Operación Cóndor en América Latina, 1964-1976
Durante la Guerra Fría, las tensiones entre las dos superpotencias mundiales, la Unión Soviética y los Estados Unidos, experimentaron momentos de tensión y distensión. Sin embargo, en las “esferas de influencia” que argumentaban tener bajo control, la persecución de las disidencias fue brutal. A través de métodos ilegales sometieron a otras naciones. En las décadas de 1960-1970, la Agencia Central de Inteligencia (cia) estadunidense preparó el llamado Plan Cóndor, u Operación Cóndor, para deponer en Sudamérica a gobiernos democráticamente electos que viraron hacia la izquierda.
La primera democracia sudamericana en ser derrocada por un golpe militar fue Brasil, el 1° de abril de 1964, donde el ejército brasileño derrotó al presidente João Goulart y estableció una Junta Militar que se mantuvo por 24 años en el poder. Fue así como inició la llamada Operación Cóndor. En junio y septiembre de 1973, los gobiernos civiles y de orientación socialista o socialdemócrata de Chile y Uruguay fueron las siguientes víctimas de los servicios de Inteligencia estadunidenses que establecieron vínculos con el poder económico y las fuerzas armadas. Uruguay sucumbió el 27 de junio, y dos días después una primera intentona trató de deponer al gobierno de Salvador Allende en Chile, pero fracasó en esa ocasión.
Este episodio es conocido en Chile como el “Tanquetazo”, o “Tancazo”, y fue sofocado por fuerzas leales al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Allende. Sin embargo, el 11 de septiembre de 1973 los jefes militares, entre ellos Augusto Pinochet, dieron el golpe definitivo, apoyados por los servicios de Inteligencia de los Estados Unidos, tal y como había ocurrido en Brasil y en Uruguay. La Operación Cóndor no terminó ahí. El 24 de marzo de 1976, un golpe militar en Argentina derrocó a María Estela Ramírez de Perón y el general Jorge Rafael Videla se impuso en el poder.
Las Juntas Militares argentina, brasileña, chilena y uruguaya impusieron un régimen de terror. Miles fueron recluidos en campos de concentración, secuestraron a bebés, y asesinaron o desaparecieron a muchos a través de los llamados “vuelos de la muerte”, con los que los opresores buscaban borrar evidencia de los crímenes de Estado.