Expresiones artísticas
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Juan Rulfo: retratista del paisaje espiritual de lo mexicano

El 16 de mayo de 1917 o 1918, acabada de pasar por ahí la Revolución rumbo a Celaya, y en los mismos parajes donde la Cristiada tendría su trágico paisaje, nació Juan Rulfo. En algún lugar de Jalisco, quien luego escribiría Pedro Páramo (1953) y El llano en llamas (1955) gusta de la ambigüedad del rumor que lo hace oriundo por igual de Sayula, Apulco, San Gabriel, Tonaya o Tuxcacuesco. De allá, de esa tierra era Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Sus libros y sus fotografías hablan de aquella fantasmagoría a caballo entre la ficción y la memoria.

Sin estar matriculado en la Facultad de Filosofía y Letras, aquel joven jalisciense escuchó las conferencias de Antonio Caso, Vicente Lombardo Toledano, Justino Fernández y Eduardo García Maynez sobre la nacionalidad, la política, el arte y el pensamiento en México. Consiguió trabajo como archivista en 1937 y aprendió de Efrén Hernández el oficio que revisa galeras y depura textos. Vuelve al terruño tapatío en 1941 y ahí se topa con Juan José Arreola, quien lo anima a publicar.

Celebrado como novelista y artífice de cuentos que parecen retratar el horizonte tanático de lo espiritual mexicano, tiene, no obstante, una trayectoria importante como editor y una contundente serie de magistrales fotografías. Conseguida la fama luego de conocerse su obra literaria, el arqueólogo Alfonso Caso lo encargó en 1962 de dirigir el Departamento Editorial del Instituto Nacional Indigenista. Vio la luz entonces la “Serie de Antropología Social”, donde colaboraron Manuel Gamio, Gonzalo Aguirre Beltrán y otros importantes intelectuales del siglo xx mexicano.

Susan Sontag, teórica de la imagen, dijo alguna vez que Rulfo era el mejor fotógrafo que hubiera visto en Latinoamérica. Rulfo adaptó y escribió guiones diversos para el cine; aquellas realizaciones fueron aplaudidas más por el gremio mismo de la filmación que por el gran público. Pero personalidades artísticas como José de la Colina, Efraín Huerta, Manuel Esperón y Andrés Soler loaron aquellos trabajos.

Galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1968, ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua, sucediendo a José Gorostiza en la silla XXXV, de quien habló en su discurso de ingreso en 1980. Ese mismo año, la Universidad Nacional Autónoma de México le concedió el doctorado honoris causa. Corría la primera semana del año 1986 cuando murió Juan Rulfo.