Expresiones artísticas
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El Conservatorio Nacional de Música en México y su historia

Aunque se le ubique en edificio sede hasta 1949, el Conservatorio remonta su historia hasta el 1° de julio de 1866, cuando el conservadurismo aliado de los Habsburgo abrió, junto a la Sociedad Filarmónica Mexicana, una entidad que conducirá la enseñanza profesional de la música en aquel convulso escenario. Intelectuales de la época conformaron aquella agrupación para su sustento y promoción: Sebastián Lerdo de Tejada, el médico José Peón Contreras, Ignacio Ramírez "El Nigromante" y Franz Liszt como miembro honorario y a la distancia.

El músico austríaco, Leopold J. Langwara, compuso y dedicó una sinfonía a Maximiliano de Habsburgo, quien en ese entonces gobernaba México y cuyo régimen no sobreviviría un año más. La Sinfonie für Grosses Orchestra, opus 13, llegó a Veracruz por barco en enero de 1867, la cual jamás será escuchada.

Después del Porfiriato y tras la Revolución, conquistada la autonomía por la máxima casa de estudios, algunos profesores y alumnos del Conservatorio Nacional de Música, en 1929, pusieron en marcha la construcción de la Facultad de Música que tenía su sede en el edificio conocido como Mascarones sobre la Rivera de San Cosme y su propósito era llevar la música a quienes no podían seguir una educación de élite, enfocada en la estética. El Conservatorio, por su parte, malvivía sus peores épocas en lo institucional y lo presupuestario, alojado en ruinoso edificio de la calle Moneda, números 14 y 16, donde no obstante lo dirigieron figuras como José Rolón o Silvestre Revueltas.

En 1947 se trasladó temporalmente a la Normal de Maestros y sólo fue hasta 1949 que Miguel Alemán Valdés destinó fondos para un proyecto propio y el 18 de marzo abrió sus puertas la sede en Polanco, cuya urbanización tenía apenas un par de sexenios, para el Conservatorio. Ese edificio, diseñado por el arquitecto Mario Pani atendió las necesidades específicas de una escuela moderna de música, está catalogado hoy como Monumento Artístico de la Nación. Las artes en México vivían entonces un periodo excepcional; el muralismo conquistaba galardones en la XXV Bienal de Venecia, el suplemento México en la Cultura del periódico Novedades, bajo la dirección de Fernando Benítez y Alí Chumacero. Un mes después se promulga la esperada Ley Cinematográfica que también contemplaba las producciones musicales hechas para aquella industria.