Historia y fotografía, la identidad construida por el pueblo desde sus imágenes y sin mediar el gremio historiador
La fotografía como documento para observar la realidad que viven las sociedades ha dejado pistas para su estudio en cada imagen producida desde la invención del artilugio químico que fija imágenes desde una camera oscura. Sin embargo, debió pasar mucho tiempo para que la profesión de la historia admitiera que las fotografías eran fuentes primarias, insustituibles para su quehacer y dignas de consideración en el ámbito académico.
La mayoría de los ciudadanos, cada vez más familiarizados con la tecnología, retrataron lo que les resultó significante. De estas imágenes está hecha la memoria colectiva, no siempre un enunciado idéntico al que dicta la historia hecha por profesionales o preferida por el gobierno. El vínculo fundacional que la ciencia histórica traza entre documento, dato y hecho se ha transformado con las máquinas empleadas para su registro y proceso. Actualmente, la ciencia de datos impone asignaturas pendientes para quienes derivan el conocimiento de su disciplina al registrar y procesar información análoga y digital proveniente de una cámara fotográfica.
El artilugio fotográfico ha generado maneras diversas de narrar y construir el pasado, y la historia como disciplina universitaria ha debido admitir el uso público y universalizado de la imagen fotográfica como insumo esencial para su trabajo. La memoria e identidad visual de los mexicanos no ha estado dictada siempre por la profesión académica, los intelectuales al servicio de gobiernos varios, ni de quienes resultan dueños de medios masivos de comunicación. La fotografía en México ha sido quizás el más democrático de los canales a partir del cual el pueblo enuncia sus características y los referentes visuales en los que se reconoce.