Expresiones artísticas
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Nacimientos: la puesta en escena de una devoción hecha de artesanía y tradición

Los nacimientos son escenas pastorales de adoración al recién nacido que relatan la espera, tránsito y alumbramiento del mesías cristiano. Su factura decorativa y adopción festiva entre la feligresía católica puede rastrearse hasta la Edad Media en Europa, pero en México su diseño y exposición son virreinales. Además del nacimiento propiamente dicho, en nuestro país se desarrollaron otras tradiciones, como la del árbol de la vida o los belenes y portales, que se extienden más allá del pesebre.

Cuenta una leyenda católica que en 1233 san Francisco de Asís acomodó pesebre y animales en una cueva de la Toscana para ilustrar cómo debió ser la natividad que su fe celebra. Europa, en la Edad Media, adoptó tal puesta en escena como estrategia de conversión, y proliferaron conjuntos escultóricos y pinturas que retrataban la epifanía, adoraciones y otras escenas caras al culto cristiano.

Aunque se alude a fray Pedro de Gante, en 1528, como el iniciador de tales puestas en escena en México, no hay modo de rastrear un iniciador mexicano. Son la memoria viva y la tradición los únicos vestigios que podrían ubicar un instante inicial para los nacimientos. De la Nueva España se tiene datado un nacimiento en barro cocido a finales del siglo xvii. Tales escenificaciones no sólo muestran cómo debió ser la cuna de Jesús, la postración y maravilla de peregrinos y pastores, sino que reflejan también estratificación y estatus entre los devotos. No es difícil adivinar la estrecha relación entre manufactura y caudal en una sociedad virreinal, donde la artesanía del niño Dios se hace en marfil, estofado, en madera tallada y policroma, y hasta existen piezas incrustadas en concha nácar y plata. Por supuesto los hubo de barro, pino, paja y cartón. De igual manera, es revelador quiénes son los peregrinos que entonan cánticos en las posadas y a qué nacimientos concurren. Esos nueve días que aluden al embarazo de María y la súplica de una morada ilustran también si las piezas en exhibición llegaron de Filipinas vía Acapulco o si de Veracruz las trajeron originales de España, Italia o el Medio Oriente. Con el siglo xix la tradición gana en modestia y popularidad: se pueden rastrear imaginerías artísticas prácticamente de todo México.