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Expresiones artísticas
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Retratos del pasado: Ciudad de México, siglo xix

Los daguerrotipos fueron las primeras imágenes impresas. Son considerados como los precursores de la fotografía y llevan el nombre de su creador, Louis Daguerre, quien en 1839 presentó en París el nuevo procedimiento ante la Academia de Ciencias. La técnica rápidamente se extendió por todo el mundo, llegando a México ese mismo año. Tuvo gran aceptación en nuestro país debido a la capacidad de captar los momentos específicos y también porque sustituyó en muchos casos a los retratos al óleo, gracias a la conveniente relación costo-beneficio.

En México se comenzaron a instalar estudios fotográficos a finales de 1840, sin embargo, en la capital fue sólo a principios de 1860 que éstos se multiplicaron, sobre todo en el circuito comercial más importante, ubicado entonces en Plateros, San Francisco y otras calles cercanas. Este aumento fue debido a la proliferación de las tarjetas de visita, conocidas también como retratos fotográficos. Una de las características principales de estos lugares es que se instalaban en los pisos altos de los inmuebles con el propósito de evitar que las sombras producidas por los edificios aledaños afectaran las tomas fotográficas. Con el pasar del tiempo se crearon espacios más adecuados y con los requerimientos técnicos y lumínicos necesarios, los cuales eran muy cotizados por los fotógrafos. Los horarios eran determinados por la luz del sol, es decir, abrían sus puertas de 9 o 10 am hasta las 3 o 5 pm, y a los clientes los recibían en el vestíbulo, donde podían apreciar las fotografías enmarcadas como muestra para elegir el formato, la pose y la temática de sus retratos. 

En general, los talleres contaban con áreas provistas de espejos para que las personas pudieran cambiarse de ropa y peinarse; luego pasaban al salón de exposición donde finalmente se realizaba la toma fotográfica. Para lograr la imagen perfecta, el fotógrafo tenía que regular y ajustar la luz de manera que pudiese obtener contrastes armoniosos de claros y oscuros. El cliente posaba parado o sentado y en ocasiones apoyaba la cabeza en un sujeta-cabezas para no moverse. Cabe destacar que los estudios poseían gran variedad de telones de fondo y utilería para ambientar la fotografía y hoy son parte de un testimonio visual de esta actividad en la Ciudad de México del siglo xix.