No olvidamos
Portadilla de <p>La Glorieta de las Mujeres que Luchan</p>

La Glorieta de las Mujeres que Luchan

Una ira popular se desató en las calles de la Ciudad de México en 1824; el ministro de Gobierno de Guadalupe Victoria, Lucas Alamán, salvó la estatua ecuestre del rey Carlos IV de su derribamiento. Lo mismo ocurrió con la figura de Colón erigida desde 1877 en el Paseo de la Reforma y que en el año 2000 se había convertido en el centro del debate público al ser una representación colonialista e hispanista frente a la memoria de los pueblos indígenas.

La pandemia desmovilizó a la población y las calles se quedaron vacías. En medio de un fuerte movimiento en redes que pugnaba por el retiro de la escultura de Cristóbal Colón en la avenida Reforma, un grupo de colectivas feministas preparó el terreno de su partida. La intervención sobre el monumento sería el acuerdo para derribar la efigie y sustituirla por una figura de una mujer con el brazo levantado, una luchadora. En anticipación a lo anterior, las autoridades retiraron la estatua de Colón dejando vacío el pedestal, mismo que sería aprovechado por las colectivas para colocar la silueta de quien las representaría en su lucha. El 25 de septiembre de 2001, activistas con cuerdas, brochas, cubetas y escaleras levantaron la escultura de una muchacha con el brazo levantado que representaba a todas las mujeres del país. “Indígenas, luchadoras sociales, madres de víctimas por feminicidio y desaparición forzada, buscadoras históricas, defensoras del agua, del medio ambiente, defensoras de la tierra, de la vida, periodistas” inscribirán sus nombres en la glorieta, lo que implicó resignificar su historia y tomar ese espacio.

La rotonda ha podido visibilizar los casos de violencia, revictimización, desaparición, represión e injusticia, marginación,  racismo, machismo y violencia de Estado en contra de las mujeres. Este lugar, ganado y peleado por las activistas, “es un espacio de acción y de protesta, de mujeres y para las mujeres”. Es un antimonumento.