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La bicicleta de panadero, vehículo de trabajo en el México del siglo xx

El fabricante de bicicletas inglés J. A. Phillips Cycles ltd. introdujo a México en los años de la posguerra el cuadro con tubo doble superior. Ese modelo superó en ventas a la variedad y calidad de las Raleigh, también inglesas y comunes en México desde la época porfiriana. Aunque el fabricante mejor conocido con “la de panadero” fue el italiano Giacinto Benotto desde su instalación como vendedor en 1952, allá en los callejones de Regina y San Pablo.

Especialmente configurado para caminos de terracería en la campiña inglesa, ese cuadro reforzado, su manubrio invertido y frenos de varilla se adaptaban muy bien a las necesidades de carga o al paseo por caminos rurales en todo México. El acero ligero además era barato en comparación a los velocípedos de aluminio o la fragilidad de las de carreras italianas o francesas. Para el trabajo o el ocio, la de panadero es ideal.

Por ello “la de panadero” era éxito imbatible de ventas. El Servicio Postal Mexicano hacía sus entregas sobre dichas bicicletas, pero también la Unión de Voceadores que apilaban decenas de ejemplares de periódico sobre la parrilla trasera; bolillos y teleras en canastas sobre la cabeza del ciclista eran método de muchas panificadoras, rejillas con botellas de leche repartida a domicilio, bultos varios salían de La Merced, pasajeros sobre diablos atrás o lateralmente sobre la doble barra del cuadro; las llantas de 28 por 1.5 pulgadas sostenían hasta 150 kilogramos. Tal es el arraigo de esta estampa como cotidiano oficio urbano que Germán Valdés Tin-Tan aprovecha al personaje en su película ¡Ay amor… cómo me has puesto! de 1951: hay toda una secuencia en bicicleta donde entona la canción El panadero con el pan sobre calles del primer cuadro de la Ciudad de México. Tin Tan insiste: “trabajar sobre una bicicleta es un placer”. Sólo hacia los años noventa se volverá más común otro artilugio mexicano: el triciclo de carga.