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Episodios y espacios de confesión
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Episodios y espacios de confesión

Fuentes relativas a la historia de la mujer

Frente a la concupiscencia del cuerpo, las reglas y las constituciones religiosas de los conventos sirvieron como lecturas y prácticas para contener y silenciar la corporalidad de las mujeres.

Asimismo, los ejercicios espirituales, como las penitencias y la confesión, significaron una serie de medidas y dispositivos que fueron confeccionados por las autoridades eclesiásticas para contener las pulsiones en los espacios conventuales. Así lo expresan diversos documentos doctrinales e inquisitoriales como la Práctica de confesores de monjas, en que se explican los cuatro votos de obediencia, pobreza, castidad, y clausura, por modo de diálogo de 1708, o un libro intitulado la Quaresma devota, o, Ejercicios espirituales para el santo tiempo de la quaresma: en que pueden ocuparse las almas, sean religiosas, o seculares, hombres o mugeres, con mucho fruto en el camino de la virtud de 1793, o bien Regla, y constituciones que han de guardar las religiosas de los conventos de Santa Catarina de Sena, y Santa Inés de Monte Policiano de la ciudad de los Ángeles de 1773.

Por otra parte, existen testimonios que constatan algunas prohibiciones si no se comprobaba filiación o matrimonio en las visitas: “Petición de Juan de Rivero, administrador del Hospital del Amor de Dios, para que le den censuras que le permitan impedir que hombres visiten a mujeres y mujeres a hombres a menos que sean hermanos y maridos”, fechado en 1624. Las acusaciones a las que estuvieron expuestas las mujeres durante siglos tuvo que ver incluso con las imágenes que portaban en sus hábitos: “Denuncia que hace María de Jesús de Angoa, española, contra María de la Parra, mujer de Baltasar de la Parra por haber visto que en unas enaguas de indianilla trae la efigie de San Antonio con el niño en los brazos, debajo de la única manera que tienen dichas enaguas”. Y los mecanismos por los que se buscaba una emancipación o liberación del pecado también correspondían al orden inquisitorial donde algunas prácticas de penitencia resultaban igual de problemáticas que las mismas faltas, tal y como lo muestra esta denuncia en Pátzcuaro en 1624 contra un confesor: “Denuncias y ratificaciones de varias hermanas de la tercera Orden de San Francisco de hábito descubierto contra su confesor el padre rector del colegio de la compañía de Jesús Francisco de Figueroa, quien les decía que para mortificarse se encerraran todas las hermanas en una habitación con luz, y que se desnudaran y se vieran entre sí, y reflexionaran sobre Cristo crucificado, y que las que no se desnudaron, azotaron a las que sí lo estaban”.

La participación de las mujeres en la República de las Letras durante el siglo xix, en contraste con sus antecesoras, da cuenta de una historia de las mentalidades que, ante una larga opresión corporal, social, cultural y política, conquistan terrenos de la expresión y educativos que les permite liberarse de los universos masculinos y femeninos que arrastraban la moralidad y la constricción de género.