The Bishops Palace Front. Monterey. Méx.
Institución: Archivo General de la Nación/Propiedad Artística y Literaria/4769
En 1787 el obispo Rafael José Verger mandó edificar una casa de descanso en la loma de la Chepe Vera. Con el tiempo la construcción se conoció como Palacio del Obispado y dada su ubicación estratégica elevada se volvió también punto de defensa militar para Monterrey.
Abandonado y como doloroso monumento a derrotas nacionales, el edificio colonial fue lazareto a finales del siglo xix y hasta la primera década del xx.
El sitio fue declarado monumento histórico hasta 1932. Esta fotografía, tomada en 1905 por Charles Burlingame Waite, fotógrafo norteamericano que conocía ambas versiones de aquellas historias y quien tuvo su estudio en la Ciudad de México a partir de 1896, es un documento histórico que captura muy bien porqué el Obispado era un parapeto, de qué manera es entrada a Monterrey y salida hacia Saltillo, además de mostrar cómo convertido en leprosario y contención infecciosa, muchos años permanecen tirados alrededor suyo los restos de diversas batallas.
El 18 de septiembre de 1846 comenzó una batalla que mucho han discutido los historiadores en México y en los Estados Unidos de América. El coronel Francisco Berra era el oficial a cargo del fortín mexicano. Con el enemigo, participaron de aquel asalto voluntarios de Maryland y el núcleo de irlandeses que luego desertaron para formar el Batallón de San Patricio. Pero sobre todo la población civil padeció, sin alimentos y expuesto a cadáveres en descomposición, la crueldad de la batalla aquella semana. El general Pedro de Ampudia capituló frente a Zachary Taylor siete días después; el impulso político que le dio tal gesto lo hizo el décimo segundo presidente de aquella nación. Otra vez, entre agosto de 1864 y noviembre de 1865, cuando Benito Juárez resguardaba la Presidencia huyendo hacia el norte durante la Intervención francesa, el Cerro del Obispado fue escenario de cruentos combates. En la memoria de los regiomontanos del siglo xix, el Obispado es un sitio ominoso.
El antiguo Palacio de Nuestra Señora de Guadalupe, tradicionalmente llamado Palacio del Obispado, fue restaurado a partir de 1946 y 10 años después (en el marco del 360 aniversario de la fundación de Monterrey) se inauguró ahí el Museo Regional de Nuevo León. Es el único monumento arquitectónico barroco que se conserva íntegro en aquel estado y las piezas de artillería, algunas del siglo xviii, fueron fundidas en la Maestranza novohispana de la Ciudad de México. Otras, como los cañones grabados con la palabra “grillo”, formaban parte de la defensa poniente del cerro y son de la época independentista.
Testimonio visual de aquellas transformaciones y del edificio como lugar para la memoria regional y del país entero, esta toma fue esencial para recuperar detalles de la estructura barroca y resolver desperfectos producto de las batallas que ahí ocurrieron. Los restauradores del Instituto Nacional de Antropología e Historia en los años cuarenta del siglo pasado, encabezados por Joaquín A. Mora y Muro XXI Taller, los arquitectos que trabajaron el sitio en 2024, así lo cuentan.







