Fiesta de San Miguel Ixtlilco: el Simulacro de los Mecos, la batalla que se baila cada 16 de septiembre
Cada 16 de septiembre, San Miguel Ixtlilco el Grande (Tepalcingo, Morelos) convierte la Independencia en teatro vivo: el Simulacro de los Mecos. “Simulacro” porque la batalla es fingida, actuada, “de a mentiritas”, y nadie sale herido; “mecos” porque así nombran al bando indígena, voz abreviada de chichimeca. Hay desfile, prólogo cívico, música de aliento, mitote en círculo y, como marca de guerra festiva, almagre rojo untado en ropa y piel antes de subir al cerro de Los Mecos. Entre chinelos, mojigangas y carros alegóricos, el pueblo entero entra a escena. Aquí la historia se grita bailando.
En San Miguel Ixtlilco la palabra “fiesta” también significa “representación”. El Simulacro de los Mecos recrea, en clave popular, los choques de la lucha independentista: indios mexicanos contra tropas realistas españolas. Se trata de un combate fingido: se corre, se grita, se carga la adrenalina, pero se sabe que es actuación. La jornada arranca desde temprano con desfile y prólogo cívico. Lo encabezan tres jovencitas que simbolizan la Libertad, la Patria y a América, caracterizadas como indígenas con penachos, arco y flecha. En el patio de la Ayudantía Municipal aparecen los “reyes de España” con capa, cetro y corona; del otro lado, los mecos forman un círculo y abren el mitote. Se van sumando hombres, mujeres, niñas y niños: algunos se visten de apaches, otros desflecan playeras y pantalones, y casi todos se marcan con almagre, arcilla roja que funciona como contraseña visual.
Después vienen la comida y el traslado al cerro donde estalla la refriega: escaramuzas, embestidas y defensa del lábaro patrio hasta que los españoles retroceden. El cierre es contundente: la muerte del rey y, ya sin enemigos, el baile que se extiende hasta la noche. Organizada por la comunidad (Junta de Mejoras), esta fiesta reafirma su identidad: aquí la historia no se cuenta, se corporiza. En el fondo late una genealogía más antigua: las danzas de conquista, que con el tiempo cambiaron de adversario. Aquí el “moro” fue sustituido por el “meco”. Por eso el Simulacro mezcla ceremonia cívica, juego y memoria comunitaria.