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La estudiantina: música vernácula de la España medieval al México colonial

La estudiantina es música vernácula de diversa influencia y acendrados prejuicios que confluyen hace 400 años. Viene de la España medieval y enriquece al paso trasatlántico durante la Colonia. Subsiste resistiendo, como siempre, desdén culterano. El coloquialismo que da nombre implica a una agrupación musical de estudiantes que se reúne para interpretar melodías simples, canciones memorizadas y patrones rítmicos heredados que sirven a la celebración, sin que sea necesario leer una partitura o tener educación formal como la de un conservatorio.

Música del gusto popular es adoptada por juventudes en edad bachiller y se entona junto a villancicos y seguidillas, se baila con chaconas y zarabandas. Las pistas para su origen provienen del léxico. La rondalla (estudiantil) o tuna es un grupo que imita a colegiales del pasado medieval usando pantalones “hampones” y recorre ciudades invitando a su fiesta. “Pasacalles” son las melodías que tocan, dice el Tesoro de la lengua castellano española de Covarrubias (1611), “tunante” cualquiera de sus miembros. En esa misma coordenada el “Rey de Túnez”, es el líder de los gitanos franceses a partir del siglo xv. “Tuno” y “hampón” se imbrican desde entonces. El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Corominas remite a Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, y describe a unos “sopistas”, músicos errantes que animan una escena a cambio de potaje. De ahí que su símbolo sean la cuchara y el tenedor. El entremés “¿Quién hallara mujer fuerte?”, de Calderón de la Barca en 1672, los describe como mendigos. El catálogo de instrumentos que emplean se caracteriza por ser portátil y accesible: guitarra, arcos y cuerdas, salterio, laúd, pitos, clarinete, flauta y percusión al triángulo, castañuelas y pandero.

Su más inmediato referente cultural y turístico, en México, data de 1963 en Guanajuato y las tradiciones inventadas en las que se inscribe su universidad. Le sigue la facultad. de Contaduría y Administración de la unam en 1967 cuya estructura de “tunos cancelarios” ha documentado agrupaciones similares a lo largo de Latinoamérica desde 1880. Del mismo año es una danza de la Estudiantina compuesta por Émile Waldteufel y un vals estudiantino del cubano Ernesto Lecuona en 1936, pero persiste a ambas una oposición férrea entre el género de la rondalla y la música de conservatorio.