Futbol e identidad en México: pasto, llano o televisión
Se dice que una disciplina deportiva se vuelve "deporte nacional" cuando su ejercicio y competencia son parte intrínseca de la cultura de un lugar. Esa contienda que es también un juego, es a veces declarada por mediación del Estado como componente necesario para definir la identidad. En el caso mexicano, tal estatuto oficial corresponde a la charrería, así patrimonializado por la unesco y el Gobierno federal desde 2016. El futbol no alcanza aún dicha ordenanza, pero resulta una referencia que propios y extraños nombran muy pronto al preguntarse cómo son los mexicanos.
Mineros británicos que llegaron al estado de Hidalgo trajeron consigo la práctica del soccer como entretenimiento para obreros en fin de semana. Los primeros equipos, en Inglaterra y en México, estaban mucho más asociados a una fábrica o negocio que a un lugar. Es sólo al popularizarse su práctica y escapar al régimen laboral que se desarrolla un vínculo entre el futbol y la población.
La regulación de su práctica como deporte ocurre en México, en 1927, cuando siete equipos se organizan en el Distrito Federal para profesionalizar el juego y monopolizar su espectáculo. La Federación Internacional de Futbol Asociación (fifa) les reconocerá desde 1929.
Pero el pueblo lo adopta y juega lejos de la norma en el primer terreno que se considere suficiente para dos porterías, correr entre ellas y patear la pelota hasta anotar un gol. Es parte esencial de la vida cotidiana, en el campo y en la ciudad, a lo largo del siglo xx hasta alcanzar la importancia que hoy tiene; su práctica es omnipresente, heredad de la gente y nuestro país, que es el único que ha organizado cuatro copas mundiales (1970, 1986, 2026 y el Mundial Femenino de 1971).
Pertenencia regional o local, lealtad y espíritu colectivo, violencia entretejida con habilidad y otras pasiones se aprenden desde la infancia y, los más, extienden ese ritual tanto como pueden. La mayoría lo juega en llanos terrosos, la minoría en césped y clubes privados. Por televisión lo aplauden y sufren, todos. Los presos de Lecumberri demandan su cancha. En 1999, una selección insurgente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ezln) enfrentó en partido amistoso al entrenador del Pachuca Javier "Vasco" Aguirre y a otros ex futbolistas profesionales. El futbol prueba, una y otra vez, ser quintaesencia del ser de los mexicanos.