Francisco Xavier Mina, un espíritu libertador en España y en México
Martín Francisco Xavier Mina y Larrea nació con el impulso revolucionario de Francia en el verano de 1789 y murió en Cuerámaro, Guanajuato, en noviembre de 1817. Seminarista en Pamplona, empezó la carrera de derecho en Zaragoza, pero luego del 2 de mayo de 1808 ya estaba de vuelta en Navarra con la resistencia antifrancesa. Entre su llegada en la fragata Caledonia a la rada del Santander en Tamaulipas y reunirse con Pedro Moreno en Guanajuato pasó apenas un mes. Toda su campaña en México fue de escasos seis meses, pero definitiva para la Independencia.
Pese a su estatura en el campo de batalla, los invasores lo hicieron prisionero y en 1814 se hallaba preso en Vincennes, Francia. Fernando VII retornó del destierro e hizo nula la Constitución de Cádiz. Xavier Mina huyó a Londres y ahí conoció a Servando Teresa de Mier, con quien se embarcó. El 15 de mayo de 1816 Mina zarpó del puerto de Liverpool, acompañado de fray Servando y 22 oficiales españoles, italianos e ingleses rumbo a los Estados Unidos con el propósito de organizar un ejército invasor ese mismo año. Llegaron a Nueva Orleans y Galveston. En abril de 1817, Mina divisó Soto la Marina y se unió al general Joaquín de Arredondo contra toda autoridad colonial y realista. En julio se distribuyó un bando que lo persiguió por toda la Nueva España y el mariscal Pascual Liñán tenía encomendada su captura. La campaña de Mina al mando de los 300 hombres con los que llegó de Europa y los Estados Unidos, sumados a unos cuantos voluntarios recogidos en San Luis Potosí, Zacatecas y Guanajuato, era del todo inesperada para las fuerzas realistas, lo que hizo resurgir entre la causa criolla la independencia como sueño alcanzable. Mina atacó Guanajuato a finales de octubre. Había puesto sitio al fuerte del Sombrero y allí los soldados del virrey Ruiz de Apodaca lograron apresarlo en la hacienda de Venadito. Lo fusilaron el 11 de noviembre de 1817 en el fuerte de los Remedios. Su fama en el campo de batalla reanimó al movimiento independentista que parecía desfallecer a la muerte de Morelos, en diciembre de 1815 y antes de la sublevación iturbidista.