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Educación positivista en México: el proyecto liberal, 1867-1910

En julio de 1867 el Segundo Imperio, que pretendió instaurarse de forma definitiva con Maximiliano de Habsburgo, fue derrotado por las armas nacionales en Querétaro. El gobierno de Benito Juárez inició una etapa de reconstrucción después de una década de guerra civil e intervención extranjera. En este proceso, el proyecto educativo fue una prioridad. En aquella época, la filosofía positivista de Auguste Comte tenía gran reputación y la idea de progreso llevó a que varias naciones, como México, la adoptaran.

Gabino Barreda introdujo la filosofía positivista en México. Algunos de sus alumnos, entre ellos, José Tomás de Cuéllar, Vicente Riva Palacio, Enrique Olavarría y Ferrari, Francisco Pimentel, José María Roa Bárcena, Anselmo de la Portilla y Justo Sierra, quedaron fascinados por los postulados comtianos pero también por las ideas de Charles Darwin, publicadas en El origen de las especies (1859).

En la última presidencia de Benito Juárez (1867-1872) la educación tuvo un impulso sin precedentes. Los maestros fueron considerados guías de la niñez y de la juventud mexicanas, se impulsó la construcción de escuelas públicas en todo el país, la educación primaria sería obligatoria y gratuita, se fundó la Escuela Secundaria para Señoritas, la Escuela Nacional Preparatoria y las Escuelas Nacionales profesionales como las de Jurisprudencia, Medicina, Administración y Comercio, entre otras. Asimismo, la presencia del clero fue suprimida de la labor educativa.

También se fomentó la creación de organismos culturales como la Sociedad Filarmónica Mexicana, la Academia Nacional de Ciencias y Literatura y la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, entre otras, como parte del proyecto educativo.

Así, a finales del siglo xix, la educación fue considerada como el motor del anhelado “orden y progreso”, postulado del liberalismo mexicano que siguieron los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.