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Puentes: entre ríos y caminos

México cuenta con una hidrografía y una orografía particulares. La navegación en sus ríos es mínima. Sin embargo, tienen barrancos y cañones que por su profundidad se requeriría de muchos días para poder atravesarlos. La ingeniería moderna contribuye a unir caminos entre comunidades, reducir los tiempos de traslado entre poblaciones, o bien, allanar el paso a ríos caudalosos. Desde la época prehispánica al presente se han construido puentes siguiendo distintos patrones arquitectónicos.

En la Colección Mapas, Ilustraciones y Planos del Archivo General de la Nación (mapilu-agn) existen ejemplos de las construcciones que se realizaron en el pasado, algunas de las cuales siguen en pie, o bien, han dado paso a nuevos. En un recorrido por los fondos documentales que resguardan uno de los acervos más ricos de México, se encontraron ejemplos de puentes que, por su acabado y belleza, permiten apreciar la estética novohispana o del México del siglo xx. Los patrones arquitectónicos son similares, lo mismo que las técnicas de construcción, excepto por el tipo de maquinaria que pudo utilizarse, de acuerdo con la época en que se hayan erigido. La mayoría de los puentes que se presentan cruzaban cuerpos de agua que, por su fuerza y caudal, podían arrastrar personas, animales, e incluso carros tirados por mulas o bueyes y repletos de mercaderías que se comerciaban entre una localidad y otra. Los detalles, como capiteles, esculturas y escudos, entre otros, obedecen a la importancia de la villa o población donde se realizaban, o bien, en algunos casos el blasón de los benefactores para su construcción o la dedicatoria a algún santo, eran colocados en cierto punto del puente. La introducción del ferrocarril a mediados del siglo xix hizo necesaria la construcción de tramos o puentes elevados más resistentes, con la finalidad de soportar los vagones de los trenes de carga y pasajeros.