La construcción de teatros en México en el siglo xix: escenarios para la nación
Es obvio decirlo, pero cabe hacer el apunte tecnológico: la música en el siglo xix podía difundirse sólo de dos formas como interpretaciones en vivo en un teatro o salón palaciego y a través de partituras impresas. En este siglo, México estuvo particularmente influido por la ópera como gusto adquirido en tanto que capital cosmopolita con aspiraciones europeizantes. El escenario para esa puesta en escena de la nación en diálogo con los valores del mundo civilizado es un teatro. La otra sede para que se reúna la ciudadanía es el salón privado.
En los teatros edificados a lo largo del siglo xix podemos observar a aquellos primeros ciudadanos del México independiente acudir a cerciorarse de que existen como conjunto nacional. La música culta o de concierto (la que entonces caracterizaron como filarmónica) y la ópera, como síntesis exacerbada de las artes, serán el evento preferido de las élites del país. Aquella música es promovida con una intención comercial, lo cual explica la espectacularidad y dimensión que tuvieron con frecuencia tales eventos. Ópera es el plural de opus en latín: un compuesto de canto coral, música orquestal, actuación y coreografía donde se divulgan grandes argumentos caros a la humanidad. El edificio mismo estará imbuido de esta suerte de sacralidad cívica; los teatros se modelan y construyen de acuerdo con arquetipos arquitectónicos e idealizaciones de la Antigüedad, comunes a capitales europeas que marcaron una pauta para nuevos teatros en México. La estructura, iluminación, geometría simétrica, jerarquía y estilo, los hace neoclásicos. La otra sede, además del teatro, fue uno de los géneros musicales más extendidos y popularizados entonces: la “música de salón”. Ocurría en grandes habitaciones de las casas de familias acomodadas y solían ser composiciones para piano y voz, respondiendo a pautas específicas de conducta y que evidenciaban un canon social.
El liberalismo, en voz de Guillermo Prieto, propugnaba la forja de ciudadanos leales a la patria. Esa fijación de valores debía ocurrir en la educación histórica, la moral cotidiana y el aprecio de las artes. Por esa razón tendrán éxito las glosas a episodios nacionales conocidos y adaptados para cantarse y discurrir como narrativas edificantes.