México Tenochtitlan, tradición de resistencia y raíces del humanismo mexicano
Trazar correspondencias entre el siglo xxi mexicano y el pensamiento prehispánico que surgía de la capital del imperio Azteca sirve al efecto de caracterizar una línea consistente en donde premisa y demostración hablan de una manera de concebir la relación entre pueblo y naturaleza cuyo fondo es sustentable.
En el momento en que los mexicas decidieron construir una ciudad cambió para siempre la forma en que los humanos nos relacionamos con el paisaje de la ancestral cuenca de los volcanes y los lagos, pero también la instauración de aquella ciudad capital, sus lecturas y memorialización en la actualidad. Es decir, que existe una narrativa del ser nacional que el actual gobierno enarbola desde una doble operación de diacronía e interculturalidad con el propósito claro de promover un país más justo, inclusivo y solidario. A ello, nos referimos al nombrar humanismo mexicano.
El correlato identitario que así se devela, distinto de versiones hegemónicas propias de otros regímenes o maneras superadas de hacer la historia, refleja una batalla cultural que supone una gesta del pueblo mexicano a lo largo de cinco siglos. Contra la opresión en diversas peticiones y ofreciendo otras lecturas a un amplio corpus documental que abarca registros arqueológicos, códices y mapas virreinales, así como crónicas manuscritas de tradición indígena en náhuatl y español, redactadas entre 1580 y 1620. Este reaprendizaje de la historia plantea un ecosistema posible para navegar la diversidad, saber y sentir la comunidad.