Identidades
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Desnudo en la cárcel

¿Qué es una celda en la cárcel de Lecumberri, si no un taller para crear microuniversos pictóricos, eróticos, simbólicos? Los palimpsestos del último día de Lecumberri registrados y fotografiados por la lente de Arturo Córdova Tovar dan cuenta de la caída y el desfallecimiento de un sistema de opresión: la cárcel del Palacio Negro: “El último día en el Palacio de Lecumberri”.

Las descripciones de cada una de las paredes remiten fundamentalmente a dos actividades primordiales del encierro, el collage, la intervención del muro blanco a través de los rayones, dibujos y pinturas, y dar vuelo a la imaginación en la mayoría de las imágenes registradas por Córdova, eróticas, pornográficas, frases, poemas, salmos, proverbios, imprecaciones hacia las autoridades y jueces del sistema penal, caricaturas, dibujos, carteles, boletos, notas, recuerdos: collages sobre pared blanca: imágenes de mujeres desnudas, de un oficio del juzgado penal enmarcado en papel brillante, de un comercial con una pareja y el lema “Musk is love”, imagen de un casco con el título y la fecha “Los Ángeles Negros, núm., 2, 30 de mayo de 1976”. Abajo, fotografías de un hombre y dos mujeres que juegan a los naipes y, más abajo, de una mujer con gafas de sol. A la izquierda, un texto escrito: “Para el puro todo es puro, para el cochanbroso [sic] todo es sucio más no se da cuenta que su mente es cochanbrosa [sic]”.

De esos espacios reducidos, a veces hacinados, sucios y promiscuos, las imágenes que llenaron los muros de Lecumberri son reminiscencias de los palimpsestos de los baños donde se inscriben albures, sueños, groserías, figuras e insinuaciones cariñosas y soeces que construyen un lenguaje como los skills de los tatuajes carceleros, o como los recuerdos en la memoria de la pintura mural, del miniaturismo, como pequeños cuadros impresionistas del estudio de Joaquín Clausell. Ahí, todos los criminólogos desde Lombroso, Garofalo, Ferri, o los mexicanos Julio Guerrero, Carlos Roumagnac hasta Alfonso Quiroz Cuarón coinciden en que los desnudos en las paredes del encierro abren ventanas a los sueños, al libertinaje y abrazan una compañía ficticia en medio de una soledad fría y sin consuelo excepto para la mirada.