Cuerpos y género chico
La importancia del cuerpo en el género chico del teatro es fundamental. Los atuendos, los adornos, las voces y los tocados revisten y engalanan la escena llena de erotismo y exotismo. El orientalismo es parte de una atmósfera que, en los años veinte, puso de moda sombreros, joyas, plumajes y músicas muy particulares de las óperas y las danzas.
Actrices del teatro, del cine mudo, de cabaret se turnaban en carteles los escenarios de la farándula y las operetas. Los gestos melancólicos, las sonrisas de estudio fotográfico, las poses provocativas y las delicadas telas perfumaron los telones y los camerinos de las triples, las tochas y las vicetiples. Sin este legado un concierto de Dua Lipa no se entendería, la cantante principal acompañada de sus bailarinas secundando en el acto los ademanes eróticos de quien seduce a su público con un respingo y un cigarrillo de largo filtro. Bailarinas y cantantes se presentaron en el Teatro Esperanza Iris, en el Teatro Lírico, el Teatro Principal o en el cabaret del Buen Tono. Junto a María Conesa y Lupe Rivas Cacho, aparecen Josefina Vélez, las Hermanas Pérez, Blanca Morfín, María Teresa Renner, Carmita Vázquez, Celia Pérez entre otras bellezas del espectáculo con sus elegantes tocados y atuendos sugerentes que posan frente al fotógrafo de la Compañía Industrial Fotográfica (C.I.F), imágenes en plata sobre gelatina que pertenecen al Archivo General de la Nación en sus fondos de Instrucción Pública y Bellas Artes en su sección de Propiedad Artística y Literaria. Estas fotografías son un testimonio de la grandeza de los espectáculos en la Ciudad de México, de la combinación de elementos artísticos entre la danza y la música clásica, el teatro y la comedia. Entre olanes, labiales carmesí y zapatillas, los entresijos de las piernas y los muslos, dejaban entrever el asomo de los hombros, los pechos y algo más, entre sainetes y burlesques.