El sarampión en México y la historia de su inoculación
El sarampión es una de esas enfermedades que llegaron con los españoles a principios del siglo xvi. Es frecuente en aquellas fuentes coloniales que no se distinga a ésta de la viruela o se les nombre sinónimas. La explicación histórica comúnmente citada sobre el impacto demográfico ocurrido en 1530-1550 refiere justamente a esta enfermedad. Se ha documentado una epidemia de 1804, en Nueva Galicia, procedente del centro del virreinato y cuya consecuencia fue la muerte de un gran número de personas. Veinte años más tarde, el sarampión se convirtió en la primera epidemia del México independiente.
En 1846, Peter Ludwig Panum observó cómo se transmitía la enfermedad en las Islas Feroe. Pero sólo hasta un siglo después John F. Enders y Thomas C. Peebles aislaron el virus por primera vez en laboratorio. En 1963 se estimaban 30 millones de casos de sarampión con casi dos millones de muertes anuales a nivel mundial. Para 1980, el uso de la vacuna era generalizado. En México, y durante el siglo xx, antes de que la vacunación sistemática fuera política de Estado, entre 1940 y 1970 para ser precisos, los brotes epidemiológicos del sarampión eran constantes y bianuales. Altamente contagioso y común en las infancias, el sarampión es un virus (de la familia Paramyxoviridae, género Morbillivirus) que se detecta luego de observar síntomas como fiebre alta, tos, ojos enrojecidos y llorosos, además de la erupción cutánea característica.
Afortunadamente, el sarampión es uno de esos padecimientos que reúne criterios de enfermedad potencialmente erradicable, ya que el único reservorio del virus es el hombre y clínicamente es fácil de reconocer. Se dispone además de una vacuna que ha demostrado seguridad y efectividad a lo largo de más de 50 años y sólo es cuestión de tiempo y control sanitario efectivo. La última vez que México admitió una epidemia fue en 1990, con casi 90 mil casos reportados. Recientemente hemos sabido por los noticieros que hay un brote nuevo y diversas estrategias, y puestos de vacunación y campañas de concientización están a la vista por todas partes.