Expresiones artísticas
Portadilla de <p>Protagonistas de la plástica del exilio español y su aporte a la vida artística de México</p>

Protagonistas de la plástica del exilio español y su aporte a la vida artística de México

Al término de la Guerra Civil Española, fatal para la República, sus representantes políticos y multitud de ciudadanos se vieron obligados al exilio. Muchos de ellos fueron acogidos por México, de pronto ya se encontraban en el país buscándose la vida. Asentados en la capital, había músicos, literatos y pintores. La ciudad en los años cuarenta ofrecía oportunidades laborales por dos razones: la iniciativa privada impulsaba a la industria cinematográfica y, por su lado, el Estado promovió con recursos y estructura la vida plástica de la nación desde el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Dichas colaboraciones marcaron hitos en la plástica mexicana y ponen un especial acento en la riqueza que los republicanos trajeron a bordo de buques como el Sinaia, el Veendam y el Mexique en 1939 y 1940.

Roberto Gavaldón dirigió en 1945 La Barraca, largometraje protagonizado por los españoles Domingo Soler y Anita Blanch, basada en una novela de Blasco Ibáñez. La música fue compuesta por Baltasar Samper, compositor y musicólogo catalán. La multipremiada cinta Los Olvidados de Luis Buñuel, musicalizada por Rodolfo Halffter, cuya labor docente fue esencial para el siglo xx. Para esas y otras películas el cartel publicitario lo hizo Josep Renau, que fue Comisario de Cultura de la República Española. También realizó el concepto curatorial y el despliegue propagandístico para la Feria del Libro de 1943, en la Plaza de la República. La litografía oficial del evento fue de la casa editorial y distribuidora ediapsa, cuya Librería de Cristal estaba frente al Palacio de Bellas Artes.

Dimitri Mitropoulos, el director de orquesta griego estrenó al lado de Carlos Chávez la obra de Manuel de Falla e Isaac Albéniz en el Palacio de Bellas Artes. Éstos recibían a los exiliados, sus colegas artistas, al público en general y a las autoridades mexicanas: en el verano de 1942 el secretario de Gobernación, Miguel Alemán y Vicente Lombardo Toledano, líder de la central obrera, recibieron a los exiliados españoles en un acto que David Alfaro Siqueiros decora con un mural. Un par de años después el pianista Arthur Rubinstein llegó a México para un recital; Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña lo conocían desde la década de 1910, Siqueiros, Chávez y los españoles desde el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura de 1937, en Valencia.