Concheros: memoria dancística del pueblo mexicano
El canon que distingue a la danza de los concheros de otras tradiciones bailables sincréticas (mezcla de elementos indígenas prehispánicos e influencia europea) proviene del siglo xix. Su atavío está en códices, esculturas, oralidad e imaginación memoriosa. Por supuesto que esta danza no es única, cada grupo de concheros adapta su coreografía. Hay una diversidad de prácticas imbricadas que se reclaman parte de la misma heredad en el tiempo y el espacio, patrimonio en movimiento de sus participantes, orgullo de los espectadores y tejido cultural circundante.
Que ocurra en un círculo y en el atrio de una iglesia, portar estandartes para distinguirse de otras agrupaciones en un ceremonial que admite hombres, mujeres y niños, así como el ciclo de peregrinaje y los santuarios, la vestimenta, el instrumental y sus sonoridades, todo ello es bagaje decimonónico. No así el origen legendario de la representación, que se remonta a la aparición de Santiago Apóstol, en el siglo xvi, ayudando a los españoles en su conquista de la resistencia chichimeca. Para la memoria de los pueblos y la identidad que en México compartimos, la danza conchera es un elemento fundamental que ha contribuido a la preservación del patrimonio cultural que hoy nos describe y enorgullece.
Motolinía, Sahagún, Durán y Clavijero están entre las fuentes más antiguas que reseñan la danza de los pueblos originarios. En esa raíz indígena lo que ha de observarse es la compaginación del baile con el calendario ritual prehispánico. Es en el atuendo, los instrumentos musicales, el ritmo y la estructura melódica de los cantos donde hay una primera raíz que habla de contenido europeo. Son clásicos los estudios que ubican la danza en Los Remedios o La Villa a mitad del siglo xx, pero monografías más recientes y de enfoque etnográfico han ampliado el espectro de prácticas y ofrecido una gama más compleja de bailables. La denominación básica, conchero, describe ayoyotes (tenabaris o capullos secos de mariposa, recolectados en el campo y rellenados con piedrecillas que atados a las pantorrillas sirven como abalorio y marca rítmica), de igual manera que refiere a la guitarra fabricada del caparazón de armadillo y tensada con cuerdas de jaguar u ocelote. El diseño de tales instrumentos musicales deriva de dibujos reinterpretados y visibles en el Códice Florentino.