lupa
Expresiones artísticas
Portadilla de <p>La anatom&iacute;a y el desnudo art&iacute;stico</p>

La anatomía y el desnudo artístico

Una de las disciplinas científicas más recurrente en el estudio de la formación artística ha sido la anatomía humana. La representación del cuerpo a lo largo de la historia del arte comenzó con una imagen alejada de la realidad, antinatural, como sucedía con las antiguas pinturas egipcias que se caracterizaban por dibujarlo siempre de perfil y sin articulaciones.

Fue en los grandes talleres de los artistas de la Antigua Grecia cuando se incorporaron estudios de la estructura corpórea, así como la disposición de los huesos, músculos, venas y tendones para poder recrearlos a continuación en piezas de suma belleza. Los griegos buscaban idealizar la figura humana en su máxima perfección; estos cánones de armonía fueron retomados en el Renacimiento italiano y a partir de entonces fue la anatomía una disciplina de estudio infaltable en las academias de arte de todo el mundo, específicamente en la elaboración del género del desnudo, y México no fue la excepción. En esta pequeña colección mostramos algunos ejemplos, como esculturas y dibujos decimonónicos de Adrián de Unzueta y Tomas Pérez en los que los conceptos de belleza corporal destacan al igual que en obras tempranas del siglo xx como la Adolescente (1919) de Ignacio Asúnsolo. Desde la gráfica, dos piezas de Amador Lugo son delineadas para otorgar a la imagen una noción natural de las formas femeninas.  Contamos también con una pieza de 1948 del maestro Raúl Anguiano, quien inmortalizó, desnuda, a la escritora Pita Amor con una paleta de colores vibrantes que resaltan su figura por encima de una representación realista. Como ésta, resultan interesantes otras muestras plásticas de mediados del siglo pasado en las que el conocimiento anatómico le permite al autor distorsionarlo en un estilo propio pero de manera proporcional, tal como sucede en las piezas Nuestra imagen actual (1947) de David Alfaro Siqueiros, en la que el torso se observa desde una perspectiva que lo hace ver descomunal, o en El tirano, del mismo año, de José Clemente Orozco, en la que se magnifica el cuerpo pese a ya no responder éste a un canon de perfección.