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Expresiones artísticas
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Fotografía: dobles y largas exposiciones a la luz

En el siglo xix, luego de muchos inventos y mejoras, se consiguió plasmar una imagen en una superficie a través de la primera cámara, nombrada daguerrotipo. Existen abundantes textos sobre la historia de la fotografía, por lo que en esta colección nos ocuparemos de unos cuantos objetos, los cuales tienen ciertas particularidades. En algunos de ellos puede apreciarse una doble exposición luminosa y en otros más está presente cierto movimiento que podemos adjudicar a que el material sensible estuvo más tiempo expuesto a la luz.

En el mundo de la fotografía se conoce como doble exposición a la técnica empleada para que un determinado espacio de material sensible a la luz pueda ser utilizado más de una vez y en éste queden grabadas una, dos o más escenas en el soporte empleado. Algunas de las piezas que aquí mostramos tienen esa característica, tal es el caso del retrato de la mujer que está superpuesto con el de un hombre; nos percatamos de ello gracias a que los ojos de ésta se pueden ver más abajo, así como otros detalles que contrastan al ser dos sujetos diferentes. También mostramos la toma realizada a unos cazadores, en la que un grupo fue retratado en dos poses completamente distintas: en una estaban de pie y en la otra, con una rodilla en el suelo. La forma en que se consigue una doble impresión se debe a que en las cámaras análogas no se recorre el carrete de la película mientras que las versiones digitales de estos aparatos tienen las funciones programadas para conseguir dicho efecto.

En cuanto al “movimiento” presente en el resto de los registros aquí reunidos podemos atribuirlo a que el material sensible estuvo mucho más expuesto a la luz debido a que el obturador permaneció más tiempo abierto por lo que los retratados no pudieron permanecer inmóviles y su acción fue grabada en el soporte utilizado por el fotógrafo y fue así que un rápido parpadeo, un leve gesto, y hasta el intento de energía contenida de un niño pequeño quedaron inmortalizados. Las fotografías, con su imparable avance y perfeccionamiento, se han convertido en importantísimos testimonios de nuestro pasado, no sólo porque guardan para la posteridad la imagen de los seres amados, sino también porque en ellos se conserva parte de una cotidianeidad que ya no existe más.