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Expresiones artísticas
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El ganado en paisajes campiranos de la pintura europea

Dentro del amplio género del paisaje, las imágenes campiranas destacan por su belleza, más si ésta se ve poblada por los animales que le dan vida y que forman parte imprescindible de su representación. El ganado ha sido recreado por los más destacados artistas europeos, quienes han puesto su atención al tema, y aquí mostramos, en una variada propuesta pictórica rica en tonos, colores y estilos, su imponente y hermosa presencia.

Dada su importancia, ya sea que estén en libertad o formen parte de la cría como animales para el suministro de alimentos, e incluso como animales de trabajo en la labranza y carga, vacas, toros, terneros, borregos, cabras y caballos han sido plasmados en grandes obras de arte en las que son definitivamente los protagonistas que opacan, en algunos de los casos, la figura humana, tal como sucede en De vuelta al trabajo del pintor español Manuel Benedito y Vives (1875-1963). El ganado vacuno destaca en piezas que ilustran un momento específico del pastoreo, por ejemplo en Paisaje con vacas de Édouard d´Apvril (1849-1928), en donde las observamos detenidas refrescándose; igualmente en Reposo en el prado de Johannes Hubertus Leonardus de Haas (1832-1908), y en Paisaje con figuras y ganado de Jan Dirkszoon Both (1618-1652), en donde las encontramos en una pausa del recorrido, al lado de sus pastores. Por el contrario, Jacob van Strij (1756-1815) las plasmó en plena andanza. No obstante, las piezas en las que aparecen libres de la presencia humana resaltan su perfección acorde con la naturaleza del campo, tales son los casos de Rebaño en reposo y Toro atado a un árbol de Albert Jansz Klomp (1618-1688) y de Becerros de la pintora francesa Marie-Rosalie Bonheur (1822-1899).

El ganado bovino se hace presente en pinturas que representan una escena tan bella como cruel, con dos piezas tituladas Borregos en el redil de Joseph Nicolas Robert-fleury (1797-1890). Observamos también otras especies como una cabra en el óleo Escena de corral de V. Barrio y dos representaciones que parecen ilustrar la plenitud de la vida y su final a través de la perfecta figura equina, la primera en una pieza de John E. Ferneley (1782-1860) y un Caballo viejo (anónimo), mismas que complementan la muestra.