Rosario Ibarra: una vida dedicada a la defensa de los Derechos Humanos
Nacimiento: 24 de febrero de 1927
El 19 de abril de 1975 fuerzas de la Dirección Federal de Seguridad (dfs) del gobierno federal detuvieron en Monterrey, Nuevo León, al joven Jesús Piedra Ibarra. Por lo menos desde un par de años atrás la policía andaba tras su paradero. Jesús se integró a una organización guerrillera llamada Liga Comunista 23 de Septiembre y se le acusó de participar en el fallido secuestro del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada, donde éste perdió la vida. Los padres de Jesús habían recibido visitas nada cordiales de los agentes de la dfs buscando a su hijo.
Rosario Ibarra, madre del joven Jesús, al enterarse de que fue detenido, acudió a las instalaciones policiales de Monterrey en vano. Se trasladó a la Ciudad de México al recibir información de que Jesús había sido retenido en el Campo Militar Número 1. Lo buscó sin éxito. Pero Rosario continuó con la búsqueda. Se presentó en la Procuraduría General de la República, en la casa presidencial de Los Pinos e interceptó en varias ocasiones al presidente Luis Echeverría preguntando sobre el paradero de su hijo. Nadie le dio respuesta.
Rosario siguió buscando a su hijo a pesar de las negativas de las instancias de gobierno a darle alguna noticia. ¿Por qué habrían de detener y no presentar a una persona detenida? No podía “desaparecer” así sin más.
En 1977 fundó el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, que se conoció como el “Comité ¡Eureka!” La lucha se amplió a encontrar a miles de desaparecidos como Jesús. Se sumaron cientos de madres que sufrieron la captura y desaparición de sus hijos en manos de la policía. Estas madres fueron conocidas como Las Doñas y le dieron fuerza a un movimiento humanitario y de justicia que obligaría al Estado a aprobar una ley de amnistía en 1978 que incluía la liberación de presos políticos. En 1982, con una gran autoridad moral, fue la primera mujer candidata a la Presidencia de la República.
Su vida continuó apegada a las mejores causas de justicia del país. Siempre señaló que a su hijo lo había desaparecido el Estado y que éste tenía que darle razón de su paradero. “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” fue la consigna de su vida. Murió en el mes de abril de 2022. Es reconocida por toda la sociedad mexicana como ejemplo de tenacidad, lucha política y amor por los más desprotegidos.