México y Estados Unidos: una compleja relación bilateral
México y los Estados Unidos comparten una frontera de más de tres mil kilómetros, que va desde el Pacífico hasta el Golfo de México. Dos ríos son fundamentales para ambos países: el Bravo y el Colorado. Además, su franja fronteriza es una de las más importantes y activas del mundo. Todos los días, habitantes de uno y otro país cruzan “al otro lado” para trabajar, comerciar, divertirse, etcétera. Esto ha hecho de ciudades como Tijuana-San Diego, Ciudad Juárez-El Paso, Laredo-Nuevo Laredo complejos urbanos binacionales.
Después de la guerra México-Estados Unidos de 1848, el primero perdió más de la mitad del territorio, situación que permitió el avance y crecimiento de los Estados Unidos hacia lo que denominan “el Oeste”. California, Nuevo México y Texas se perdieron para siempre con la firma del Tratado de Paz y Amistad, conocido como Guadalupe-Hidalgo. En 1854, ante presiones del gobierno estadunidense, el presidente Antonio López de Santa Anna fue obligado a vender el territorio de La Mesilla, ubicado entre Arizona, Nuevo México y Sonora. Asimismo, los cauces de los ríos Bravo y Colorado y la distribución de agua para el ganado y las zonas agrícolas han suscitado controversias importantes. Sin embargo, gracias a la habilidad de negociadores y diplomáticos de los dos países se han encontrado soluciones benéficas para ambas partes.
En la década de 1990 comenzaron las negociaciones para establecer un acuerdo comercial entre México, los Estados Unidos y Canadá: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan), que convirtió a la región en una de las zonas más dinámicas del orbe. El tlcan entró en vigor en 1994 y en 2018 fue reformado. A pesar de ello, lo cierto es que México y los Estados Unidos, en sus más de 200 años de vida independiente, han enfrentado retos importantes que logran resolver a través de la vía diplomática, siendo la única excepción la guerra que sostuvieron en el siglo xix.