Expresiones artísticas
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El danzón en México

El danzón es un baile de salón llegado a México desde Cuba, por Progreso y Veracruz, a finales del siglo xix. La canción romántica yucateca es la primera de sus variaciones líricas. Cuando en México se alude al danzón, lo más probable es que la cadencia y melodía que uno reconstruye en la imaginación sea la del Nereidas, compuesto en 1932 por el oaxaqueño Amador Pérez Torres Dimas. Otros temas muy inmediatos al oído y al corazón dancístico de los mexicanos son Almendra, Sólo Veracruz es bello y Salón México.

Su sonoridad se debe al carácter de cada orquesta local que se lo apropia. De tendencia popular y festiva, integra siempre un piano con violines, una flauta, contrabajo, timbales y el güiro. No es raro hallar también a la charanga alternando clarinete, trompeta, trombón y bombardino. Quienes lo estudian ubican dos momentos claros en su origen: primero el arribo por el mar Caribe y, segundo, el impacto mediático más allá de las costas y que se debió fundamentalmente a la radio. En ese instante primigenio, el baile de los glisées y cuadrilles inspiró a compositores como Felipe Villanueva y Ernesto Elorduy. Con las ondas radiofónicas y su expansión comercial, el danzón sirve como instrumento para sancionar la decencia en los bailes públicos y su tempo rubato y gusto tropical para salar con aires marinos el encuentro de las parejas y la erótica implícita en su coreografía.

Interpretado por orquestas de viento acompañando al piano, anima un baile de pasos lentos y sincronizados pensado para parejas. Se cita con frecuencia a Miguel Ramón Demetrio Faílde y Pérez como su creador, en 1879, y combinando contradanzas francesas y el ritmo de la habanera. Si se quiere hallar la expresión más genuina del danzón, conviene ir a la Plaza de Armas o al barrio de la Huaca, en Veracruz; o en la Ciudad de México a los salones tradicionales gustados por generaciones.

En 1936, Aaron Copland, luego de visitar México, completó la partitura de Salón México que entregó a Carlos Chávez e interpretó por primera vez la Orquesta Sinfónica de México el 27 de agosto de 1937. Dicha composición deriva de canciones folclóricas adaptadas por Copland, mientras que la mitología del centro nocturno y su popular melodía dieron lugar, años después, a una película con el mismo nombre, en 1949, dirigida por Emilio Indio Fernández.