déco, perdidos durante la remodelación sufrida hacia los años treinta con la ampliación de San Juan de Letrán. En aquella ocasión fue casi demolido en su totalidad, y se reinauguró el 8 de junio de 1942 con la proyección de El hijo de la furia, dirigida por John Cromwell y protagonizada por Tyrone Power, Gene Tierney y George Sanders. Con 3,105 butacas acojinadas, con las esculturas que representaban a las nueve musas y las tres gracias, que al ser iluminadas podían volar en la pantalla, el Teresa tenía el lema de “El cine dedicado a las damas metropolitanas” y en su fachada se leía “Los mejores programas dobles de la ciudad”.
En 1925 Salvador Novo, del grupo de “Los Contemporáneos”, le dedicó a Antonio Dodero su poema “Cine”:
Amiga inmotivada del cine/ cuyos objetos de mano/ fueron culpables de nuestra amistad/ –como en la literatura castellana–/ porque cayeron junto a mí.// Añadiste tu ciencia/ al dolor de mi Eclesiastés/ y mientras archivaba tus palabras/ la orquesta penetró mis recuerdos /una familia entraba a tientas/ donde tú y yo veíamos y leíamos/ “I’ts a Paramount Picture”/ el ventilador tragaba suspiros/ para probar el disco de Newton/ y la palissade de Campoamor. Hay paletas, chicles, chocolates;/ pero a ti te excita/ que los que se aman sufran/ de modo tan poco jurídico.// Asistimos al cine/ como quien no sabe el papel/ y va a verlo ensayar por profesores.// El director sabe siempre/ cómo acabarán las cosas/ y nosotros deberíamos ya saberlo.// Mientras llega el fin/ y podemos irnos a casa/ lloremos/ tengamos ojos ávidos/ manos crispadas/ o sonrisas./ Todo eso ayuda para el cine.
Quizá como una alusión irónica, la marquesina del cine Teresa alcanza a verse en la primera secuencia de Los olvidados, en la que aparece El Jaibo (Roberto Cobo), recién escapado de la correccional. Hay diversas referencias fílmicas a ese momento. Por ejemplo, en Pata de Palo13 aparece José Ángel Espinosa Ferrusquilla, quien observa desde la azotea la marquesina del cine por la noche, para después en la misma película mostrarnos el cine Maya,14 lugar donde se conocieron los padres del hoy investigador de cine el doctor Eduardo de la Vega Alfaro.
La enorme estructura de la sala (esto ya en la época en la que, paradójicamente, el Teresa se había convertido en uno de los más afamados cines pornográficos de la capital del país) se ve a lo lejos en varios momentos del corto Bramadero, de temática homosexual, dirigido por Julián Hernández y filmado íntegramente en el derruido cuarto de uno de los edificios aledaños al salón cinematográfico.
El Monumental Cinema, o simplemente Monumental, antes San Hipólito (por estar en la calle del mismo nombre, que luego se llamó Puente de Alvarado, y en la actualidad lleva el nombre de avenida México-Tenochtitlan), se inauguró el 6 de septiembre de 1924 con la cinta estadunidense Cuidado con los maridos (Harry Beaumont, 1924)15 y seguiría funcionando hasta finales de la década de los cincuenta. Entre otras cosas fue famoso porque a unos metros de su entrada, justo el 20 de septiembre de 1929 (día en el que la sala había estrenado la cinta estadunidense El chico del clavel), fue asesinado Germán de Campo,16 líder juvenil del movimiento vasconcelista, quien iba acompañado de los futuros cineastas Juan Bustillo Oro y Mauricio Magdaleno, sus amigos y correligionarios, esto en el momento más intenso de la contienda presidencial que finalmente llevaría al poder al michoacano Pascual Ortiz Rubio, primer candidato del Partido Nacional Revolucionario (pnr), organismo político fundado por Plutarco Elías Calles y antecedente del actual Partido Revolucionario Institucional (pri). De ese oprobioso asesinato se llegó a acusar de manera directa al potosino Gonzalo N. Santos, futuro gobernador y cacique de su estado natal, padre del rejoneador y caballista Gastón Santos, quien sería protagonista de no pocas películas mexicanas. Era una sala muy amplia y popular en la que hoy en día está ubicada una gran farmacia, que todavía preserva la estructura del techo original de lo que fuera el cine.
Asimismo, otro templo del espectáculo fílmico popular, el cine Isabel, fue readaptado por el ingeniero Francisco José Serrano en donde se encontraba el antiguo salón La Redonda, en Santa María la Redonda número 80, enfrente de la hoy Plaza Garibaldi, fundado el 19 de junio de 1925 con la cinta estadunidense Héroe por casualidad (Edward Sedgwick, 1923).17 Su arquitectura era sobria y la marquesina volada protegía la entrada. Las películas exhibidas se anunciaban por medio de láminas colgadas en la marquesina y programas de mano.
Cinelandia, dedicado a la exhibición de cine infantil, fue abierto el 4 de enero de 1935 y regenteado durante un tiempo por el productor y cineasta Arcady Boytler, de origen ruso, director de La mujer del puerto y de otros clásicos del cine mexicano como Águila o sol y ¡Así es mi tierra!, interpretadas por Mario Moreno Cantinflas. Su acceso era por el edificio Rule, en San Juan de Letrán número 6 (hoy Eje Central Lázaro Cárdenas); había funciones de 11 de la mañana a 11 de la noche. Su diseño fue elaborado por el arquitecto Emilio Méndez Llinás. A su inauguración, en la que se proyectó el serial El Hipódromo, protagonizado por “La pandilla”, acudieron varios colegas de Boytler, como Miguel Zacarías, Gustavo Sáenz de Sicilia, Raphael J. Sevilla, Juan Bustillo Oro y Chano Urueta, este último también aguerrido militante vasconcelista.
La periodista “Azul del Olmo” narra sus vivencias como asidua espectadora de las cintas exhibidas en el Cinelandia:
"En la década de los 40 la experiencia de ir al cine era todo un evento para el que los asistentes se vestían de manera formal. Los adultos llevaban a los niños a ver caricaturas por un lapso de dos horas en cines como el Savoy, Cinelandia y el Cine Avenida, estos dos últimos se encontraban en la avenida San Juan de Letrán donde tenían la posibilidad de quedarse y volverlas a ver, en lo que se llamaba permanencia voluntaria. La entrada para los niños costaba aproximadamente 1.25, siendo un poco más cara para los adultos, pero además de las caricaturas tanto los grandes como los chicos podían disfrutar series extranjeras como El Gordo y El Flaco, Las Aventuras de Flash Gordon y Los Tres Chiflados, mismas que después se transmitieron por televisión” (Del Olmo, 13 de agosto de 2004).
El cine Elena, fundado por Guillermo Pérez Gavilán Mendarózqueta, se ubicaba en la calle de Arenal número 13, entre la Calzada de la Viga y Topacio, en la colonia Esperanza, cerca de la famosa fábrica de ácido sulfúrico “La Viga Beisk Feliza y CIA”, espacio donde hoy se ubica la Escuela Nacional Preparatoria No. 7, y muy cerca, también, de la conocida “Pulquería La Rosita” (que sería motivo principal del cortometraje homónimo filmado en 1964 por Esther Morales, entonces alumna del cuec), y las esculturas de los “Indios verdes” Itzcóatl y Ahuízotl, obra de Alejandro Casarín, que entonces se ubicaban al final, o principio, de la Calzada de la Viga. Todo parece indicar que el cine Elena, que se caracterizó por exhibir películas de re-estreno [nacionales], funcionó durante los años de 1935 a 1936” (Vidal Bonifaz, 2013: 173).
En 1937, el mismo don Guillermo Pérez Gavilán fundó el cine Bretaña en sociedad con Alfonso Acevedo, localizado en Calzada de Tlalpan número 1189, en la colonia General Anaya. La sala llegó a contar con 950 lunetas y 450 asientos en galería, tipo balcón, es decir, como bancas de estadio, cuyo costo de entrada al principio era de 50 centavos. Dicha sala de cine sería una de las más frecuentadas por el entonces joven cinéfilo Carlos Monsiváis, vecino de la colonia Portales. En una entrevista realizada por Jenaro Villamil a María Monsiváis Viadas, tía del escritor, ella recuerda que: “Desde los siete años [Carlos] comenzó a ir a un cine cercano aquí que se llamaba el Cine Bretaña. Le encantaban todas las películas, sobre todo las mexicanas. ¿Por qué? Haga usted de cuenta que mi madre, su abuelita, era igual que Sara García en Los Tres García. Le gustaba mucho esa película” (Villamil, 1° de julio de 2010).
En otra pequeña entrevista, realizada por el periodista Óscar Jiménez Manríquez, Carlos Monsiváis respondió así a la pregunta “¿Qué recuerdos tiene de estos [viejos] cines?:
"La infancia, pubertad y adolescencia de la gente de mi generación transcurrió en esos viejos cines, a los que yo iba como cinéfilo devorador, sin saber que lo era, y en donde tenía que integrarme a esa única palomilla brava que dominaba cada local. Yo iba al cine Bretaña y al Ajusco, que me quedaban a dos cuadras de la casa. Iba también al Estrella, donde daban las películas musicales de la Metro Goldwyn Mayer. Más adelante fui al cineclub del ifal. Y, desde luego, conocí el Colonial, el Coloso, el Rialto, el Goya […]” (Jiménez Manríquez, 8 de febrero de 2009).
En el año de 1943, don Guillermo Pérez Gavilán también adquiere el cine San Felipe Neri, realiza pequeños cambios y el 9 de julio de dicho año se abre esta sala con el nombre de Nuevo Cine Regio, localizado en la calle de República de El Salvador número 210, en el centro de la Merced. La sala contaba con 1,504 butacas y el costo de la entrada era de 40 centavos. El día de su inauguración se decía que el cine ya tenía “butacas nuevas, sonido y proyección perfectos” y que “En un solo día [se verá] la emocionante serie toda completa. El fantasma vengador, 4 y 8:15. [Además] Pedro Armendáriz en Allá en el Bajío” (Anónimo, El Universal, 9 de julio de 1943).
En 1944, nuevamente en sociedad con el señor Alfonso Acevedo, don Guillermo Pérez Gavilán adquiere el cine Esperanza, situado en la calle de Juárez número 178 (hoy en día en las calles de Presidente Carranza esquina Privada de Francisco Sosa), en el barrio de Santa Catarina en Coyoacán, sala que llegó a contar con 1,570 butacas. A este cine asistía (a la edad de seis años y acompañado de sus hermanos) quien fuera director de la Filmoteca de la unam, presidente de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (fiaf), director general del Festival Internacional de Cine en Guadalajara y actual director de tv unam, el biólogo Iván Trujillo Bolio, y en dicho lugar conoció al futuro historiador y crítico de cine Moisés Viñas Luna (q.e.p.d.).
Por cierto, “La competencia principal de tal sala fue el cine Centenario, propiedad de Guillermo Haller, que se encontraba en el Parque Centenario número 5, en Coyoacán, de estilo Art Decó, donde antes había estado el cine Cuauhtémoc, fundado por Francisco Campos, padre de los ingenieros que fundaron la empresa Campos Hermanos”.18 Hay un momento en la película La ilusión viaja en tranvía (Luis Buñuel, 1954) en el que vemos el tranvía 133 que es conducido por Carlos Navarro y Fernando Soto Mantequilla detenerse para ser abordado por una maestra y sus alumnos (los niños de un asilo); antes de subir los infantes al tranvía se ve el cine Centenario.
Muy cerca de la Alameda Central se construyeron importantes salas de cine, como el caso del Palacio Chino, que se presentaba como: “El cine del México elegante”, que abrió sus puertas el 28 de marzo de 1940 con la cinta inglesa Luna de miel (Thornton Freeland, 1939).19 El Palacio Chino era vecino de las salas Del Prado, Real Cinema, Metropolitan y el Arcadia. La entrada y el vestíbulo principal del Palacio Chino se encontraban por la calle de Bucareli, a unos pasos de los edificios que albergan todavía los diarios Excélsior y El Universal. Al ingresar en la sala se encontraba un enorme Buda dorado con dragones a los lados, pagodas, y en sus muros pintada la cordillera del Himalaya. El cine fue rescatado por Carlos Amador y después vendido a la cadena Cinemex, comprada a su vez por MMCinemas del Grupo Minero México, cuya entrada principal ahora se ubica en la calle de Iturbide número 21, con 12 pantallas.
El 18 de mayo de 1945 se inaugura el cine Aladino, que se anunciaba como “El paraíso de los niños”, con la siguiente programación:
"Aeronoticias de la metro, Los tontos pagan, corto sobre Lucha libre, La cenicienta va de fiesta, Los tres chiflados en Cocineros expertos, Un mundo del sonido, Un paseo por Hollywood, Pescando en la selva, La atracción del uniforme, Papá se va al cine, Último noticiero mexicano, Leñador no cortes mi árbol e Instantáneas de Hollywood, con horarios de 11 a 3 de la tarde por un peso y de 3 a 11 de la noche por un peso cincuenta centavos, niños menores de 8 años, ochenta centavos” (Anuncio en El Universal del 18 de mayo de 1945).
El cine se encontraba situado en la calle de Tacuba número 15, en el centro de la capital, espacio en el que antes se ubicaba el templo y convento-hospital de la orden de los Betlemitas (hoy en día sede del Museo Interactivo de Economía, mide).20 Con 498 butacas, el Aladino operaba funciones continuas de 11 de la mañana a 11 de la noche, con un costo de un peso, pero ofrecía descuento de 50 por ciento para niños y estudiantes. Se exhibían alrededor de 13 a 15 cortos programados, por ejemplo, de la siguiente manera: “Caricaturas del Super-Mouse: El asno alpinista, patito campeón, conejitos listos, moscas musicales. El super-mouse en: La raya verde, pobre corderita, carnicero de Sevilla, Camouflaje a colores y 6 cortos más y noticieros”.21 En la entrevista realizada por Eduardo de la Vega para el libro Conversaciones con Jorge Fons, el director recuerda que “en un principio conocimos los cines donde se exhibían películas para niños y jóvenes, como el Aladino, el Cinelandia, el Avenida, que pasaban caricaturas”.22 El Aladino cerró sus puertas a raíz del temblor ocurrido el 28 de julio de 1957, cuando se cayó la escultura del Ángel de la Independencia. Como era muy difícil poder abrir una salida de seguridad, el entonces regente de la ciudad, licenciado Ernesto Peralta Uruchurtu, le canceló la licencia.
Arcady Boytler también fue propietario de otro famoso cine, el Arcadia, sala ubicada en la conocida calle de Bucareli e inaugurada el 18 de junio de 1948 con el filme estadunidense El milagro de las campanas (Irving Pichel, 1948) con Frank Sinatra, que permaneció en cartelera durante cuatro semanas. Nueve años después, en esa sala se estrenó, el 1° de agosto de 1957, la cinta española El último cuplé, dirigida por Juan de Orduña en 1957 y protagonizada por Sara Montiel y Armando Calvo. La cinta permaneció en cartelera durante 60 semanas, es decir, 15 meses, estableciendo con ello un récord de permanencia en la Ciudad de México.
Pero Boytler también apoyó en su sala al cine “de arte”, en este caso representado por películas como El eclipse, del italiano Michelangelo Antonioni, Madre India, de Khan Rampakhan, y Ocho y medio, de Federico Fellini. La sala fue derrumbada hace poco y actualmente se levanta allí uno de los tantos edificios que albergarán oficinas y espacios de venta.
El cine Alameda, propiedad de Emilio Azcárraga Vidaurreta, fue diseñado y construido por los arquitectos Carlos Crombè y José Albarrán, con capacidad para 3,300 personas, fue inaugurado el 14 de marzo de 1936 con la cinta estadunidense A las ocho en punto (Raoul Walsh, 1935),23 en la Avenida Juárez, frente a la Alameda.
"Su sobria entrada no reflejaba la riqueza del decorado interior que se asemejaba a un típico pueblito mexicano. Muchos de los espectadores de la época aseguraban que se trataba de una copia del ubicado en Taxco, Guerrero. […] El Alameda tenía también como particularidad su techo pintado de azul, en el que se proyectaban estrellas y nubes que parecían desplazarse. La impresión que causaba este efecto entre el público era increíble. Desde sus inicios contó con aire acondicionado, lo que representaba un gran avance en materia de confort" (Bañuelos Medina, 2010).
En éste se estrenó en el año de 1946 Enamorada, de Emilio El Indio Fernández. El historiador Ricardo Pérez Montfort, en un artículo denominado “El Reino de las tehuanas. Apuntes sobre la creación de un estereotipo femenino regional”, comenta: “El 18 de marzo de 1938 se estrenó en el cine Alameda de la ciudad de México la película de Fernando de Fuentes La Zandunga. Aun cuando todo parece indicar que se trató de una coincidencia, no resulta raro que dicho estreno de cine folklorista y un tanto conservador, se llevara a cabo el mismo día en que el nacionalismo posrevolucionario marcara uno de sus principales hitos: la expropiación petrolera” (Pérez Montfort, 2007: 147).
El lema del Alameda era: “Disfrute del espectáculo con nuestro clima artificial”; en este cine se proyectaban las películas de Walt Disney. La sala fue cerrada en 1970 y demolida en 1985 por el sismo. La influencia de este recinto llega y resuena hasta nuestros días. La compañía productora, regenteada por don Alfredo Ripstein, padre del cineasta Arturo Ripstein, toma su nombre de este cine denominándose “Alameda Films”.
Referencias
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