México ante los desastres naturales: historia y memoria
El 30 de julio de 2025 un fuerte sismo de 8.8° en escala de Richter azotó la península de Kamchatka en Rusia, de forma inmediata se activó alerta de tsunami en los países de la cuenca del Pacífico. El mismo día, a miles de kilómetros, en la República de Guatemala dos terremotos de 5.6° y 5.3° ocasionaron daños considerables. Por otra parte, entre mayo-noviembre inicia la temporada de huracanes tanto en el Pacífico como en el Golfo de México que coincide con la de tifones en Asia. Estos fenómenos naturales —geológicos y climatológicos— han estado presentes en la historia de la humanidad.
En la historia de México dos grandes terremotos han marcado a sus habitantes: el primero el 19 de septiembre de 1985, y el segundo, justamente 32 años después (2017). Ambos provocaron destrucción y muerte, sobre todo, en la capital del país. Asimismo, los estados del Pacífico, que se encuentran en el Cinturón de Fuego, también son vulnerables a sismos y huracanes.
En México, el único territorio que escapa a los movimientos telúricos es la península de Yucatán, pero es sensible a tormentas tropicales y huracanes. Algunos de los más destructivos en los últimos 40 años han sido Gilberto (1988), Paulina (1997), Wilma (2005) y Otis (2023), este último en el Pacífico causó graves afectaciones en Guerrero, debido a que los tomó desprevenidos a los habitantes de las zonas costeras.
La intensidad de los fenómenos meteorológicos se ha incrementado a causa del calentamiento global —cosa que algunos lo niegan—, pero con el tiempo se han desarrollado sofisticados sistemas de vigilancia que permiten pronósticos certeros, cosa que no ocurre con los movimientos geológicos.
En crónicas antiguas de todo el mundo existen referencias a estos fenómenos, brindando un ejemplo de cómo la humanidad ha logrado convivir con éstos. Con el tiempo se ha demostrado que la prevención contra huracanes y terremotos es la mejor forma de enfrentarlos.