Expresiones artísticas
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La política y sus canciones: usos y abusos del arte con(tra) el gobierno

La lógica más elemental dicta que si el montaje de una ópera o la organización de un espectáculo de ballet exige inyección de recursos materiales y humanos, siendo la intención final afianzar socios comerciales o alianzas estratégicas en lo diplomático, en consecuencia su valor puede solamente ser superior a su costo. México ha presentado obras de arte y exponentes de su cultura a nivel mundial para tejer convenientes relaciones internacionales. Así, artistas y funcionarios de gobierno se sirven los unos de los otros desde que México es una nación independiente.

Existe un patrón para narrar la historia del país desde el museo o cuando un renombrado artista ofrece un recital o espectáculo a nombre de la nación. Dicha puesta en escena resulta ser una estrategia empleada consistentemente en los dos siglos en los que discursos sobre la modernidad, la nacionalidad y el patrimonio cultural se han elaborado en México. Allí, política y arte tejen un círculo virtuoso, y vicioso, en el que opera una pragmática sinergia para alcanzar sus objetivos específicos.

La cultura nacional, ya sea en forma de exposiciones museales o representaciones artísticas, ha sido empleada en la modernidad como divisa en negociaciones diplomáticas, gestos de buena voluntad y primera toma de palabra en alguna negociación. Con distinta circunstancia, México se inserta en las grandes polémicas y conversaciones que caracterizan al mundo globalizado. Todo empieza con ese saludo que se materializa como muestra artística de lo nacional en el extranjero. Aquellos pleitos ideológicos, agendas geopolíticas y argumentos teóricos novedosos fueron ajustados por los curadores o gestores culturales mexicanos, mientras que cantantes de ópera, muralistas, prima ballerinas y conjuntos folclóricos deleitaron a públicos fuera del país.

Esa representación nacionalista alcanza su mayor difusión a mediados del siglo pasado con los medios masivos de comunicación. Tal voluntad por conocer lo mexicano y su aportación a nivel mundial es una cultura oficial despojada de su denso trasfondo social y político para reducir su alcance a la cansina retórica patriótica que loa al genio artístico autóctono. Esos productos artísticos resultan ser instrumento político legitimador, y se conforman con repetir una oferta turística y simplona.