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La Marina Mercante mexicana: de la Independencia a la actualidad

México no cuenta con una gran tradición marítima. Sin embargo, esto no significa que carezca de una Marina Mercante, puertos y astilleros para realizar esta actividad. En las últimas décadas, el Gobierno mexicano ha invertido en la renovación de infraestructura marítima en puertos como Manzanillo, Coatzacoalcos, Salina Cruz, Ensenada y Dos Bocas, entre otros.

Durante la Colonia, México se convirtió en un puente comercial entre Asia, América y Europa gracias a la Nao de China que salía y regresaba de Acapulco. La ruta comercial transpacífica favoreció a comerciantes novohispanos y españoles por igual, con la que lograron amasar grandes fortunas. Esto ayudó al intercambio de especias y mercaderías que enriqueció culturalmente a la humanidad: la porcelana china influyó en la talavera poblana; productos agrícolas como la papa del Perú, que también llegaba por vía marítima, la variedad de chiles y semillas mexicanas, así como el arroz proveniente de Asia, fueron introducidos a la dieta y recetarios de cocina en todo el mundo.

Cuando México se independizó, en 1821, hubo intentos por mantener el intercambio comercial a través de las rutas marítimas establecidas. La intransigencia de la Corona española por reconocer la independencia del antiguo virreinato impidió el dinamismo comercial debido al bloqueo de puertos, como el de Veracruz. Esto provocó conflictos con las potencias europeas, como Gran Bretaña y Francia.

En 1914, y en plena Revolución mexicana, la Marina de los Estados Unidos invadió Veracruz. La facción constitucionalista comprendió la urgencia de fortalecer el proyecto marítimo mexicano. Para ello, estableció las bases para crear una flota militar y otra mercante, cuyas regulaciones fueron plasmadas en la Constitución de 1917. En los últimos años, se han hecho inversiones importantes para la modernización de sus puertos y litorales.