El sombrero de palma o el tejido de la memoria
Hubo una época en la que el sombrero de palma era una prenda omnipresente tanto en el campo como en la ciudad. En calles y labrantíos sobresalían a la vista y servían para protegerse del sol; incluso los modales y otras distinciones sociales se leían desde el atavío sobre la cabeza.
Actualmente es menos común ver este tipo de sombreros, pero el arte de su elaboración sigue siendo tradición viva y nos recuerda la gran diversidad de nuestra cultura y que tejer también es hacer memoria.
El tejido de la palma es una artesanía rastreable desde tiempos prehispánicos, presente en la Colonia y vigente hasta el siglo xxi. Para la elaboración del sombrero de palma debe recolectarse la planta y prepararla para su uso (se puede humedecer o cocer al vapor para ablandarla, teñirla para darle otro color, etcétera), después se divide en tiras y comienza su tejido. Luego, los artesanos cortan los excedentes de la palma y les dan forma con moldes metálicos o prensas, los cosen, vuelven a pasarlos por las prensas y les dan el toque final al adornarlo.
La manera de creación, sus tejidos, formas y acabados son muy diversos, pues varían de acuerdo con la región donde se producen. Incluso distintos tipos de palma son empleadas para su tejido: una de ellas es la palma jipi (Carludovica palmata) que, junto con su trama para elaborar utensilios, fue declarada patrimonio cultural inmaterial por la unesco en 2012.
Tejer y contar historias es una labor fundamentalmente de mujeres en regiones como la Mixteca. La fabricación de sombreros de palma y la recuperación de memoria comunitaria son una y la misma tarea. Al interior de cuevas y otros almacenes para los materiales, dicha tradición y herencia se transmiten y mantienen entre generaciones.