Humanismo mexicano
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Pueblos originarios. Una inspiración cultural

Nuestros pueblos originarios son inspiración gracias a su desarrollo astronómico, matemático y agrícola. Es decir, tanto el pensamiento abstracto como el diseño y aprovechamiento del entorno persisten en todas las culturas mexicanas como ejemplos de ayuda mutua y trabajo para el colectivo. La artesanía que resuelve necesidades cotidianas y la cosmogonía o números, es dispuesta para todos y no como logro de la individualidad u objeto mercantil.

La fraternidad y cohesión social reflejadas en cada creación plástica ponen el acento en la resistencia y dignidad de nuestras más de setenta culturas originarias cuya poética y filosofía demuestran un paradigma civilizatorio distinto al de occidente.  La factura artesanal y la transformación del entorno para su aprovechamiento, se implementan como agricultura sustentable y un patrimonio de soluciones de la vida diaria que proyectan sus formas y colores en una estética trascendental. Allí, en las artes populares y el trabajo de la tierra, se hallan las claves para explicar la permanencia, riqueza e inspiración que hoy ofrecen a la construcción de un país más digno e igualitario.

Ese es, justamente, el origen del humanismo mexicano, que los indígenas y sus creaciones no sean vistos como sector desarticulado del proyecto nacional sino su urdimbre fundamental. Los pueblos originarios representan hoy las bases para transformar el modo en que nos pensamos como país y que, efectivamente, se haga florecer un proyecto de nación pluricultural y multilingüe. Tal es congruente con lo que dice el artículo segundo de la Constitución, cuya prédica es la de una entidad pluricultural sustentada en los pueblos indígenas. Esta es la propuesta que subyace en el fondo de lo que se llamó indigenismo y hoy se hace evolucionar como humanismo.