La vida cotidiana y el vestido: diseño, historia e identidad en la ropa
Con el atuendo cotidiano, el arreglo de formas textiles y los colores que proyectamos, nuestra persona, los seres humanos hemos resuelto un acto comunicativo fundamental: construir nuestra identidad y someterla al juego de resistencias y aceptación al que nos obliga vivir en sociedad. Así, con el vestido, negociamos lo que la oficina considera adecuado para el trabajo, conocemos expectativas sociales sobre el género, reaccionamos frente a circunstancias políticas al mirar a una persona en situación de pobreza y migración o usamos un texto en la ropa con el que el otro habrá de leernos.
De los seres que habitan el planeta, entre todos los animales y su diverso grado de adaptación al medio ambiente, los seres humanos (ese primate que somos) son los únicos que se visten. Ese fenómeno, el de portar materiales sobre el cuerpo, ocurre independientemente de condiciones climáticas o estadios evolutivos. De modo que se trata de una forma de comunicación, una manera más en la que adaptamos y empleamos el lenguaje. La vestimenta es el indicio con el que observamos una pugna entre la ficción del ser que construimos (quién soy o aspiro a ser) y la realidad que negociamos cotidianamente en nuestras comunidades (cómo me ven los demás y cuánto quiero conformarme a ello).
Lo que uno porta, cada una de las prendas y su cromática, supone una evolución diaria de la identidad y el mundo en el que vivimos. A ese juego de imposiciones y tomas de posición le llamamos moda. La sociedad de consumo parece obligar a ciertos patrones y gamas de color, aquello que material y externamente nos aleja o nos acerca de dicho enunciado —nuestro vestido— se vuelve pista histórica o antropológica para estudiar nuestras sociedades. Con la ropa y sus usos hacemos eco o evitamos resonar con aquel dictado de nuestra época. La personalidad es al fin y al cabo, acudamos a las etimologías, aquello que como ruido o consonancia con el contexto llegó a nosotros y lo aceptamos o no como parte de nuestro ser. Frida Kahlo no posa como jovencita urbana y se disfraza de indígena; aquellas chicas que pasean por la Zona Rosa quieren parecerse a las que los medios masivos de comunicación retratan en Manhattan o Piccadilly; sólo hasta que crecemos reaccionamos al azul y el rosa con los que la infancia nos vestía; para ir al trabajo, a la guerra o a una fiesta sagrada, hay maneras de usar prendas y códigos a los cuales ajustarse.